La pregunta del millón es: ¿se vale guardar la compostura en un concierto de Chayanne? La respuesta la dieron al unísono las miles de personas que se reunieron la noche de este viernes en el Estadio Nacional (ahora INS Estadio) para ver al boricua en concierto: ¡Un rotundo no! No hay forma de estar en calma ante una descarga de adrenalina, romance, galantería, carisma, baile y alegría. ¡No se vale guardar la compostura y punto!
Con Chayanne no hay medias tintas: o se quiere o se quiere. De muchos es sabida la relación tan íntima e intensa que tiene el boricua con Costa Rica, uno de los primeros países que le abrió las puertas cuando apenas era un chiquillo que daba sus primeros pasos con Los Chicos, desde entonces se le amó y todavía, más de 40 años después, se le sigue amando.
Él, por su parte, responde de la misma manera; posiblemente con más profundidad de lo que muchos podrían creer. Chayanne no oculta su amor y agradecimiento hacia nuestro país y así quedó demostrado la noche de este viernes 22 de mayo en el show que ofreció en La Sabana. Lo demostró con las lágrimas que lo embargaron y cuando su voz se cortó por la emoción de reencontrarse con sus ticos queridos.
Lo dejó claro con la alegría con la que arribó al escenario. Lo reafirmó cuando se entregó por completo en escena al interpretar esas canciones tan famosas que su público coreó de pé a pá.
Pero, a lo que vinimos: a contarles sobre el concierto. Como bien lo dijo Chayanne: “Dale rienda suelta a la locura” y como lo que dice el papá de toda Latinoamérica se obedece, en Costa Rica se le hizo caso.
En cuanto pisó la tarima del recinto deportivo josefino, Chayanne fue todo entrega. Abrió el show con una combinación explosiva: Bailemos otra vez, Salomé y Boom Boom. Aquello fue un golpe directo a las emociones, al cuerpo y al alma. Desde ese primer momento, el público sabía a la perfección que la noche iba a ser pura adrenalina.
Más de 20 minutos después de estar bailando y cantando sin descanso, con una energía y una fortaleza física envidiables, Chayanne tomó un breve respiro para hablarle a Costa Rica.
Se detuvo, miró con ojos de amor a sus fans, a los fieles que desde hace más de cuatro décadas lo acompañan y a aquellos que se han sumado en el camino, y con la voz entrecortada por la emoción agradeció desde lo más profundo de su corazón. Lloró, le costó hablar, pero cada palabra que salió de su boca estuvo llena de cariño.
La fiesta siguió. Se puso romántico, también juguetón. Después de la primera descarga de adrenalina, le bajó un poquito, pero solo un poquito: cantó El centro de mi corazón para también dejar en claro que los enamorados tenían un espacio en el concierto para dedicar canciones. Pero como es Chayanne y su repertorio de vida es igual que sus canciones, los sentimientos subieron, bajaron, bailaron, gozaron, recordaron y hasta lloraron.
Los ticos se subieron en el viaje imparable del recital; en la gramilla todos bailaban, nadie estaba sentado. Desde las graderías, el eco de los gritos llenaba el estadio (y podríamos afirmar que también a La Sabana y alrededores). ¿Cuál compostura? ¿Qué es eso?
Aprobado por Chayanne... aprobado por los ticos
Casi una hora después de haber iniciado el concierto, Chayanne siguió conquistando con esa sonrisa que, en cuanto sale, hace brillar cualquier lugar en el que esté. A sus casi 58 años, el boricua se mostró sensual y pícaro, algo que sus seguidores esperaban.
“Es increíble, no me canso de decirlo. Estoy feliz. Gracias, de verdad que es especial”, manifestó en una de sus breves conversaciones con el público y antes de presentar a los artistas de su equipo que lo acompañan en esta gira.
La música siguió con una entrega de éxito tras éxito. Provócame, Caprichosa, Cuidarte el alma, Baila baila e Y tú te vas, sonaron con potencia. Cada una de ellas fue un momento para repasar la historia, para recordar momentos especiales de juventud, de amores, de alegrías.
Pero uno de los momentos más emotivos y nostálgicos llegó cuando en una especie de unplugged interpretó temas de épocas pasadas. En ese espacio sonaron Yo te amo, Volver a nacer, Completamente enamorado y Tu pirata.
Chayanne es todo un hombre de espectáculo, su amplia trayectoria lo confirma y él le saca todo el jugo posible a su experiencia.
Es cercano con el público, dedicado y cariñoso. Tiene también momentos de espontaneidad, como cuando bajó del escenario y alzó en sus brazos a una niña que estaba en las primeras filas del concierto. Bailó con ella, la abrazó y le dio un beso. Si ni él mismo guardó la compostura, ¿cómo alguien puede pedirle a sus fans que lo hagan?
El grito de “rico, rico, rico” no se hizo esperar. Chayanne, como si no tuviera muchos años de conocer a los ticos, se hizo como el que no sabía de qué se trataba, pero la sonrisa de picardía que tenía lo delató. “Yo sé que pa’ mí ustedes son unas mamacitas. Así que tírenme lo que quieran, que yo lo recibo”, dijo.
“Mis hijos, los amo. ¿Les estoy debiendo la pensión, no? Voy a ir casa por casa esta noche...“, bromeó cuando el estadio completo comenzó a gritar en coro: ”Papi, papi, papi", por eso de que es el papá de todos.
¿Y las canciones? Sí, siguió el recital con Fiesta en América, Te amo y punto, Humanos a Marte y Dejaría todo. Al cierre del concierto no podían faltar piezas como Tiempo de vals y Bailando bachata. En la primera de ellas, el público no aguantó las ganas de tomarse de las manos y por la cintura y hacer esos pasitos tan reconocibles del ritmo como si estuvieran en una fiesta de 15 años multitudinaria.
Para el éxito bachatero, como es costumbre del boricua, invitó a una afortunada seguidora a subir al escenario para bailar con él. Fotos, videos y esa sonrisa eterna y encantadora fue lo que se vio sobre la tarima.
Al final, por supuesto que la gloriosa Torero fue la elegida para decir adiós. Enérgica y emotiva, como fue todo el concierto, no podía quedarse por fuera.
Chayanne siempre será bienvenido. Chayanne siempre será amado en Costa Rica. Chayanne es Chayanne y cada vez que viene al país, reafirma este noviazgo eterno con los ticos y las ticas que no guardan nada de compostura.
