Irene Rodríguez. Hace 6 días
El uso de mascarillas en lugares abiertos no es obligatorio, pero muchas personas las utilizan como medida de protección colectiva contra covid-19. Fotografía: Rafael Pacheco
El uso de mascarillas en lugares abiertos no es obligatorio, pero muchas personas las utilizan como medida de protección colectiva contra covid-19. Fotografía: Rafael Pacheco

A finales de febrero, cuando los casos de covid-19 comenzaban a dispersarse por el mundo y era inminente la llegada de la enfermedad a Costa Rica, se le preguntó por primera vez a las autoridades sanitarias si era necesario el uso de mascarillas.

Para ese entonces, farmacias y tiendas de suministros médicos comenzaban a reportar escasez.

“Las mascarillas evitan que se propague el virus y así quienes lo portan evitan contagiar a alguien; en personas sanas la protección es muy baja”, dijo en aquel entonces Daniel Salas, ministro de Salud.

Pero esa era la realidad de un país sin la enfermedad, muy distinta a la de hoy, donde los casos reportados se acercan a los 95.000.

Entre marzo y abril, ya con el virus presente, la pregunta cobró más fuerza.

“En ningún momento hemos dicho que no deben usarlas. La población que quiera usar puede hacerlo, pero sí hay casos mucho más específicos, mucho más recomendados”, alegó el jerarca.

Los casos más específicos de los que hablaba Salas eran personas con síntomas respiratorios y sus cuidadores.

Hoy, estos implementos son parte del paisaje. El grueso de la población se acostumbró a tener más de un dispositivo y a usarlo en sus actividades.

Sí se insiste en que las mascarillas mal usadas pueden hacer daño y no evitarían la enfermedad. Además, que son complementarias al lavado de manos y al distanciamiento físico, pero obligatorias en espacios cerrados.

“Todo ha surgido conforme a como fue expandiéndose la enfermedad en Costa Rica”, explica Lizbeth Salazar, directora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR).

¿Qué ha cambiado? No solo el número de casos. No solo la transmisión comunitaria. Ahora la ciencia sabe más del virus, de su transmisión y de qué tipo de mascarilla puede proteger.

De hecho, ya se ven los primeros estudios sobre cómo podrían estos implementos ser parte del engranaje clave para salvar vidas, pues bajan las posibilidades de transmitir el virus.

Y hay documentos que sugieren que, de darse un contagio, la severidad de la infección sería menor. Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de personas a las que Salud pide no utilizar mascarilla:

* Menores de dos años.

* Personas que, por su condición de discapacidad, no puedan quitarse una mascarilla por sí mismos.

* Personas que, comprobante médico en mano, indiquen tener problemas respiratorios serios que les impiden el uso de este implemento.

También es necesario entender que las mascarillas, por sí mismas, no son la clave.

“Solamente usar mascarillas no es suficiente. Hay que hacer todo: mascarillas, mantener distancia física, lavarse las manos, evitar aglomeraciones y espacios cerrados”, subrayó María Van Kerkhove, jefa técnica de covid-19 para la Organización Mundial de la Salud (OMS).

(Video) ¿Cómo saber la calidad de una mascarilla?

Laboratorio ‘in vivo’

Determinar la eficacia de una medida en términos científicos no es sencillo. En términos estrictos deberían hacerse ensayos clínicos, pero estos toman años y, además, incluirían tener a un grupo control que no usara mascarillas.

No había tiempo para eso: se estaba luchando contra una pandemia creciente que dejaba muertos a diario.

Por otro lado, los estudios anteriores sobre uso de mascarillas eran en brotes o epidemias de otros virus, como el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS, por sus siglas en inglés) o influenza AH1N1; se desconocía cómo podría actuar con la covid-19.

Las medidas comenzaron a darse en los diferentes países aún sin la evidencia disponible, como medida de precaución. Se convirtió en una suerte de laboratorio in vivo para quienes se pusieron a estudiar.

Determinar el impacto de solo el uso de la mascarilla es muy difícil, porque en todo lugar esta medida se acompañó de otras, como la suspensión de eventos masivos y una cantidad importante de personas enviadasa realizar teletrabajo.

A esas circunstancias se suma otro hecho que complica aún más determinar su impacto: hay muchos tipos de mascarillas y se usan en ambientes muy diversos en donde la diseminación del patógeno puede variar. Por otra parte, hay personas que se niegan a usarlas o quienes no las usan de forma apropiada.

