
Desde que la inteligencia artificial (IA) nos hizo más fácil la vida, también nos la complicó. Lo sabe bien el gremio editorial en todo el mundo, que desde el auge de ChatGPT y generadores de imágenes ha tenido que debatirse: ¿permiten o no su uso? ¿Tiene cabida en sus publicaciones?
En Costa Rica, poco a poco, las editoriales han ido tomando postura. La última en hacerla explícita fue la Editorial de la Universidad de Costa Rica (Editorial UCR), que publicó dos de sus pautas este martes en su página de Facebook.
“Muchas personas deseosas de someter sus manuscritos para consideración de la Editorial UCR para su publicación nos han consultado sobre la posibilidad de utilizar Inteligencia Artificial (IA) para: realizar ilustraciones que se incluyan dentro del texto; editar el manuscrito antes de ser sometido a revisión de pares ciegos”, comienzan el comunicado firmado por la dirección editorial.
“Al respecto, la política de la Editorial UCR es no permitir el uso de la IA en esos dos casos específicos, pues Costa Rica cuenta con numerosas personas profesionales que pueden ilustrar y corregir mucho mejor que cualquier IA los textos (y viven de ese trabajo) y nuestra Editorial cuenta con una sección de edición y una sección de diseño, con profesionales experimentados, quienes, una vez aprobada una obra, se encargan de convertir al producto final en un libro único”, alertan.
Debate sobre la IA
Un artículo reciente del New York Times repasó las dificultades de lidiar con la intrusión de la IA en cada aspecto del proceso editorial, tras un escándalo en Estados Unidos: una autora no reveló que había utilizado estas herramientas para la creación de su última novela, ni a la editorial ni a sus lectores.
“A medida que la industria editorial lidia con la irrupción de la IA en casi todos los aspectos del negocio, parece haber poco consenso sobre qué pueden o deberían hacer los editores para regular cómo los escritores utilizan esta tecnología. Pero muchos coinciden en que la situación actual es insostenible“, señala el reportaje.
Aunque la controversia se centraba en la autoría del texto, el problema se extiende a la creación de imágenes que acompañan los libros, desde la portada hasta las ilustraciones anteriores.
En Costa Rica, múltiples editoriales independientes han empezado a utilizar IA en sus ediciones, y en el mundo, algunas firmas también “abaratan costos” prescidiendo de artistas gráficos en parte o por completo.
Después de todo, “el Foro Económico Mundial incluyó el diseño gráfico entre los empleos con mayor riesgo debido a la inteligencia artificial, ligeramente por debajo de contadores, cajeros bancarios y empleados de entrada de datos”, recuerda el sitio Fast Company.
¿Simplificación o atajo indebido? ¿Cuánto se debe revelar al lector? ¿Con un sello que garantice que no se utiliza la IA, como dice el artículo del Times, o siendo transparente con el uso de estas herramientas? Por ahora, la Editorial UCR lanza una propuesta más al debate en Costa Rica.
De su parte, la propia Universidad de Costa Rica definió recientemente su marco de uso ético de la IA en el contexto académico.
El 22 de abril, la institución presentó su Marco de gobernanza y gestión de la inteligencia artificial (IA). “El documento establece criterios para orientar el uso de la IA en la docencia, la investigación, la acción social y la gestión administrativa, con el objetivo de aprovechar su potencial sin comprometer los derechos humanos, la equidad ni la autonomía de las personas”, explicó la UCR en su plataforma de comunicación.
“El Marco parte de una premisa clara: la inteligencia artificial puede fortalecer el quehacer universitario —desde la personalización del aprendizaje hasta la optimización de procesos—, pero su implementación debe ser regulada, crítica y centrada en el bienestar de la comunidad universitaria", aclara.
