Fanny Tayver Marín. 25 junio
Andrés Carevic no pudo evitar el naufragio de su equipo en el Morera Soto. Fotografía: John Durán
Andrés Carevic no pudo evitar el naufragio de su equipo en el Morera Soto. Fotografía: John Durán

El juego colectivo de Alajuelense brilló por su ausencia en el partido de ida de la fase final y la derrota en casa por 2-0 contra el archirrival le salió barata.

Parecía que a la Liga se le olvidó que era el equipo obligado a forzar a una gran final. Del semestre, era el partido más importante de todos y no hubo actitud para enfrentar un encuentro así.

Leonel Moreira evitó que el marcador fuera más abultado. Protagonizó un tapadón con el que logró que el resultado no fuera lapidario.

Atrás, la defensa la pasó mal, muy mal. En el medio campo faltaron ideas, el característico peligro por las bandas fue nulo y el ataque inofensivo. Además, Christian Bolaños fue una verdadera pesadilla, ganando todos los piques.

Que eso pasara en ese partido tiene muy molesto al liguismo, que está harto de la falta de actitud, según se puede ver con facilidad mediante redes sociales y chats de WhatsApp.

De los últimos encuentros contra Saprissa, la Liga mostró su peor cara en clásicos y siendo en una instancia final, eso resulta imperdonable para un aficionado; porque hay formas de perder: una es luchando, en la que los reproches quedan de lado. Otra es con desgano, como pasó el miércoles en el Morera.

Casi cuatro horas después de finalizado el partido, me contactó una persona que conozco desde hace unos 15 años. Me dijo que disculpara la hora, que estaba terminando un trabajo de la universidad, pero que se puso a escribir un texto que quería compartirlo.

Y aquí lo puede leer:

Carta abierta

Cuerpo Técnico y al plantel en general:

“Ahora tratar de recuperar, descansar la parte emocional, ir adelante con todo, no tenemos nada que perder”, dijo Andrés Carevic.

Tengo el recuerdo en mi memoria cuando mi papá me llevó por primera vez al estadio, era el año 1991, Estadio Nacional, ganamos aquel partido con un gol de Óscar Ramírez... Ese día supe que no podía dejar de amar estos colores.

Señor Carevic, los aficionados que verdaderamente hemos seguido a lo largo de tantos años esta gran institución viviendo todo tipo de momentos, triunfos inolvidables y derrotas, sacrificando tiempo, estudio, familia, dinero, etcétera, para acompañar al equipo a cualquier cancha, no entendemos cuando nos dicen que se pierde un partido por falta de actitud.

Los que amamos estos colores aceptamos cuando un partido se pierde por goles, tácticas de juego o superioridad del rival, pero no por falta de actitud, para los que vimos a Mauricio Montero jugar, no podemos aceptar esa “explicación”.

Muchos crecimos viendo a Wílmer López, Superman Rojas, Delgado, Marín, Luis Diego Arnáez, también vimos cómo llegaron de otro país a amar estos colores y convertirse en ídolos a Pablo Gabas, Nahaman González, Jozef Miso y Pablo Izaguirre.

Mi padre me ha contado de Rodolfo Mills, Errol Daniels, Carlos Alvarado, Álvaro Solano, Ulloa, la Hormiguita Gámez… En fin, no podría mencionarlos a todos y nunca supimos lo que fue saber que saltaban a la cancha sin actitud…

Entiendo perfectamente que usted no está obligado a sentir lo que la mayoría de nosotros, los que llevamos los colores rojinegros en el corazón, sentimos cada vez que el equipo sale a jugar una final, pero si usted como profesional no tiene nada que perder, no se identifique con nosotros, los que sí queremos ver al equipo con ganas de ganarlo todo en la cancha.

Una vez más jugadores, no les estamos pidiendo que salgan a la cancha a ganar obligadamente porque al frente siempre va a haber un rival preparado para jugar, les pedimos que cada bola que disputen vean reflejada aquella reunión en el salón París, a los cientos de personas que estuvieron presentes en la marcha del ladrillo, a los niños que sueñan con vestir esa camiseta, a los miles de corazones que a una sola voz repiten en cada partido… ‘Aquí estoy, manudo moriré‘.

No sé si ustedes quieren ser parte de la historia de esta gran institución, pero en lugar de saltar a la cancha pensando que “no tenemos nada que perder”, recuerden las palabras del Mago del Balón: “Si la vida hay que dejarla en la cancha, la vida se da”.

Atentamente,

¡Un rojinegro de corazón!