Alberto Barrantes C.. 22 julio
Hogar y escuela deben reconstruir el puente entre ambas instituciones y enfocarse en proveer a niñas y niños la seguridad emocional y apoyo durante la pandemia.
Hogar y escuela deben reconstruir el puente entre ambas instituciones y enfocarse en proveer a niñas y niños la seguridad emocional y apoyo durante la pandemia.

Recetar tareas por cumplir con una lista de objetivos y contenidos no aporta ventaja para nadie: niñas y niños no aprenden, las familias se estresan y los docentes no ganan nada. La pandemia por covid-19 invita a repensar una nueva escuela  para el siglo XXI que, en lugar de cantidad, se enfoque en calidad y así responder el para qué de las tareas. 

Las tareas deben ir orientadas a fortalecer habilidades básicas para el siglo XXI como la comunicación, la resolución de problemas, el trabajo colaborativo, la lectura, las habilidades matemáticas y la comprensión lectora, sin abordarlas como contenidos separados en cajones, sino interrelacionarlas para un conseguir su dominio práctico, desde la niñez. 

¿Quién dice que no se puede incluir una operación matemática en una tarea de  Ciencias? Es urgente que, tomando en cuenta el rezago existente y los efectos de la pandemia, se prioricen contenidos. Menos es más: nada se gana con recetar tareas en las que los estudiantes copien y peguen, sin pensar y solo para aprobar el curso. 

Necesaria mediación

Las tareas y los entornos virtuales para que sean efectivos demandan mediación. Docentes: no receten tareas que no van a poder revisar ni conversar con sus estudiantes. No hay nada más desestimulante para el niño o la niña, que perder sus horas de juego por estar frente al cuaderno o la computadora, para que luego nadie le revise ni comente el resultado de su tarea. Definitivamente que es una absoluta pérdida de tiempo: la educación es necesariamente diálogo y motivación. 

También es absurdo cuando las tareas resultan tan complejas que las termina por resolver la mamá o el papá.  De eso no se trata: si bien, las tareas pueden unir a la familia, también el exceso de obligaciones sin sentido se pueden convertirse en un factor desencadenante de estrés, de discusiones innecesarias y de tiempo perdido para las familia. 

Una investigación a gran escala realizada por la Universidad de Michigan y citada por Salman Khan en su libro “La escuela del mundo” concluyó que “el único factor de peso en la predicción de mejores calificaciones y menos problemas de conducta no era el tiempo dedicado a las tareas, sino la frecuencia y la duración de las comidas familiares”. 

Como afirma el maestro Khan, esto no debe resultar sorprendente. Cuando las familias se sientan a conversar con sus hijos e hijas, niñas y niños absorben valores, motivación, autoestima, “en resumidas cuentas, crecen en los atributos y actitudes que les harán aprender con entusiasmo y atención”, afirma Khan. Eso aporta mucho más que copiar textos o resolver listas de ejercicios matemáticos sin sentido, que generan más dudas y confusión en muchos casos. 

Que el ajetreo y la incertidumbre propias de la pandemia no nos arrebaten las palabras ni los minutos para compartir en familia y para que las tareas tengan sentido. 

Niñas y niños requieren el apoyo de padres de familia y docentes comprometidos a acompañarles a cuestionar su entorno, a conversar sobre sus emociones, a abrirles las puertas del conocimiento para que sean críticos de la realidad en que habitan, para así mejorarla. 

Ya tenemos suficiente tarea con lidiar con el estrés y la incertidumbre propia de estos tiempos. Para reinventar la escuela, es necesario priorizar los contenidos, poner en práctica la mediación y  repensar el para qué de cada tarea. En síntesis, responder: ¿Qué aportará esa tarea al desarrollo de competencias y habilidades para ese niño o niña en su futuro?

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