Fabrice Le Lous. 5 mayo
Foto: AFP
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--El pasado 28 de febrero de 2021, el partido Nuevas Ideas, del presidente salvadoreño Nayib Bukele, ganó las elecciones legislativas con el 66,46% de los votos. Bukele se aseguró la presencia de 56 diputados de su partido en el parlamento, pero además, con otros cinco legisladores afines al Gobierno, Bukele se garantizó el favor 61 curules de las 84 que conforman el Congreso en El Salvador. Es decir, la mayoría calificada.

--El pasado sábado 1 de mayo fue el primer día efectivo del nuevo parlamento. En un golpe de autoritarismo, el Congreso destituyó a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional, así como al fiscal general de la República, y los sustituyó por personajes afines al Gobierno.

--Esto socava la separación de poderes en El Salvador. La comunidad internacional, incluyendo a países como Costa Rica y Estados Unidos, han criticado duramente lo ocurrido en San Salvador.

--Este timonazo de poder de Bukele se da con un apoyo popular altísimo; superior al 65% según múltiples fuentes. El presidente podrá hacer virtualmente lo que quiera de ahora en adelante, con un Congreso, un fiscal y una sala constitucional a su favor.

--Entre los días 4 y 5 de mayo, el presidente Bukele reclamó a embajadores de diferentes países con presencia en El Salvador, por sus condenas contra la destitución de magistrados y del fiscal.

--5 de mayo, además, el Congreso salvadoreño eliminó beneficios tributarios a los diarios independientes del país. La mayoría de ellos críticos del presidente Bukele, y objetivos de constantes ataques del Gobierno.

--De hecho, esto dijo el diputado oficialista Christian Guevara, quien propuso la iniciativa para modificar la antigua ley de imprenta: “Vamos a terminar hoy la más larga, continuada y descarada evasión fiscal de nuestra historia”.

--La norma se aprobó con 68 votos a favor.

Una caricatura del control que tiene Bukele sobre el Congreso, desde el primer día de mayo de 2021:

Cómo entender el apoyo a Bukele, a pesar de todo

La fuerte popularidad de Bukele se debe en gran medida a su trabajo realizado en comunicación, su área fuerte. Él fue publicista del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), partido de izquierda históricamente opositor a la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el otro partido grande del país; de derecha.

Hoy Bukele se desliga de ambos bandos, pero otrora fue alcalde del Nuevo Cuscatlán (2012-2015) y de San Salvador (2015-2018) con el FMLN.

Para Benjamín Cuéllar, defensor de derechos humanos salvadoreño, miembro del Consejo de Directores del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), el mandatario supo jugar sus cartas para mostrarse como una oferta totalmente nueva.

“La gente se decantó por algo, una oferta que parecía distinta. Pero hay que considerar también que Bukele fue publicista del FMLN. Su empresa trabajó con el FMLN, fue alcalde con el FMLN. Bukele estaba consciente de ese hartazgo y planificó y concretó una estrategia que lo tiene ahora en ese sitio. Se distancia de los bandos políticos tradicionales. Sobre todo con su discurso, su narrativa. Habría que ver si realmente se va a distanciar de fondo con los pecados que cometieron esos dos partidos anteriormente. Pero ya se están viendo en el marco de esta pandemia atisbos de corrupción, de sobresueldos, de nepotismo, etc”.

Para entender que una oferta así llamara tanto la atención, hay que comprender la historia reciente general de El Salvador. Consultado por El Explicador durante la pandemia, Roberto Burgos, coordinador del Centro de Asistencia Legal y Anticorrupción de ese país, detalló:

“La política salvadoreña es sinónimo de polarización, no de un sano debate democrático. Se privilegia la imposición sobre el convencimiento. (...) Bukele representa un nuevo bloque de poder, de corte populista”.

Bukele ganó las elecciones con el 53% de los votos en 2019, participando con el partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), minoría en el Congreso.