“Hay muchas cosas más que quisiéramos saber y que aún no sabemos, pero dado que es una medida, simple, barata y con un impacto potencial tan alto, ¿por qué no usarla?”, dijo a la revista Nature Theo Vos, un investigador en políticas públicas de salud de la Universidad de Washington, en Seattle.

Salazar es de la misma opinión: “el uso de mascarillas en los centros de salud en los que se está más en contacto con los enfermos ya nos aportaba datos. Sabemos que nos protege”.

Y, aunque no es lo mismo estar en un hospital que en un sitio público, el principio de evitar la propagación del virus de los portadores a otras personas es el mismo.

Cuatro actores clave: virus, población, mascarillas y ambiente
Esta imagen muestra como el SARS-CoV-2, causante de la covid-19 (en amarillo) invade las células de la sangre (en lila). Fotografía: NIAID
Esta imagen muestra como el SARS-CoV-2, causante de la covid-19 (en amarillo) invade las células de la sangre (en lila). Fotografía: NIAID

Una revisión bibliográfica realizada por La Nación, evidenció que, para determinar cuán eficaz puede resultar el uso de mascarillas como medida de salud pública, hay que considerar que hay cuatro actores que están constantemente relacionándose y cuya dinámica es determinante en la transmisión.

Transmisión del virus: si se tratara de un virus de transmisión sexual o a través de un vector (mosquito, garrapata) o a través de comida contaminada, las mascarillas tendrían poco que hacer.

Pero el SARS-CoV-2, causante de la covid-19 se esparce a través de gotas de saliva que salen si un portador tose, estornuda, habla, canta o grita. Estas partículas entran a otra persona a través de sus ojos, nariz o boca.

En lugares cerrados y con poca ventilación, partículas aún más pequeñas con el virus podrían quedar suspendidas en el aire por un tiempo y las personas aspirarlas.

La transmisibilidad de este patógeno en condiciones naturales y si no se toman medidas, indica que cada portador podría infectar de dos a tres personas más.

Población: su estado general de salud, hábitos, genética y costumbres son decisivas.

Cómo estas personas utilicen la mascarilla, cómo se la coloquen y cómo la desechen o la laven también influye en el impacto de esta medida.

Tambien afecta que dentro de esta población puede haber portadores presintomáticos (que aún no registran síntomas, pero lo harán en unos días) y asintomáticos (que no registrarán síntomas del todo)

La mascarilla: el material con que fue fabricada, la cantidad de capas que tiene (lo ideal son tres), que el ajuste sea el adecuado (sin que le quede muy grande o muy pequeña) y que sea removida una vez que se ha humedecido, son factores que pesan en la transmisión del patógeno.

El ambiente: hay ambientes (como espacios muy cerrados, con poca ventilación) que favorecen el contagio; otros (como lugares abiertos, al aire libre, con buen flujo de aire y distanciamiento entre las personas) que más bien lo dificultan.

Para Salazar, la población debe educarse, pues de su acción depende mucho la transmisión.

“Debemos entender, con covid-19 todavía no hay vacuna, no hay cura específica. Hay que usar mascarillas, pero no solo eso; saber cómo usarla, y saber que esto no sustituye el lavado de manos, ni el distanciamiento físico. Este es un virus muy contagioso, un mínimo descuido puede provocar la infección", enfatizó.

“Las mascarillas no solo evitan que la saliva le llegue directamente a la gente, también evitan que la depositemos en superficies como mesas, en donde la gente pueda tocar directamente al virus y luego llevarse las manos a la cara”, agregó.

¿Dispositivos eficaces? Sí, pero se desconoce la ciencia exacta

Los primeros estudios de la eficacia de las mascarillas como medida de salud pública ya se llevan a cabo y comienzan a publicarse los primeros manuscritos. La mayoría están a nivel de preprint, es decir, no han sido publicados en revistas científicas aún ni revisadas por pares.

La revisión por pares es una parte vital del método científico en la cual un estudio es sometido a un grupo de expertos en la materia para que garanticen su veracidad, confiabilidad, integridad y consistencia. Por ello, estas investigaciones se consideran preliminares.

Las primeras pistas sobre la protección del contagio que ofrecen las mascarillas se vio no en un estudio como tal, sino en un reporte del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) difundido en julio.

En él se hablaba de dos estilistas del estado de Misuri que tuvieron covid-19 y durante ocho días (antes de dejar de trabajar para hacerse la prueba e incapacitarse) atendieron a 139 personas. Tanto las estilistas como los clientes usaron la mascarilla en todo momento. Nadie se infectó.

