
Las estrellas jóvenes similares al Sol no mantienen durante tanto tiempo su intensa radiación de alta energía como se creía. Un estudio publicado en The Astrophysical Journal encontró que estas estrellas reducen su emisión de rayos X más rápido de lo previsto, un cambio que influye directamente en la evolución de las atmósferas de los planetas que las orbitan.
La investigación analizó cómo evoluciona la radiación de rayos X en estrellas durante sus primeros 750 millones de años, un periodo clave en el que los planetas cercanos pueden perder atmósfera o experimentar cambios químicos importantes. Durante estas etapas, la radiación de alta energía —conocida como XUV— actúa sobre los gases planetarios, puede romper moléculas como el agua y facilita la pérdida de elementos ligeros hacia el espacio.
El estudio se enfocó en estrellas con masas similares a la del Sol. Para ello, los investigadores combinaron nuevas observaciones del telescopio espacial Chandra con datos previos y mediciones de la misión Gaia. En total, analizaron cúmulos estelares con edades entre 45 y 750 millones de años, lo que permitió reconstruir cómo cambia la actividad en rayos X con el tiempo.
Los resultados muestran un patrón claro. Las estrellas de masa solar experimentan una caída rápida y sostenida en su luminosidad de rayos X. Este descenso ocurre junto con un cambio en la naturaleza de su corona —la capa externa caliente de la estrella— que se vuelve progresivamente menos energética. Hacia los 100 millones de años, el plasma más caliente prácticamente desaparece.
Este proceso no ocurre igual en todas las estrellas. Las de menor masa mantienen su actividad de rayos X por más tiempo, mientras que las similares al Sol presentan una disminución más marcada. El estudio vincula este comportamiento con cambios en el funcionamiento del campo magnético estelar, que pierde eficiencia para sostener estructuras calientes en la corona.
La diferencia con estimaciones anteriores es significativa. Modelos ampliamente utilizados predecían una disminución más gradual de esta radiación. Sin embargo, las nuevas mediciones muestran que la caída es más intensa, lo que modifica las condiciones a las que están expuestos los planetas jóvenes.
En términos planetarios, esta menor radiación implica tasas más bajas de pérdida de atmósfera. También reduce la fragmentación de moléculas como el agua y cambia los procesos químicos que ocurren en los gases que rodean a los planetas. Estas condiciones afectan la composición atmosférica y los entornos donde pueden formarse moléculas complejas.
El estudio indica que estos efectos se mantienen durante cientos de millones de años. En ese intervalo, los planetas cercanos a estrellas similares al Sol evolucionan en un entorno de radiación distinto al que se consideraba hasta ahora.
