
Hay quienes dicen que el futuro está escrito, y literalmente, eso pasó con Javier Arguedas, que en las páginas de su anuario escolar decía, como un singular preámbulo la palabra periodista, con recorte de periódico incluido.
Mucho antes de ser uno de los rostros que conecta a Europa con América Latina a través de las pantallas de la Deutsche Welle (DW), Javier ya ensayaba su destino: a los 10 años leía La Nación en voz alta como si fuera una presentación en vivo y, a los 13, una grabadora era su mejor aliada para “reportear” los recreos del Colegio Humboldt.
Ahora, Javier no solo domina el idioma y rigurosidad de la cultura alemana, sino que ha logrado balancearla con la calidez del ‘pura vida’.
La Nación conversó con el presentador de la DW en su día libre desde su casa en Berlín, donde se rodea de libros, modelos a escala de aviones en los que ha viajado y la calidez de ser costarricense. Este tico, que a los 20 años se dejó llevar por el reto de gestionar medios en Berlín, demuestra con cada gesto que la distancia no borra el acento del corazón ni las ganas de un buen gallo pinto.

La infancia aquí y allá que marcó el camino
Arguedas, ahora de 41 años, estuvo ligado con el país europeo desde muy joven. Recuerda que cuando estaba pequeño, su padre trabajaba en la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE), lo que los llevó a Colonia, Alemania, cuando él apenas tenía un año; allí estuvo por más de cinco años en el kínder y aprendiendo el idioma como “un niño local”.
Posteriormente, su familia volvió a Costa Rica y su educación continuó de la mano con ese segundo idioma, ya que años después ingresó al Colegio Humboldt, la institución educativa alemana en el país. Allí fue donde comprobó que siempre fue extrovertido y que el camino de la comunicación se abría puerta en su vida.
“A los 10 años leía los periódicos de La Nación en voz alta, como si fuera un noticiero; a los 13 entrevistaba a mis compañeros con una grabadora en los recreos”, recuerda.
Otra señal es que su página del anuario colegial está diseñada como una portada de periódico, anunciando que sería periodista. “¡Muchos compañeros recuerdan una exposición que hice imitando a la Deutsche Welle (DW) años antes de trabajar ahí! La vocación la tenía muy clara”, recuerda con gran aprecio.

Era claro que la construcción de su diseño de vida estaba escrita, no sin antes atravesar por una serie de procesos.
Empezó a estudiar Periodismo en la Universidad de Costa Rica (UCR). Sin embargo, a diferencia de muchos comunicadores que buscan el éxito solo frente a la cámara, Javier tuvo una epifanía estratégica muy temprano.
Mientras trabajaba en Repretel, “me di cuenta de que para mejorar el periodismo televisivo en Costa Rica no solo hacían falta buenos periodistas, sino una mejor gestión de medios”.
Por eso, en 2005 tomó sus maletas con destino a Alemania para estudiar la ingeniería detrás de las noticias, por lo que cursó la carrera Planificación, Desarrollo y Asesoría de Medios en la Universidad de Siegen; un viaje que tuvo boleto de ida pero no de vuelta, ya que las oportunidades para él brotaron en aquellas tierras.
El reto del idioma y la noticia filtrada
A pesar de hablar alemán casi como lengua materna, Javier enfrentó el prejuicio de ser extranjero en una industria donde el idioma es la herramienta principal y lo comprende: “Es como si un finlandés busque trabajo en Costa Rica”, bromeó sobre evidentes barreras.
“Trabajé primero en una agencia haciendo misiones comerciales para empresarios latinoamericanos y, en un evento, conocí a una encargada de distribución de la DW. Ella me contó, de manera interna, que el canal se estaba expandiendo para lanzar la señal de 24 horas en español”, narró sobre el secreto que lo cambió todo.

Javier envió un correo dando a conocer lo que le habían contado y, por supuesto, presentándose como la opción indicada. “La jefa del departamento me llamó a entrevista, en parte porque quería saber de dónde había sacado la información de que se estaban expandiendo, pero me fue muy bien y me contrataron”, recordó.
Fue así como hace 15 años inició en el departamento de ventas y, actualmente, contabiliza 12 años frente a las cámaras como presentador, periodista e incluso productor del canal que transmite desde Berlín exclusivamente para América Latina, situación que le brinda una “vida común y corriente”.
“Estar aquí (en Alemania) me da una vida privada normal, sin el escrutinio del ojo público (precisamente porque su trabajo no suele verse en el propio país en el que trabaja)”, comentó.
“Por casualidad, recientemente, alguien en el gimnasio me reconoció y me quedé atónito porque eso casi nunca pasa. En Costa Rica o cuando fui corresponsal en Colombia, sí me pasa más”, agregó.
Pura vida en Berlín, entre agenda apretada y el amor a su país
Arguedas se declara orgulloso de su país y de sus raíces. Para el comunicador, el nombre de Costa Rica es casi un sinónimo de felicidad y estar fuera lo vuelve más significativo. Aunque Javier ya conocía bien la cultura alemana, reconoce algunas diferencias con su tierra natal.
Una de las diferencias más marcadas tiene que ver con una crítica que constantemente reciben los costarricenses: el manejo del tiempo.
“En Alemania no hay espacio para la espontaneidad. Recién llegado, me preguntaban un martes qué iba a hacer el sábado y yo no tenía idea. Si querés ir a un parque dentro de dos días, ellos ya lo previeron, tienen la tienda de campaña lista y los snacks comprados desde días antes. Eso te permite tener control sobre tu tiempo”, dijo.
Sin embargo, afirma que “se extraña la calidez tica de llamar a un amigo a última hora para tomar café y que te diga que sí”, afirmó.
En cuanto a la alimentación, confiesa que extraña el arroz con camarones y el gallo pinto, además de la sencillez de una gastronomía que permite repetir comidas con gusto; situación que en Alemania no pasa. Sin embargo, admite que igual disfruta de las salchichas y la carne, famosas en ese país.
En cuanto a sus visitas a Costa Rica, las hace mínimo una vez al año en Navidad y fin de año, pero si hay un cumpleaños o una boda especial se convierte en la excusa perfecta para visitar San José y, aún más importante, a los suyos.
Incluso, se confiesa muy “amiguero”, situación que causa gracia en su núcleo familiar. “Mis papás siempre dicen —bueno, mi mamá ya no vive— que me ven más cuando yo estoy en Alemania, porque ahí me tienen sentado media hora frente al escritorio dando las noticias y me pueden ver en la pantalla”, bromeó.
Esto porque, al llegar a Costa Rica, “tira sus cosas y sale otra vez (a verse con sus conocidos)”.

“Intento visitar a todo el mundo. Trato de ver a todas las personas que conozco y también mantener los contactos laborales, que allá son muy familiares y amigables. Y, por supuesto, paso tiempo con mi familia”, explicó.
Así es como, al final del día, después de analizar bombardeos, crisis económicas y renuncias ministeriales desde el centro de Europa, Javier Arguedas sigue siendo el tico que busca la espontaneidad en una cultura de agendas rígidas.
Entre la precisión de la Deutsche Welle y el deseo de “agarrar solcito” en una playa costarricense, Javier ha encontrado su equilibrio. Logró lo que pocos: que su vida profesional sea tan sólida como un reloj alemán, pero que su esencia siga siendo tan cálida como un café en una tarde josefina.
