
La crisis financiera que atraviesa la Metropolitan Opera de Nueva York, la mayor compañía de ópera de Estados Unidos, se ha convertido en uno de los temas más preocupantes del mundo musical.
Con un presupuesto anual cercano a los $326–330 millones, la institución enfrenta una combinación de problemas estructurales: caída en los ingresos de taquilla, reducción del público desde la pandemia, endeudamiento creciente y la necesidad de aplicar recortes para sostener su operación.
Las cifras muestran la magnitud del desafío. La compañía ha tenido que recurrir de forma inusual a su fondo patrimonial para cubrir gastos operativos, retirando más de un tercio de un endowment que rondaba los $340 millones. En solo tres años se han gastado más de $120 millones de ese fondo, un nivel muy superior al que normalmente utilizan las organizaciones culturales sin fines de lucro.
Al mismo tiempo, los ingresos por taquilla, uno de los pilares del financiamiento del Met, se han reducido hasta unos $70 millones anuales, cerca de 20 millones menos que hace una década y apenas una fracción de los costos totales de funcionamiento.

La asistencia tampoco ha recuperado los niveles previos a la pandemia. Aunque algunas temporadas recientes han alcanzado alrededor del 70-72% de ocupación, la fuerte política de descuentos significa que el ingreso real es mucho menor que el potencial a precio completo, según The Wall Street Journal.
Además, el envejecimiento del público tradicional y la disminución de los abonos han debilitado una fuente histórica de ingresos estables para la institución, dice City Journal.
Frente a esta situación, la dirección del teatro, encabezada por el gerente general Peter Gelb, ha aplicado medidas de emergencia. En 2026 la compañía anunció despidos administrativos, reducciones salariales de entre 4% y 15% para altos ejecutivos y una disminución en el número de producciones de las próximas temporadas.
Los recortes buscan ahorrar decenas de millones de dólares, aunque también implican una programación más reducida que en décadas anteriores.
Paralelamente, el Met ha buscado nuevas fuentes de financiamiento. Entre ellas figura un acuerdo negociado con Arabia Saudita para realizar temporadas de presentaciones en Riad, un convenio que podría aportar más de $200 millones a lo largo de varios años, pero que conlleva riesgo reputacional y operativo.
Sin embargo, el retraso en la formalización del contrato ha generado incertidumbre y obligado a la institución a continuar aplicando medidas de austeridad mientras espera esos recursos, explica The Guardian.
La crisis también ha obligado a considerar decisiones simbólicamente sensibles, como la posible venta de los murales monumentales de Marc Chagall que decoran el vestíbulo del teatro en el Lincoln Center, aunque con la condición de que permanezcan exhibidos en el edificio. Para muchos observadores, la idea ilustra hasta qué punto el teatro se encuentra bajo presión financiera.

Fundada en 1883, la Metropolitan Opera ha sido durante más de un siglo una de las instituciones centrales de la vida musical internacional, escenario de figuras como Luciano Pavarotti, Maria Callas y Enrico Caruso.
Hoy, sin embargo, el prestigioso teatro enfrenta el desafío de adaptar su modelo económico a un entorno cultural cambiante, en el que los costos de producción de la ópera siguen siendo enormes mientras el público y las fuentes tradicionales de financiamiento evolucionan con rapidez.
El resultado es un debate más amplio sobre el futuro de la ópera en Estados Unidos. En contraste con los teatros europeos, que reciben amplios subsidios públicos, el Met depende en gran medida de donaciones privadas y de la taquilla.
Esa estructura, que durante décadas sostuvo a la compañía, es precisamente la que hoy está siendo puesta a prueba por una de las crisis financieras más serias de su historia reciente.