Para Federico Hernández, director de la Cámara de Comercio salvadoreña, Bukele es “hijo de la mediocridad política que venía azotando el país”.

El mandatario esgrime bien esa arma. En Twitter y Facebook “conecta” con sus miles de seguidores reiterando una y otra vez que él es diferente, y que, por ende, quienes lo apoyan también lo son.

También está el uso que Bukele hace de las redes sociales y de la religión. Según un análisis publicado en El Faro por Dalia Chévez, licenciada en Filosofía con máster en Gestión Estratégica de la Comunicación, Bukele cuela con cuidado en sus discursos las siguientes palabras:

--Dios quiera

--Dios permita

--Dios nos guarde

--Dios nos guíe

--Dios nos salve

--Dios nos castigue

“Los discursos de las cadenas nacionales y las publicaciones de sus redes, dejan entrever que su estrategia se ha basado en infundir el miedo para sustentar su régimen autocrático, el control militarizado de la crisis y evitar la rendición cuentas”, escribe Chévez.

La autora sostiene en su publicación que Bukele, gracias a su discurso “pseudoreligioso”, mina la laicidad del Estado salvadoreño explotando el temor y la sed religiosa de las mayorías. En El Salvador se estima que hasta un 80% de la población es religiosa (la gran mayoría es católica o cristiana). “Intimida y violenta con el fin de operar sin ser controlado”.

“La población salvadoreña en general no alcanza a ver la dimensión de lo que está ocurriendo. Porque no es una represión masiva como la que ocurrió antes y durante la guerra. No son atrocidades como las que se cometieron antes. Pero son avisos, anuncios, de lo que puede ocurrir más adelante. Solo reclaman, demandan, exigen, protestan, las personas que están siendo víctimas de esos atropellos puntuales”, lamenta Benjamín Cuéllar, del CEJIL.

El exmagistrado de la Sala Constitucional de El Salvador, Rodolfo González, explica que Bukele y su gobierno crean una dicotomía en el país:

--Aceptamos lo que hay

--Volvemos a la situación de antes de ser gobernados por FMLN y Arena

Parece que hay una alergia a lo segundo, y por ahora aceptar a Bukele y retwitearlo está de moda. A pesar del autoritarismo.

2020 y los primeros signos de autoritarismo

Con año y medio de estar en el poder, el presidente Bukele ha sido denunciado en la Sala de lo Constitucional de su país por actuar al margen de la carta magna, y ha hecho caso omiso deliberadamente a lo que esta entidad del Poder Judicial ha resuelto. Esto cuando los magistrados no eran los de su elección.

Tras el inicio de la pandemia por la covid-19, defensores de derechos humanos, parte de la comunidad internacional y opositores políticos han señalado a Bukele por aprovechar la situación para acumular y desplegar más poder. Literalmente, Bukele tuitea; y el Ejército y la Policía obedecen.

El primer signo de autoritarismo se dio el domingo 9 de febrero de 2020, cuando Bukele irrumpió en la Asamblea Legislativa de El Salvador, escoltado por militares que cargaban rifles de asalto, y por agentes de la Policía Nacional Civil.

Bukele hizo esto para exigir a los diputados la aprobación de un préstamo para financiar su plan Control Territorial, que busca luchar contra las maras (pandillas), pero de los 84 diputados, ese día únicamente llegaron 20. No hubo quórum. Y tampoco hubo un despliegue incontable de seguidores de Bukele a las afueras del Congreso, como lo esperaba el mandatario.

Sentado en el lugar del presidente del Congreso, Bukele derramó lágrimas y rezó. Es parte de la imagen que elige dar al exterior: un personaje acaso ungido por seres superiores.

Después de esto, mostró más autoritarismo con detenciones arbitrarias durante los primeros meses de la pandemia, así como el uso de fuerza letal contra miembros de las pandillas (maras) con poder en El Salvador.