
Un cometa pequeño puede cambiar su forma de girar. Eso fue lo que documentó un estudio publicado en The Astronomical Journal sobre el cometa 41P/Tuttle–Giacobini–Kresak, cuyo núcleo no solo alteró su velocidad de rotación, sino que probablemente invirtió su sentido de giro tras su paso más cercano al Sol en 2017.
El trabajo, liderado por el astrónomo David Jewitt, analizó observaciones del telescopio espacial Hubble tomadas ocho meses después del perihelio. Los datos muestran que el cometa presenta un periodo de rotación de 0,60 días, distinto a los valores medidos meses antes, cuando el periodo había aumentado de forma acelerada.
Los cambios en la rotación se explican por un proceso conocido: el desgasificado. Cuando el cometa se acerca al Sol, el hielo en su superficie se sublima y libera chorros de gas. Esa expulsión genera pequeñas fuerzas que actúan como un motor irregular, capaz de modificar el giro del núcleo. En este caso, esas fuerzas fueron lo suficientemente intensas como para alterar el periodo e incluso revertir la dirección de rotación.
El estudio también determinó que el núcleo del cometa es muy pequeño, con un radio efectivo de aproximadamente 500 metros. Esta dimensión lo hace especialmente vulnerable a cambios rápidos en su rotación, ya que cuerpos más pequeños responden con mayor rapidez a las fuerzas generadas por la actividad cometaria.
Para llegar a estos resultados, el equipo utilizó imágenes obtenidas con la cámara WFC3 del Hubble. Analizó variaciones en el brillo del cometa, conocidas como curvas de luz, que permiten inferir la rotación del núcleo. A partir de esas variaciones periódicas, los investigadores identificaron un patrón consistente con una rotación simétrica de dos picos.
Además del cambio en el giro, el estudio encontró que la actividad superficial del cometa ha disminuido con el tiempo. Mientras que en 2001 una fracción significativa de su superficie liberaba gas, en 2017 esa proporción era mucho menor. Este descenso sugiere una modificación progresiva de la superficie del núcleo.
Los datos también muestran que la forma del cometa no es perfectamente esférica. La variación en su brillo indica una relación de ejes de al menos 1,4 a 1, lo que implica un objeto alargado.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la vida física del núcleo, en términos de su capacidad de resistir cambios de rotación, sería corta en comparación con el tiempo que lleva en su órbita actual, estimado en unos 1.500 años. El estudio plantea dos explicaciones posibles: que el cometa esté atravesando un periodo de actividad inusualmente intensa, o que sea el remanente de un objeto más grande que ya perdió masa en el pasado.