Alberto Barrantes C.. 2 octubre, 2019
David Benavides y Abigail Quesada son vecinos de la comunidad Los Corales, en Limón y ven en la robótica una posibilidad de mejorar su provincia.
David Benavides y Abigail Quesada son vecinos de la comunidad Los Corales, en Limón y ven en la robótica una posibilidad de mejorar su provincia.

​Su gusto por los robots, la tecnología y las matemáticas lo combinan con el sueño de que Limón se convierta en una provincia más próspera, menos violenta, donde niñas y niños, como ellos, encuentren en la educación la herramienta para el progreso social y la capacidad para innovar con proyectos que mejoren la calidad de vida de sus vecinos.

Abigail Quesada y David Benavides, tienen 7 y 8 años, respectivamente, y en setiembre de este año representaron a Costa Rica en la V Olimpiada de Robótica STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, por sus siglas en inglés), que se celebró en Ciudad de Panamá y que recibió a ideas innovadoras de niños y jóvenes que apuestan por la construcción de “Ciudades Inteligentes”.

Los escolares limonenses diseñaron bajo la guía de su mentor Herlan Benavides, un “basurero inteligente” que permite separar residuos orgánicos e inorgánicos y que les permitió emprender una travesía de 16 horas en bus, desde barrio Los Corales, en Limón, hasta Ciudad de Panamá, por invitación de los organizadores panameños y luego de haber conseguido el cuarto lugar en la Olimpiada de Costa Rica.

Para estos niños, la robótica tiene que entenderse como algo más que un juego: es la posibilidad de soñar con soluciones para los problemas comunitarios, como el cambio climático, la atención de la salud y nuevas formas de acercarse a las matemáticas.

“Hay niños que ven en la tele que los robots disparan o destruyen y entonces no entienden que eso no es robótica. La robótica existe para hacernos la vida más fácil a los humanos, para inventar soluciones y para investigar, sin importar la edad. Nosotros inventamos el basurero inteligente porque nos preocupa tanta contaminación en las comunidades”, afirmó David Benavides, de 8 años.

Para Abigail, la robótica es una posibilidad para soñar soluciones futuras para mejorar la salud de su provincia y en sus palabras, expresa la importancia de que más niñas se integren a un área que, históricamente, ha sido reservada para los hombres.

“Sueño con inventar un robot que ayude a las familias con la medicina, como un robot doctor. Mi mamá me apoya y soy fuerte y soy libre”, afirmó Abigail Quesada, de 7 años.

Una “familia equipo”. Tanto para el tutor como para los familiares de ambos niños, la robótica ha sido una experiencia que los ha unido “como un equipo de trabajo” para alcanzar los objetivos en ambas competencias, en San José y en Ciudad de Panamá.

“La robótica ha sido una experiencia de muchos aprendizajes. Primero, era todo un reto salir de Limón hacia el valle Central y luego, viajar en bus hasta Ciudad de Panamá. Para los niños fue muy estimulante que los recibieran tan bien en la embajada de Costa Rica en Panamá. La robótica les ha permitido razonar más, investigar, defender su punto de vista y agarrarle el gusto a las matemáticas, a la lectura y a la escritura. La robótica es una oportunidad para romper una cadena dañina que hay en Limón. En ellos, hay esperanza” expresó Marco Benavides, familiar de David.

Para la mamá de Abigail, Lorraine Vargas, la robótica era un tema ajeno que ha unido a las familias para “trabajar juntos como un equipo, aprovechar el tiempo libre y sin descuidar los deberes de la escuela”, agregó.

La idea. La iniciativa de que estos niños aprendieran robótica surgió del tutor Herlan Benavides, quien es estudiante de informática de la Universidad de Costa Rica (UCR) y aprovechó la huelga de maestros del 2018, para convertir la cochera de su casa, en un laboratorio para enseñar robótica a niñas y niños del barrio.

“Invertir tiempo y educación en los niños es invertir en el futuro de la provincia, del país. El proyecto se llama “Robótica Limón” y busca involucrar más a las familias y explicarles que robótica no es un carrito de lego moviéndose, es que el niño piense, es hablar de ángulos, ecuaciones de primer grado, sumas y restas. Es investigar. El tema de ciudades inteligentes suena muy bonito, pero ¿dónde va a haber una ciudad inteligente donde hay tanta basura? Tenemos que empezar por actuar en favor del ambiente y así fue como creamos este proyecto del basurero inteligente”, explicó el tutor.

Con la basura como problema comunitario y una huelga de maestros en el 2018, estos dos escolares limonenses y su tutor demuestran cómo a partir de las crisis pueden surgir oportunidades para romper esquemas, para poner en práctica el “sí se puede”, con esfuerzo, esperanza, optimismo y con la firma idea que solo con más educación, más innovación y trabajo en equipo se pueden romper las cadenas de la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

Cuénteme sus comentarios sobre este tema en mi cuenta en Twitter (@albertobace) o al correo electrónico barrantes.ceciliano@gmail.com