En su poema “TV Men: Lazarus”, incluido en el libro Men in the Off Hours (2000), la escritora canadiense Anne Carson imagina al Lázaro bíblico en un contexto muy prosaico. Un hombre cualquiera al que Cristo brinda el máximo milagro, la resurrección, para luego dejarlo abandonado en el anonimato, como un personaje de documental televisivo.
Pero Marta y María, dice Carson, no discutirán cómo se las arreglan con el “muerto” que viene a cenar, ni habrá un panel de expertos debatiendo quién fue la verdadera víctima como en los realities de nuestra tele.
Este gesto, entre humor y sofisticación intelectual, caracteriza el juego que la poeta ganadora del Nobel de Literatura 2026 hace con la Antigüedad clásica, la tradición literaria y los pastiches y rebeldías del siglo XX.
Es increíblemente erudita en su pasión filológica y publica poesía, ensayo, crítica, de todo; “incita envidia y admiración”, escribió una vez el New York Times Book Review.
Por supuesto que puede parecer una autora algo hermética si solo nos quedamos con su obsesión con el lenguaje en sí, con la traducción y la academia. Pero cuando uno, poco a poco, empieza a desentrañar su abordaje, se va aclarando la manera de entender sus constantes juegos y alusiones. De hecho, digámoslo: es muy graciosa.

Tampoco es por hacerse la graciosa, que es distinto. En una entrevista con The New Yorker, dijo que no le gusta demasiado el humor y lo resumió así: “Very funny, get to the point”.
Su curiosidad por el lenguaje mismo la extiende al ámbito privado, a la comunicación humana, en general, como dijo al Paris Review en 2024: “Francamente, creo que nadie sabe nunca qué quiere decir otra persona cuando habla. Es algo que va más allá de la traducción; es simplemente lanzarse a la oscuridad. El lenguaje es algo tan, tan personal, tan íntimo”.
Por medio del griego antiguo
La adolescente Anne Carson descubrió el griego antiguo durante el almuerzo, en un colegio de Ontario. Una profesor de latín que también conocía el griego comenzó a leer con ella a Safo, la célebre poeta de Lesbos de quien solo sobreviven un puñado de poemas, fragmentos y alusiones. “Fue simplemente revolucionario”, recuerda Carson.
Carson, nacida en Toronto en 1950, estudió literatura clásica en la Universidad de Toronto, obtuvo un doctorado y desarrolló una carrera académica que la llevó a enseñar en Princeton, McGill, Michigan y otras universidades.
Pero la vida académica no la constriñe, sino que su indagación del griego, sus traducciones y sus escritos críticos se fueron desbordando hacia libros muy peculiares donde la mitología se encuentra con la televisión, la teoría más dura con el chiste más transparente, y siempre un sentido del humor muy particular que se extiende al uso de la tipografía y a los conceptos mismos de sus libros.

De alguna manera, podemos pensar que desde su interés en la traducción ya surge la idea de jugar con el lenguaje, reconocer cuán dúctil es, llevarlo a lugares distitnos de su origen. En muchos de sus libros, por ejemplo, lo dañado, lo fragmentario y la equivocación son motivos recurrentes.
Carson lo explicó así en The Paris Review: “En las superficies, la perfección es menos interesante. Por ejemplo, una página con un poema resulta menos atractiva que una página con un poema y algunas manchas de té. Las manchas de té le añaden un poco de historia. Es una actitud histórica”.
“Al fin y al cabo, los textos de los antiguos griegos nos llegan hechos pedazos, y eso me fascina: la combinación de capas de tiempo que se acumulan al contemplar un papiro producido en el siglo III a. C., que luego fue copiado, después utilizado para envolver una momia durante un par de cientos de años, más tarde descubierto y llevado a un museo, reconstruido por nueve caballeros diferentes y vuelto a colocar en el museo, para después ser sacado nuevamente, fotografiado y publicado en un libro”, continúa.
Su primer libro, Eros the Bittersweet, publicado en 1986 a partir de su trabajo académico sobre Safo, ya contenía el procedimiento que continúa explorando: tomar una pregunta antigua (el deseo, la muerte, el tiempo) y utilizarla para pensar una experiencia contemporánea en el presente inmediato, en la calle, en los periódicos y en la tele. Su mundo poético y narrativo es Antigüedad viva, presente teñido de griego clásico.

