
El surfista británico Arran Strong, de 28 años, desapareció el lunes 27 de julio mientras realizaba una travesía en stand up paddle entre la playa de Monte Clérigo y Carrapateira, en el sur de Portugal.
Según la Autoridad Marítima Nacional de Portugal (AMN), el aviso sobre su desaparición llegó alrededor de las 11:30 a. m., luego de que el deportista se adentró al mar acompañado de su entrenador, José María Pyrrait, con quien había hecho una parada en Arrifana para hidratarse y tomar fotografías, en lo que este describió como el último momento de calma antes de que todo se tornara en desesperación.
Las autoridades dieron por finalizadas las labores de búsqueda y confirmaron su muerte el jueves 30 de julio.
De acuerdo con medios como la BBC, Strong destacó en el circuito europeo por sus resultados en la Liga portuguesa de surf y en las series clasificatorias de la WSL, además de representar a Gran Bretaña en campeonatos mundiales.
Más allá de sus logros deportivos, se hizo conocido por su historia de superación: desde que era bebé, vivía con un trastorno genético que afectaba sus pulmones, pero aun así construyó una sólida carrera profesional y se convirtió en un ejemplo de resiliencia dentro de la comunidad surfista europea.

El momento en que todo cambió
Según la BBC, Pyrrait reconstruyó con detalle los instantes previos a que se perdiera el rastro de su pupilo. Explicó que retomaron la ruta como de costumbre, con Strong avanzando primero y él alcanzándolo después.
“Estuvimos ahí unos minutos hablando; cuando comenzamos de nuevo, lo dejé ir adelante. Como mi ritmo es más rápido, siempre hago eso; cuando lo alcanzaba y tomaba una pequeña ventaja, me detenía y lo esperaba. Esta vez no fue diferente, pero cuando me detuve para esperar, vi su tabla a la deriva a unos 100 metros de distancia”, relató.
El entrenador reaccionó de inmediato: remó tan rápido como pudo para llegar ahí, buceando repetidamente para tratar de localizarlo bajo la superficie. Sin embargo, se enfrentó a condiciones muy complicadas.
“Estábamos en un área realmente profunda y la visibilidad era muy corta; llamé a mi compañero en tierra para pedir ayuda, quien automáticamente activó el rescate. Un pescador local me recogió a mí y a las tablas y pasamos cerca de dos horas y media recorriendo toda el área con la sonda del bote. Todavía está desaparecido, lamentablemente con prácticamente cero posibilidades de estar vivo”, lamentó.
Para Pyrrait, el episodio marca no solo una tragedia deportiva, sino una pérdida profundamente personal.

