Es una noche cualquiera de los 2000 y de pronto, flamante, aparece en TV Christina Aguilera, rodeada de un séquito de bailarines musculosos en uno de los videoclips de sus éxitos.
Para ese entonces, ella era reina del pop mundial y Costa Rica una inhóspita tierra que tal estrella solo podría volver a ver para vacacionar. Y así, esas noches se repiten infinidad de veces en el recuerdo de una enorme mayoría que la vio conquistar el éxito, con el sinsabor de que jamás la verían en vivo.
Pero igual que el nombre Christina Aguilera no da pistas de ser el de la rubia más rubia, que además no habla ni una pizca de español, el tiempo también esconde sorpresas que no son lo que parece.
Tres décadas después, y en un punto de su carrera donde ya comienza a descender a gloria pasada, hoy Aguilera puso fin a una espera que se intuía infinita y apareció en escena (con musculosos incluidos) para dar por primera vez un concierto en suelo tico.
Lo que tanto esperaron miles de sus fanáticos costarricenses llegó en 2026, en el marco de la segunda fecha de Picnic, en la que la artista respondió una duda que muchos tenían: porque sí, la voz que enamoró al mundo sigue intacta.
Y aunque todos los reflectores apuntaban a ella, la jornada fue larga y tuvo otro puñado de momentos memorables.
La segunda fecha de Picnic 2026
Las primeras horas transcurrieron tranquilas. En el aire estaba la incertidumbre que dejó la primera fecha del evento, donde el aforo fue menor al de otros años. Sin embargo, conforme calentaba la tarde, lo cierto es que el Centro de Eventos Pedregal fue un verdadero llenazo.
La tarde lanzó el lazo a las piernas inquietas con los dos primeros grandes nombres que pesaban por sí mismos, pero que traían cosas muy distintas para ofrecer. De primero, los Enanitos Verdes desenfundaron toda la nostalgia ochentera, que no era precisamente tónica en el festival.
Varios que ya peinaban canas disfrutaron a gusto lo que les resultaba uno de los platos fuertes del evento. Otros que podían ser sus hijos o hasta sus nietos, igual se dejaban llevar por el rock argentino, porque la verdad ¿quién no se sabe la del Lamento boliviano?
En la otra cara del festival, la aglomeración enorme tenía por nombre Jhayco y de apellido perreo. Hace unos meses que fue la gran sorpresa en el concierto de Bad Bunny y, ahora, era él quien convocaba solito a las masas.
Con su célebre “¿Me sigue o no me sigue?” daba gala de su poder para manejar al público, a pesar de que su voz se escuchaba algo desmejorada, quizá producto de alguna gripe. Lo suyo es el trap y el reguetón, pero se acompañó de un guitarrista y, mientras cantaba su hit Medusa lo dio todo. Jhayco de seguro se sentía reinar, así como un Michael Jackson junto a Slash.
Tanta fue su indiscutible entrega que hasta regaló polémica al cantar Rosita, un tema que ha dado la vuelta a las redes sociales y a todo el ecosistema farandulero por razones que poco y nada tienen que ver con lo artístico.
En este tema —que confesó que tocaba por primera vez en vivo— hay un verso que genera discordia: “Yo me dejo (de la actual relación) y me caso contigo como Christian Nodal”. Una apología al cambio veloz de amores que no cayó nada bien a Cazzu.
La controversia luego se vistió de ironía, cuando Mora, colega y amigo íntimo de Jhayco dio su espectáculo. Al escucharlo cantar Escalofríos, pieza inspirada y que hasta contiene versos de Labios compartidos, es imposible no recordar que hace una semana Fher, de Maná, estaba en esa misma tarima despotricando contra el reguetón.
Lo más probable es que Mora ni siquiera se haya enterado de eso. El boricua hizo lo suyo, se reservó sus sonadas colaboraciones con Feid y Bad Bunny para el final y se despidió.
De pronto, el tumulto se convirtió en tránsito, pues muchos corrieron a buscar lugar en la otra tarima, donde Juanes estaba por presentarse.
Juanes y Christina Aguilera, las estrellas de Picnic
El cafetero, proyectado en blanco y negro, se dio taco del background metalero que carga en sus espaldas y empezó con un potente riff en su guitarra eléctrica. Las ovaciones se diluían y en un instante se elevaron como nunca antes, cuando, con maestría, el solo metalero se convirtió en la introducción de Me enamora.
Juanes no arriesgó y tampoco falló al elegir su repertorio. O quizá, también debe decirse, no es que le sea fácil encontrar una canción de su autoría que no sea un éxito.
Hit tras hit, el artista se llevó los aplausos que, hasta el momento, no habían resonado con tanta intensidad en el festival. La celebración dominó hasta que la voz de Juanes empezó a sonar a antesala de una singular y rubia figura, contra la que no podía competir.
El autor de La camisa negra terminó su concierto y, en poco tiempo, los alrededores de la tarima quedaron desiertos. En contraparte, miles aguardaban con ansias a Christina Aguilera.
Por fin se cerró el ciclo. Diva como siempre y rodeada de sus bailarines, Christina parecía aquella veintañera que conquistaba las listas de éxitos. Todos los presentes sabían que allí estaría, pero la sorpresa al verla fue generalizada.
Los gritos no se detuvieron mientras Aguilera hacía de las suyas con sus melismas agudos imposibles, lo mismo que con un rap ronco y carraspeado.
La fiesta seguía hasta la madrugada y no pocos estaban emocionados por los shows que estaban por venir, con Christian Nodal y Danny Ocean como protagonistas.
Pero, sin dudas, lo de Christina fue punto y final. El tiempo y sus sorpresas; hoy muchos sumaron a su recuerdo una noche más al ritmo de Aguilera; solo que esta vez la memoria es más viva y sin nada que se le parezca.