Por otra parte, según un manuscrito de 19 científicos de Estados Unidos, Alemania, China y Reino Unido, para que una medida sea parte de una estrategia eficaz contra la covid-19 debe limitar el contacto de individuos infectados y, además, reducir las posibilidades de transmisión en caso de contacto. Las mascarillas cumplen ambas, según los autores.

El documento, disponible en la plataforma preprints.org, habla de que en Pekín, China, el uso de mascarillas bajó el riesgo de infección de covid-19 en un 79%.

“Esto puede deberse a que las mascarillas filtraron el virus y este no salió de forma eficiente del portador, o porque protegieron a la persona sana que la usaba, o por ambas”, cita el documento.

“El efecto es mayor cuando el 100% del público usa el dispositivo, por eso recomendamos su uso generalizado", añade.

Para los analistas, esto es necesario por dos razones: 1- la cantidad de personas asintomáticas, 2- el que los niños, aun cuando desarrollan menos síntomas, sí transmiten el virus de forma eficiente.

“Las personas asintomáticas pueden ser hasta el 40% o 45% de los infectados. Los análisis de carga viral (cantidad de virus en una persona) mostraron que la de niños es muy similar a la de adultos. Todos, adultos y niños, deben usar mascarillas”, indica el texto.

Otra investigación, de la Universidad de Iowa, en EE. UU., publicada en la revista Health Affairs, afirmó que el crecimiento de casos de covid-19 se redujo dos puntos porcentuales cada día durante abril y mayo en los lugares donde se hizo obligatorio el uso de mascarillas. Esto podría significar cerca de 450.000 casos.

Otro documento, aún sin revisión por pares, liderado por la Universidad Commonwealth en Virginia, EE. UU. exploró datos de 200 países y vieron que los lugares donde las mascarillas eran obligatorias los aumentos en mortalidad per cápita eran cuatro veces menores que en donde esta medida no existía.

Finalmente, un artículo en la revista Journal of General Internal Medicine, aseguró que las mascarillas no solo evitan la infección: si se diera la infección, esta sería mucho más leve.

“En ocasiones, hay partículas virales que se escapan de una mascarilla, pero el inóculo (cantidad de virus que se transmite) sería mucho menor. Esto protegería a quienes se contagien. Este debería ser un pilar para recomendar el uso de las mascarillas”, subrayan los autores.

Aún falta mucho por saber: ¿cómo es el mecanismo exacto de acción para bajar la infección? ¿qué peso tienen en la estrategia para bajar los contagios? ¿En serio contribuyen a menos complicaciones?

¿Por qué se demoraron tanto tiempo en recomendarlas?
Las mascarillas se volvieron parte del paisaje costarricense a partir de mayo, pero aún con más fuerza en setiembre. Fotografía: Alonso Tenorio
Las mascarillas se volvieron parte del paisaje costarricense a partir de mayo, pero aún con más fuerza en setiembre. Fotografía: Alonso Tenorio

Este es de los reclamos que diferentes sectores le hicieron tanto a la OMS como al Ministerio de Salud.

¿Por qué esperar a mayo para comenzar a recomendar el uso de estos dispositivos en el transporte público y paradas de buses? ¿Por qué hasta setiembre hacerlas obligatorias en espacios cerrados?

La Academia Nacional de Ciencias (ANC) fue de las primeras en criticar esto; en un pronunciamiento de abril pasado pedían el extender el uso de este implemento.

“Dado que parte de la población de Costa Rica ha mostrado reticencia al confinamiento y este no le es posible a ciertas personas, la ANC sugiere a las autoridades sanitarias recomendar el uso generalizado de mascarillas industriales o artesanales a todo aquel que circule en espacios públicos tanto abiertos como cerrados”, indica la carta.

La OMS esperó aún más. En junio, las aconsejó en sitios donde hubiera transmisión sostenida y hasta mediados de setiembre aconsejó un uso más masivo.

Para Salazar, las cosas sí se hicieron en su momento. Había muchas cosas del virus que se desconocían.

“Fueron fases, los contagios siguen a diario porque estamos en transmisión comunitaria, pero las mascarillas sí son parte de ese engranaje necesario para evitar mayor diseminación del contagio”, señaló la directora.

“En este momento se usan porque se ha visto que son necesarias por transmisión comunitaria y porque sí reduce el contagio”, añadió.

Para la especialista, es necesario aprender a utilizar bien la mascarilla, de la misma forma en la que hemos aprendido a amarrarnos bien los zapatos o a lavarnos bien los dientes.