Áncora

El cuerpo, la mirada y el disfraz como potenciador de la imaginación

El filósofo Camilo Retana analiza las relaciones entre cuerpo, poder, mirada y subjetividad, en un recorrido histórico sobre el uso del disfraz: del rito al carnaval hasta llegar a los superhéroes y disfraces delictivos.

El tema del cuerpo y la mirada son los ejes centrales de la reflexión del filósofo Camilo Retana Alvarado, ganador del Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo por su libro Enseres: esbozos para una teoría del disfraz (EUCR, 2020).

Desde su primer texto Pornografía: la tiranía de la mirada (Arlekín, 2008) ensayo filosófico sobre dicho género cinematográfico en el que cuerpo y mirada son indisolubles, pasando por sus trabajos más puntuales sobre el cuerpo - Las artimañas de la moda: una genealogía del poder vestimentario (Arlekín, 2015)- en torno a las estrategias de control corporal que implica la moda y su ensayo sobre los límites del cuerpo - El cuerpo abierto: un ensayo sobre la construcción y deconstrucción de los límites somáticos (EUNA, 2018)- la reflexión de Retana se pregunta sobre las relaciones entre cuerpo, poder, mirada y subjetividad. Nos hace meditar sobre la inestabilidad de lo subjetivo y los procesos y posibilidades de su transformación.

En esta reflexión general se inserta este libro del disfraz, que se podría considerar como un ensayo sobre “temas menores” pero que en la actualidad son los asuntos que mejor iluminan nuestra la realidad. La propuesta de Retana es la de una filosofía de lo cotidiano que acerque al lector común a disciplinas que parecían exclusivas para especialistas.

El autor realiza una suerte de recorrido histórico -aunque no necesariamente cronológico- sobre el uso del disfraz: del rito al carnaval, pasando por el disfraz sexual, los espacios de representación tales como el teatro, la danza, la lucha libre o los conciertos de rock, hasta llegar a los superhéroes de los cómics, la televisión y el cine, para concluir con los disfraces delictivos.

El disfraz entonces aparece como engaño, simulación, fetiche, artilugio; como productor de juego, ilusión, fantasía, goce y deseo, pero también como elemento de subversión, de creación de otras temporalidades y como posibilitador de múltiples identidades o del desdoblamiento de las mismas. El disfraz participa en un juego de espejos en los que somos muchos cuerpos y en los que la subjetividad se cuestiona en su aparente unidad.

Los disfraces analizados pertenecen a dos esferas -la del rito y la del juego- este último convertido cada vez más en entretenimiento electrónico de nuestra sociedad postindustrial. Ambas mantienen una relación con el tiempo de manera similar pero a la inversa. Mientras el rito fija y estructura el calendario -Semana Santa, Día de la Independencia, Navidad, etc-, el juego lo altera, lo destruye y lo subvierte, como hacen los disfraces mismos con nuestra identidad. Cuando jugamos abrimos un paréntesis en nuestra cotidianeidad.

Si examinamos detalladamente el corpus del libro pareciera que, en la actualidad, la pulsión lúdica del ser humano está más presente que la ritual. En la esfera de lo ritual -los deportes, los desfiles militares o escolares, las ceremonias religiosas- es el uso del uniforme más que del disfraz lo que prevalece.

El carnaval, el sexo, el espectáculo, el cómic y el cine, e incluso el fenómeno del disfraz de los guerrilleros zapatistas o del grupo de hackers “Anonymous”, pueden interpretarse como juego. ¿Hasta dónde jugamos, sin darnos cuenta? No en vano la industria cultural de entretenimiento más importante del mundo actual es el videojuego, en el que encontramos variaciones de fiesta, sexo, espectáculo, cine y por supuesto, superhéroes.

A partir de las reflexiones de Retana me interesa destacar al disfraz realizado con retazos, fragmentos de tela o de otros objetos, el disfraz bricolaje. Este disfraz bricolaje lo considero como el juguete primordial para niños, especialmente cuando no se tienen los recursos de adquirir disfraces ya confeccionados. Es el disfraz de los niños de las barriadas marginales, pero también es el disfraz de la imaginación. Con un disfraz bricolaje no solo asumimos una identidad sino que trabajamos creativamente, ensamblando fragmentos de mundo. Más que simulación es un proceso de apropiación y construcción de una identidad propia.

Muchos juegos/disfraces -médico, ama de casa, maestra, bombero- sirven para ir creando un microcosmos del adulto que, sin embargo, limita la creatividad del niño. El niño se adapta a la función del disfraz y repite las acciones que ha visto en los usuarios de dichos personajes. A diferencia de los juegos/disfraces de roles, los de bricolaje potencian la fantasía por el objeto mismo y colocan al sujeto -niño/adulto- en situación de crear una nueva ilusión a partir del disfraz.

Algunos filósofos como Giorgio Agamben y Emanuelle Coccia nos explican que la fantasía fue excluida de la experiencia racional por su carácter de irrealidad. A partir del “pienso luego existo” de Descartes, la imaginación y lo fantástico se recluyen en la esfera de la ficción, de lo novelesco y ya no forman parte de la experiencia de la realidad. Mientras que en la Antigüedad la fantasía, los sueños y los oráculos eran el medium por excelencia del conocimiento, en la actualidad la razón desplaza el estatuto de la imaginación al mundo de lo irreal.

Considero entonces que lo que nos muestra Camilo Retana en su libro es la posibilidad del disfraz -la máscara, el maquillaje- de potenciar la fantasía y la imaginación en el mundo material y así reflexionar seriamente, filosóficamente, sobre estos fenómenos, sin confinarlos a las esferas de la ficción, la magia, el sueño, el inconciente e incluso la alienación mental. En otra palabras, posicionar el mundo de la imaginación con plena realidad entre el mundo sensible y el mundo de lo inteligible como un todo.

El disfraz se convierte en potenciador de la imaginación y la fantasía en tanto dispositivo de comunicación y conocimiento tanto en su análisis del disfraz ritual en las culturas primitivas, como en la sociedad actual. El libro de Retana, entonces, nos invita a enfrentarnos gracias al disfraz, a todas las formas posibles de la fantasía y de la imaginación.

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