Alberto Barrantes C.. 30 octubre, 2019
Estudiantes esconden drogas en lapiceros, celulares, juguetes y tubos. Dirección Regional San José Central es de las más afectadas. Archivo LN
Estudiantes esconden drogas en lapiceros, celulares, juguetes y tubos. Dirección Regional San José Central es de las más afectadas. Archivo LN

En 33 distritos de Costa Rica donde el tráfico de drogas circula con más fuerza alrededor de escuelas y colegios hasta llegar a las aulas, la repitencia y la exclusión educativa tienden a ser mayores. A esa conclusión llegó una investigación publicada en el último Informe del Estado de la Educación (2019).

Esos 33 distritos –en su mayoría urbanos– son el hogar de casi una cuarta parte de la población costarricense (1.150.000 habitantes), y la pobreza golpea, en promedio, a 23% de ellos. Ahí, donde la escasez carcome, el narcotráfico llega con su canto de sirena a canjear las horas de estudio por dinero fácil, convirtiéndose en un gancho que propicia el bajo desempeño académico de niños y jóvenes hasta expulsarlos de las aulas.

La investigación detectó que en esos 33 distrito hay 810 centros educativos a los que asisten niños y jóvenes, que en su contexto diario,están expuestos a una alta incidencia de homicidios, baja escolaridad en sus hogares (4 de cada 10 solo tienen primaria completa) y que alrededor de 23.663 incautaciones de droga ocurrieron a menos de 500 metros de la escuela o colegio.

Los distritos son Carmen, Pavas, Mata Redonda, Hatillo, Hospital, San Sebastián, Uruca, Merced y Catedral en el cantón de San José, Pozos de Santa Ana, Curridabat, San Pedro de Montes de Oca, San Isidro del General y Daniel Flores de Pérez Zeledón, Alajuela y San José en el cantón de Alajuela, Quesada en San Carlos, Upala, Occidental de Cartago, Turrialba, Heredia y San Francisco en el cantón de Heredia, Liberia, Nicoya, Tamarindo de Santa Cruz, Sardinal de Carrillo, Puntarenas, Quepos, Jacó de Garabito, Limón, Guápiles, Batán de Matina y Cahuita de Talamanca.

La investigación agrega que, anualmente, unos 8.000 menores de edad están involucrados en el tráfico de drogas en Costa Rica. El dato debe encender todas las alertas para que instituciones públicas, privadas, académicas y de la sociedad civil orienten acciones que fomenten el contacto directo con los centros educativos y la proximidad con los hogares para la búsqueda colectiva de soluciones, sin desestimar las diferencias y el contexto socio-económico y cultural de cada comunidad.

“Comprender estas dinámicas sociales representa un paso importante para el abordaje y fortalecimiento de las políticas educativas. No se trata solo de aumentar la inversión, sino de saber focalizarla para obtener resultados más eficientes, eficaces y pertinentes”, anota Leonardo Sánchez, investigador responsable del estudio.

Empoderar desde la niñez. Para retener a los estudiantes en las aulas, mejorar su desempeño académico y alejarlos de las drogas, es fundamental generar acciones participativas, que involucren a niños y jóvenes y a sus familias en la búsqueda de soluciones colectivas mediante el arte, las ciencias, el deporte y la cultura.

La educación de calidad y la cultura transforman, son generadoras de oportunidades y tienen la capacidad de despertar emociones orientadas a cambios positivos para el desarrollo comunitario.

Escuchar, planificar y actuar con las poblaciones más vulnerables es la única ruta posible, para evitar que el anzuelo del crimen organizado siga pescando a más niños y jóvenes de estos 33 distritos, conduciéndoles al trágico desenlace de cárcel o muerte.

Cuénteme su opinión sobre este tema en mis cuenta en Twitter (@albertobace) o al correo electrónico barrantes.ceciliano@gmail.com