Sin forma, cualquier forma
En su libro más conocido, Autobiography of Red (Autobiografía de Rojo. Una novela en verso, 1998), Carson toma el personaje muy menor de Gerión, un gigante cuya forma no queda clara. Convengamos en que tenía un cuerpo y tres cabezas; para la poeta, además, alas. El caso es que su aparición es para morir a manos de Heracles, quien lo mata por su preciado ganado rojo. En Carson no, es un joven de pequeñas alas rojas que vive en Ontario.
En la traducción al español de Pre-Textos (publicada en 2016 y disponible en Costa Rica):

En Rojo, Heracles no mata a Gerión, sino algo peor: de adolescentes, tienen un amorío. Corazón roto, la ansiedad de crecer, la admiración por la masculinidad perfecta, el paso del tiempo, salir del pequeño pueblo de provincia para terminar topándose en Buenos Aires, ya de grandes. La historia universal de enamorarse de quien está destinado a destruirlo.
Pero como se puede apreciar en el poema citado, no está claro dónde empieza el verso y termina la prosa. Da igual, Anne Carson se inventa otra. En Boston Review, el crítico John D’Agata considera que, en sus libros, Carson provoca una pregunta: “¿Hasta qué punto puede ser prosaico, retórico o argumentativo un poema antes de convertirse en algo completamente distinto, antes de volver a ser prosa, un ensayo?“.
“Tienes frío, dijo Heracles de repente, tus manos están frías. A ver.
Puso las manos de Gerión dentro de su camisa."
Conexiones a través del tiempo
En una entrevista publicada en The Guardian, Carson describe su proceso como algo desordenado: una “canasta de cosas” que con el tiempo parece contener alguna idea que las conecta. Comienza a probar órdenes, yuxtaposiciones y conceptos hasta encontrar una forma.
Antes que un género claro está la idea, la inquietud que motiva su inmersión en un fragmento del mundo antiguo y la literatura alrededor de él.
The Beauty of the Husband lleva como subtítulo “A Fictional Essay in 29 Tangos” (“Un ensayo ficcionado en 29 tangos”); Decreation reúne poesía, ensayo, ópera y guion; Nox adopta la forma de un acordeón de páginas, más cercano al libro-arte; Float reúne piezas de conferencias, poemas, performances y experimentos visuales. Wrong Norma, publicado en 2024, vuelve a reunir textos heterogéneos y dibujos.
“Me enseñaron que la escritura objetiva de las cuestiones académicas es la forma ideal que debería adoptar el trabajo intelectual, pero al dedicarme yo misma a la investigación nunca lo encontré posible”, dijo a Paris Review.
Por eso muchas de sus obras toman formas inusuales, como Antigonick, que parece más performance. En 2013, el New York Times comparó una función de esta pieza con un concierto de rock, 700 confirmados para un auditorio de 300 butacas. Rehuyó la posibilidad de hablar; prefirió interpretar un personaje de su obra.
“Nunca encontré posible pensar sin pensar en mí misma pensando. Y no estoy segura de si eso es consecuencia de ser yo o de ser humana, así que decidí asumir lo segundo y seguir adelante con el proyecto de pensar en mí misma como si se tratara de una empresa humana legítima y pudiera resultar esclarecedora para otros seres humanos”, agrega.
Pensemos en la literatura de Carson como una duda que busca su forma de expresarse y que, en el camino, encuentra belleza, humor, asombro, desesperación y sensualidad en momentos fugaces, en ideas estiradas hasta que estrujen la distancia entre Antigüedad y presente, entre la Academia y un libro aquí, en esta mesa.
Es el papiro del que hablaba Carson, copiado una y otra vez, pegado a una momia y revivido en un museo: “Todas esas capas se van sumando y aportan cada vez más vida. Puedes aproximarte a eso en tu propia vida. Manchas en la ropa”.

