Tres viajes a El Cairo, la cámara de 16 mm, una mirada atenta a la urbe cambiante y a los trazos de la memoria: todo confluye en la nueva película de Ishtar Yasin Gutiérrez. La cineasta costarricense estrenará su nuevo largometraje en uno de los festivales de cine documental más prominentes de Europa, en la República Checa.
Alhaia Hunak / Life Is Here (2026, 71 min.) formará parte de la 30.ª edición del Ji.hlava International Documentary Film Festival, dedicado a cine de no ficción en distintas ramas, incluidas las más experimentales, y conocida plataforma para el centro y el este de Europa.
La película de Yasin participará de la sección Opus Bonum, la competencia principal dedicada a documentales de todo el mundo, junto a 13 largometrajes más, de países como Taiwán, Suiza, España, Colombia y Ucrania. La función de estreno mundial se celebrará el 24 de octubre en la pequeña ciudad checa de Jihlava, a una hora y media de Praga. “Ahí estaré, por supuesto. No la he visto en pantalla grande, así que va a ser emocionante”, dice Yasin, directora de El camino (2008) y Dos Fridas (2018).

La película ‘Alhaia Hunak’
El nuevo largometraje de Ishtar Yasin se filmó durante tres viajes a El Cairo, Egipto, entre 2023 y 2025; en español, su título significa “La vida está allí”.
“Después de mi experiencia en la realización de Dos Fridas, que fue una producción grande, con más de 40 personas, un guion previo y una investigación de muchos años, tuve la necesidad de trabajar de otra manera en mi siguiente película”, explica la cineasta. “Quería trabajar sin guion y encontrar la película a partir del material que iba generando en la mesa de montaje”.
Según la directora, buscaba “una relación similar a la que puede tener un escritor con el papel en blanco y sus fantasmas o un pintor con los colores”. “Tenía el deseo de establecer una relación directa con las imágenes y los sonidos, sin partir de una escritura previa; quería trabajar directamente con el lenguaje del cine”, explica. Es una forma de su cine que recién habíamos visto en Baladi Aldaia (Mi país perdido, 2023), y previamente en Los invisibles (2010).
“Me gusta explorar el lenguaje del cine, ver todas sus posibilidades y descubrir otras nuevas. Por ejemplo, en El camino me interesaba ese entrelazamiento entre el documental y la ficción”, dice. “En Dos Fridas, quizás mi principal referencia fue la pintura, porque las imágenes son como cuadros vivientes. También me interesaba explorar el surrealismo y todo ese mundo de Frida Kahlo”.
En estas últimas películas, la exploración es distinta. “Es un cine más de ensayo, otro lenguaje, un encuentro más íntimo y directo con la realidad, sin intermediarios”, considera Yasin.

En Alhaia Hunak, el germen de la exploración de El Cairo está en la historia familiar de la cineasta, entre la herencia chilena, la iraquí y la tica, así como la memoria de su primer viaje a Egipto, a los 15 años, cuando por la dictadura de Sadam Hussein no podía ingresar a Irak ni su padre tampoco. “El hijo del exiliado añora un país que no conoce y que va creando en su imaginación, en su propia evocación. Va construyendo ese país que también le pertenece, pero que, de alguna manera, ha perdido”, dice.
Así, cuando regresó a Egipto a presentar Baladi Aldaia, tuvo oportunidad de recorrer aquellos barrios, en una ciudad transformada por revoluciones y opresión, por la modernización frenética y las dificultades que permanecen latentes. Gente de la calle; el último mural sobreviviente de la Primavera Árabe (2011); un campo de refugiados de Gaza; la calle, los animales, muchos animales.
“Yo salí a las calles a recorrerlas sin saber adónde iba a llegar, solamente a descubrir esa ciudad que tenía de alguna forma también dentro de mi memoria”, dice. Aquel primer viaje solo grabó una imagen, de un músico tocando flauta en la calle. Cuando regresó a filmar, su punto de partida ”era el corazón abierto” y el deseo de descubrir lo inesperado, es decir, el azar".
Así, el filme combina imágenes poéticas con escenas cotidianas captadas en las calles y material de archivo. La voz en off, de tono lírico, se alterna con testimonios de los habitantes, en una composición que entrelaza recuerdos personales y memoria histórica hasta desdibujar sus fronteras.

“Creo que, a partir de la pandemia, todo se aceleró en el sentido de que nos aislamos, nos encerramos. Se impulsaron el individualismo, el egoísmo, el sálvese quien pueda. De repente, se perdió el contacto humano”, considera la cineasta.
Esta película también nace de esa necesidad de romper el encierro, “de compartir con los demás, de escuchar, sentir y abrazar, en lugar de quedarnos aislados en nuestro propio mundo”.
“En mi búsqueda también estaba la pregunta por el sentido de la vida. Y te voy a decir que creo que lo encontré”, afirma Yasin. “Lo he encontrado, lo he perdido y lo he vuelto a encontrar. Para mí, el sentido de la vida es preservar tu humanidad. Si perdés la humanidad, perdés el sentido de la vida. ¿Y qué significa preservar la humanidad? Significa solidaridad, empatía, capacidad de dar amor y de escuchar. Creo que ese es, en definitiva, el sentido de la vida".

