La primera fecha del festival Picnic 2026 desató una marea de emociones. Como ya es tradición, miles desfilaron entre música, comidas, bebidas y emoción, listos para una jornada épica entre amigos y el reencuentro esperado con sus ídolos musicales.
Para los primerizos, la experiencia inició desde las afueras del Centro de eventos Pedregal, donde un ejército de vendedores ofrecía de todo: gorras, lentes y camisas para completar el look. El ingenio local no faltó con los parqueos improvisados, aunque el grito de “¡Muy caro!” resonó más de una vez al ver rótulos que marcaban los ¢10.000 por espacio.
Una vez adentro, la fiesta encendió motores. El costarricense Shel Dixon tomó las riendas del escenario principal con una energía arrolladora; junto a sus bailarines y bajo un sol implacable, puso a vibrar a un público motivado que coreó a todo pulmón éxitos como Enfermo y Cómo quisiera.
Entre set y set, el tiempo volaba. Quienes llegaron temprano aprovecharon para decorar sus rostros con perlas, retocar los brillos, almorzar o protagonizar sesiones de fotos en los spots del recinto. Los más intrépidos incluso desafiaron la gravedad en los juegos mecánicos justo antes de las presentaciones de los platos fuertes musicales.
Pese a la extravagancia general, muchos apostaron por el “menos es más”. Ese fue el caso de May Moraga, veterana asistente del festival desde 2019 —cuando vio a Rauw Alejandro—, quien aseguró que tras años de asistencia ahora prioriza “zapato cómodo, bloqueador y una buena alimentación”.
Picnic 2026: entre mensajes de paz y “perreo sinfónico”
Al caer el atardecer, la euforia subió de nivel. A las 5 p. m. fue la hora sagrada para recargar energías con comida y bebida. Mientras tanto, el reggae de Alpha Blondy inundaba el ambiente con un potente mensaje de paz, pidiendo tregua entre Israel y Palestina, así como entre Estados Unidos e Irán.
Cerca de esa hora, uno de los shows más esperados estaba por llegar. Los pasillos del recinto se vaciaron para ver en el escenario principal a Yandel, quien dejó a todos boquiabiertos con un formato inesperado. “¿Es Yandel sinfónico?”, susurraban los fans al ver a los 40 músicos costarricenses de la Orquesta Universal acompañando al puertorriqueño.
Fue, sin duda, el espectáculo más electrizante. El público enloqueció con clásicos como Noche de sexo, Encantadora y Rakata. Durante su presentación, el resto del festival pareció pausarse; toda la masa humana gravitó hacia su magnetismo en un “perreo sinfónico”.
En otro espacio la vibra se tornó relajada con el reggae de Tarrus Riley, mientras en un punto diferente, la colombiana Aria Vega derrochaba sensualidad. Su éxito viral Chévere puso a todos a replicar sus pasos de baile, unificando al público en un solo movimiento minutos previos a los recitales de Young Miko, De la Rose, Ozuna y Maná.
El Picnic no permite pausas
Los decibeles subieron cuando la puertorriqueña Young Miko salió a escena en medio de gritos de sus fanáticas, mientras que en otro escenario llegó la sensualidad y el tono rojo en las luces: De la Rose, con sus pasos de baile y su voz derritió a más de uno.
La artista que roba suspiros salió con una minifalda negra, lentes oscuros y un abrigo holgado para llevarse los gritos de sus fans con canciones como WYA Remix, Yo te conozco y Cinco minutos.
El movimiento continuaba cuando chocaba De la Rose con la salida de Ozuna. En ese momento el público corrió para lograr un buen lugar y ver al “Negrito de ojos claros” y aunque su show se atrasó, cuando empezó, lo hizo con toda la energía. Piquito y Caramelo fueron parte de las primeras piezas del artista que recordó a los asistentes el concepto de “perreo hasta el piso”.
El reguetón se apagó y dio paso a que los mexicanos de Maná deslumbraran a sus fans, quienes cantaron y bailaron al ritmo de Dejame entrar, clásico que el grupo escogió como primera canción; aunque el reloj pasaba las 10 p. m. los asistentes aún tenían voz y energía para corear con los rockeros.
“Hay caras muy jóvenes pero aquí estamos disfrutando, vamos a echar toda la carne al asador”, manifestó el cantante Fher Olvera al terminar la segunda canción para dar paso a todo su mejor repertorio a ritmo de batería y solos de guitarra eléctrica.
La noche no pudo ser mejor, la música unió a Centroamérica... la pregunta ahora es: ¿Qué nos traerá la segunda fecha?
