Alberto Barrantes C.. 25 marzo
La pandemia mundial del nuevo coronavirus ha obligado a los sistemas educativos a echar mano de los recursos tecnológicos para mantener las puertas del aula abiertas, pero desde casa.
La pandemia mundial del nuevo coronavirus ha obligado a los sistemas educativos a echar mano de los recursos tecnológicos para mantener las puertas del aula abiertas, pero desde casa.

Quien disfruta de enseñar no encuentra barreras ni excusas para hacer llegar el conocimiento a sus estudiantes, en especial ahora con la emergencia por el nuevo coronavirus en Costa Rica: las aulas virtuales hacen que educadores de escuelas y colegios de todo el país recurran a la innovación y a la creatividad para mantener a sus estudiantes conectados al aprendizaje, mediante recursos virtuales.

Utilizan videos, cuestionarios, lecturas y juegos para repasar contenidos de una forma dinámica y hacer evidente su compromiso con la noble tarea de educar. Enseñar conlleva un alto grado de responsabilidad porque se traduce en brindar oportunidades a quienes se sientan frente a una pizarra, y a quienes durante estos días tienen la posibilidad de responder frente a sus pantallas.

Sin duda, esta realidad tan estimulante de compartir contenidos de forma digital tiene su lado negativo, debido a que deja por fuera a niños y jóvenes que no tienen acceso a esos entornos virtuales. Es ahí donde una vez que regresemos a las aulas, la política educativa deberá traducirse en diseñar más estrategias para garantizar más recursos y apoyar de forma más contundente a esos educadores, niños, jóvenes y familias para palear las brechas ya existentes y que empeorarán luego de esta enfermedad.

Sin restarle importancia a la desigualdad, sí es oportuno y necesario reconocer y aplaudir el trabajo de miles de educadores costarricenses que, desde sus casas, están dispuestos a mantener abiertas sus aulas, con el apoyo de la tecnología. El Ministerio de Educación Publica, a través de su perfil en Facebook, ha compartido desde la semana pasada casos de maestros que son fiel retrato de lo que implica aprender y re-aprender, en momentos de crisis.

Buenos ejemplos

Por ejemplo, dos maestras de la Región Educativa de Coto, Nereida Santos e Idalia Andrade imparten lecciones en idioma ngäbere a estudiantes indígenas e hicieron un video para repasar las partes del cuerpo humano, mediante un rompecabezas.

También Gredy Sibaja , docente del Liceo de Atenas y del Liceo San Roque de Grecia, envía cuestionarios a sus estudiantes con la plataforma Quizizz y según relató al MEP, “los estudiantes catalogaron la experiencia como emocionante y divertida”.

Con una página en Facebook, el profesor Mario Ramírez de la Escuela Ciudadelas Unidas, de San Felipe de Alajuelita coloca prácticas y explica a sus estudiantes el contenido de la clase.

Marcela Arroyo es docente de primer grado, en la Escuela de Hatillo 2, ella ofrece ayuda por redes sociales, tiene un grupo con los padres de familia por WhatsApp y creó el grupo en Facebook “Docentes de apoyo CR”.

“Remito cronogramas para que los estudiantes se organicen y, con ayuda de los papás, mamás y encargados, puedan seguir actividades basadas en el programa de estudio. Para los que no tienen posibilidades con medios digitales, también imprimo la hoja de trabajo y la dejo en la fotocopiadora de la comunidad”, relató la profesora Arroyo al Ministerio de Educación.

La Biblioteca Pública de Golfito en su perfil en Facebook también comparte contenidos educativos para escolares durante este tiempo de cuarentena y que sean apoyo para las familias.

En línea con el fomento a la lectura, el Ministerio de Educación Pública lanzó este lunes el “Plan de Fomento de Lectura Virtual”, donde junto a otras organizaciones, postearán retos diarios en las redes sociales para estimular el gusto por las letras, la escritura y la creatividad en los estudiantes.

Todos estos son apenas algunos ejemplos de quienes comparten la emoción por enseñar y aprender. En palabras de Beverly Schwartz, “en un mundo cada vez más definido por el cambio, ser un participante activo cada vez equivale a ser capaz de imaginar y contribuir al cambio”.

El cambio vertiginoso que nos impuso este virus en nuestra rutina, también nos enseña que la labor docente, tan criticada y menospreciada muchas veces, es esencial y capaz de marcar diferencias para toda la vida.

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