
En aquel entonces no le hubieran dicho “robot”, sino autómata, porque la palabra aún no existía. Pero aquí está, visto por primera vez en más de un siglo, recuperado en una película del siglo XIX que se creía perdida: Gugusse et l’Automate, de 1897, ha vuelto a ver la luz gracias a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Es difícil saber cuánto cine de los primeros tiempos está perdido. Pero sí reconocemos que es casi todo. El cinematógrafo se difundió desde 1895, pero al inicio despertaba poco interés artístico (y el rédito comercial duraba unos meses), de modo que no mucho se preservó; además, se hacía en material fotoquímico muy sensible, que se deteriora fácilmente.
Por ello, la propia Biblioteca del Congreso estima que hasta 75% de todas las películas estadounidenses hechas antes de la era sonora están perdida para siempre. En otros países, se estiman pérdidas de hasta 90%.
De modo que el hallazgo de Gugusse et l’Automate es un milagro, permitido por el arduo trabajo de la restauración cinematográfica. Según explicó la institución estadounidense en un comunicado, los rollos de película estaban muy deteriorados y no se sabía qué contenían.

Proceso de restauración
Según explicó la Library of Congress, los rollos “eran de antes de la Primera Guerra Mundial y habían ido de un lado a otro, de sótanos a graneros y a garajes, hasta que finalmente fueron dejados en la biblioteca”.
“Había unos diez, y estaban oxidados. Algunos estaban deformados. En varios, el soporte de nitrato se había desmoronado en pedazos; en otros, las tiras estaban pegadas entre sí”, agregaron. El nitrato es particularmente sensible a la temperatura y la humedad, de modo que ha sido frecuente perder películas antiguas en incendios o por deterioro.
Los bibliotecarios las separaron con cuidado y examinaron con delicadeza, fotograma a fotograma, cada una de las partes halladas. Finalmente, encontraron un breve filme de 45 segundos, como era habitual hacia 1897, con un mago y su “autómata”, como se llamaba a mecanismos que imitan a seres vivos (la palabra robot fue introducida por el checo Karel Čapek en una obra de teatro de 1921).
El francés George Méliès, quien de hecho era mago, es considerado uno de los grandes pioneros del cine. En los primeros años del invento, desarrolló técnicas de efectos especiales y relatos fantásticos que cautivaron a las audiencias, y que forman la base del cine que seguimos disfrutando hoy.
Una de sus películas más célebres fue Voyage dans la lune (El viaje a la luna, de 1902), una de las primeras obras de lo que hoy llamamos ciencia ficción.

Patrimonio cinematográfico
“Esta es una de esas historias que uno ve retratadas en películas o series de televisión”, dice en la gacetilla de prensa Jason Evans Groth, curador de la sección de imágenes en movimiento de la biblioteca. “Esta es una de esas colecciones que te hacen darte cuenta de por qué haces este trabajo”, afirmó Courtney Holschuh, la técnica de archivo que desenrolló la película.
Bill McFarland, de Michigan, donó a la Biblioteca del Congreso la caja con antiguos rollos de película hallados en su familia.
El material pertenecía a su bisabuelo, William Delisle Frisbee, un agricultor y maestro que a comienzos del siglo XX recorría pueblos rurales proyectando algunas de las primeras películas y diapositivas con acompañamiento musical de un fonógrafo.
Allí, probablemente Méliès fue tan popular con las primeras audiencias como en el resto del mundo. El cineasta pionero realizó más de 500 películas que se difundieron y “piratearon” muchísimo; sobreviven unas 300, aunque él mismo pereció en el olvido.

Gugusse consta de un solo plano y un solo rollo. Se filmó frente a un telón pintado que simula un taller donde se fabrican relojes y autómatas.
A lo largo de los siglos, inventores e ingenieros crearon “autómatas” de cuerda, con engranajes y palancas, que lograron moverse, caminar, y hasta escribir o dibujar. Méliès poseía una colección de autómatas, utilería del Théâtre Robert-Houdin, que había adquirido en 1888.
En Gugusse, el mago (Méliès mismo) da cuerda a un autómata vestido como el payaso Pierrot, colocado sobre un pedestal. Una vez activado, el payaso comienza a golpear al mago con su bastón.
Por más de un siglo nadie supo cómo se veía aquella escena en movimiento, aunque se sabía de su existencia, el #111 del catálogo de Star Films. Pero ahora, tras arduo trabajo desde setiembre de 2025, aquí están, 128 años después, Gugusse y su autómata.
