
Para muchas empresas, pagar un Uber a un colaborador es una forma habitual de resolver traslados por motivos de trabajo, pero ¿qué ocurre si ese viaje termina en un accidente? La respuesta puede involucrar a la empresa, el conductor, la plataforma y otras personas afectadas.
André Cappella, abogado especialista en asuntos corporativos del bufete Quatro Legal, explicó qué riesgos deben considerar las empresas cuando utilizan plataformas como Uber para trasladar a sus colaboradores.

El error está en asumir que la empresa está libre de responsabilidad
De acuerdo con Cappella, uno de los principales riesgos para las empresas es asumir que, por tratarse de un servicio contratado mediante una plataforma conocida, toda la responsabilidad recae automáticamente en el conductor o en la compañía.
Cuando el transporte responde a motivos laborales, pueden surgir distintas responsabilidades y coberturas según las circunstancias.
Por ejemplo, si un colaborador resulta lesionado durante un viaje relacionado con sus funciones, la empresa debe analizar si el accidente califica como riesgo del trabajo y qué cobertura corresponde.
También, entran en juego la gestión de riesgos y el deber de diligencia, especialmente cuando la organización utiliza estas plataformas con frecuencia para movilizar a empleados, clientes o proveedores.
En esos casos, el abogado recomendó conocer qué servicio se está contratando, qué seguros ofrece la plataforma y cuáles son sus límites y exclusiones. A esto se suman eventuales riesgos contractuales, reputacionales y de cumplimiento interno, particularmente si ocurre un accidente durante un traslado pagado o autorizado por la empresa.
¿Qué pasa con el pasajero y los terceros afectados?
En el caso del pasajero, el abogado especialista detalló que el Seguro Obligatorio Automotor (SOA) constituye una primera protección frente a lesiones, mientras que algunas plataformas ofrecen coberturas adicionales durante el viaje.
Cappella advirtió, sin embargo, que estas tienen sus propios límites y condiciones y no necesariamente cubren la totalidad de los daños.
En el caso de terceros afectados, como otro conductor, un peatón o el propietario de otro vehículo, también pueden existir coberturas aplicables. Si estas resultan insuficientes, la responsabilidad económica podría recaer sobre quienes sean legalmente responsables.
El conductor, por su parte, afronta el riesgo de que su póliza personal no sea compatible con el uso remunerado del vehículo, lo que puede generar disputas sobre la cobertura y una exposición patrimonial.
Por ello, Cappella recomendó que las organizaciones que utilizan estas plataformas de manera habitual cuenten con una política interna de transporte, revisen las coberturas de los proveedores y definan las condiciones para autorizar o reembolsar estos servicios. La contratación del viaje, señaló, no elimina por sí sola los riesgos para la empresa ni para las demás partes involucradas.
