
El clásico ballet de La bella durmiente llega al Teatro Nacional con la fe de que −así como la princesa rompe su hechizo del sueño profundo− se despierten las conciencias y, poco a poco, la cultura del país salga del letargo al que ha estado condenada por décadas.
Con las pupilas bien abiertas, a pesar de los desvelos propios de afinar los últimos detalles, Viviana Clare, directora del Ballet Nacional de Costa Rica, advierte de que lo que afronta su gremio fuera de las tablas no es precisamente un cuento de hadas.
Este sábado 6 de junio estrenará una nueva temporada del montaje que, según cuenta, es una de las más queridas y solicitadas por el público. En el marco del estreno, la artista tuvo una conversación con La Nación en la que compartió el orgullo y la emoción que la colman por el resultado del proyecto, explicó los pormenores de la obra y, de paso, visibilizó las adversas condiciones que implica vivir “en puntas de pie” en el país.
“Estoy en un camino tratando de profesionalizar la danza para darles un trabajo digno a los bailarines. Hemos avanzado, pero diría que el estado actual es que todavía nos falta apoyo. Nos financiamos a través de las funciones de estos eventos, por eso es tan relevante vender las entradas. Es la forma de sostenernos como compañía”, comentó Clare, destacada bailarina y fundadora de la compañía.
La bella durmiente más allá de Disney
Tras el éxito de 2022, último año en que su ballet presentó La bella durmiente con todas las funciones en sold out, esta temporada regresa con las ganas intactas de cautivar a los ticos.
“La gente quedó con las ganas de volverla a ver y por eso decidimos volverlo a hacer. Aparte de que es también una historia que reúne un montón de cosas llamativas para el público y, al final, nuestra misión es acercar a la gente al arte, inclusive a la que no conoce tanto el ballet. Entonces, a través de historias más conocidas nos es más fácil”, detalló la directora.

La historia, como bien lo señala Clare, es bien conocida por cualquiera… o al menos, la memoria colectiva la tiene bien instalada en sus versiones Disney y cuento de cama exprés. Sin embargo, el milenario cuento de la tradición oral, al que los teatros imperiales de Rusia convirtieron en una pieza icónica del ballet, renace en suelo tico con otros matices.
El montaje narra cómo Aurora, en su cumpleaños 16, sufre una maldición de tintes trágicos que, en este caso, no viene de Maléfica como en la gran pantalla, sino de la perversa hada Carabosse, que busca la muerte de la doncella.
Es gracias a las hadas de las cuatro estaciones, otros de los personajes que se omiten en las adaptaciones comerciales, que el embrujo baja unos tonos y termina en que la joven yacerá en su lecho por un siglo hasta que un apuesto príncipe por fin la saque del mundo onírico. Y el resto le toca a usted verlo en el Teatro Nacional.
“Algo lindo que tiene el ballet, que no tiene la parte de Disney o la historia que conocemos, es que dentro de la obra entran varios cuentos tradicionales. Se presenta un pedacito de Caperucita Roja, un pedacito de El pájaro azul y otros relatos. Entonces es como más bonito, más completo todavía”, aseguró Viviana.
Para esta temporada, el elenco dirigido por la coreógrafa Annia Rosales Surená, estará encabezado por los artistas internacionales Laura Barbosa y Eduardo Diez, estrellas del Ballet de Monterrey, junto al estadounidense Harold Méndez, del State Street Ballet de Los Ángeles.
El equipo lo terminan de conformar 10 bailarines del Ballet Nacional de Costa Rica y jóvenes ticos que fueron seleccionados tras una etapa de audiciones. Todos se moverán con gracia y pasión, mientras portan por primera vez el vestuario que se confeccionó exclusivamente para esta temporada.
“Estoy muy alegre. No es una historia trágica, porque al final tiene algo bonito, hay niños también dentro de la historia y eso la hace ser muy amena para el público. Lo que nosotros tratamos es que el público pueda meterse en este mundo fantasioso y en este mundo mágico y pueda disfrutar”, expresó Viviana Clare.
‘Pago los mismos impuestos que Karol G’: Viviana Clare expone la dura realidad del ballet en Costa Rica
Clare fundó la compañía en el 2018, porque sus décadas como bailarina terminaron de sembrarle el convencimiento de que quedarse a esperar las promesas de una industria de danza en corcel blanco y traje azul, en definitiva, no era el camino.
Desde entonces, ha luchado junto a sus colegas por crear trabajo y ha logrado meterse en el gusto de la gente. “Ya los teatros se nos llenan”, cuenta al mirar el camino recorrido, a la vez que reconoce que los retos siguen siendo titánicos y ponen en riesgo el futuro de las artes costarricenses.
Mientras dependen de las pocas fechas que los teatros públicos pueden asignarles, hacen de calabazas carruajes para invertir en publicidad, vestuario, salarios y todas las cargas y hermanastras que nada se compadecen de los esfuerzos de ninguna Cenicienta.
“Yo pago los mismos impuestos que paga Karol G. Sería buena una diferenciación para el artista y los productores costarricenses. Con ese incentivo podríamos pagar mejor a los bailarines y poder contratar más bailarines. Ahorita solo me alcanza para contratar 10 y una compañía debería tener 30”, reveló Clare.
“También nos faltaría, bueno, eso soñando y pidiéndole la carta al niño de Dios, que haya un incentivo fiscal para el patrocinador privado, como existe en otros países. De esa forma nosotros también podríamos conseguir patrocinios por fuera y con eso podemos subsistir mejor”, agregó.
Clare afirma que esta realidad la llevan a cuestas los bailarines, pues la temporada es corta y, para muchos, representa la única contratación del año. Sin embargo, las seis horas diarias mínimas siguen siendo obligación durante lo que resta de calendario, si aspiran a seguir los duros estándares de la profesión.
“Aquí son tan entregados que ellos, cuando estamos fuera del contrato porque no tenemos temporada, vienen y hacen clase, pero bajo sus propios recursos. Es duro para ellos porque también tienen que mantenerse (económicamente) de alguna forma, entonces necesitan trabajar y mantener su cuerpo al mismo tiempo”, explicó con pesar.
Por último, la directora recordó que invertir y atender las demandas del sector artístico es mover los engranajes para que la cultura cale profundamente en la sociedad. De hecho, recalcó que cada año donan una función benéfica y que llevar el ballet y el resto de las artes a los rincones del país debería ser impulsado con mayor voluntad.
“Como compañía estamos preocupados por el aspecto social. Pienso que uno no puede quedarse en lo pequeñito y la forma de hacer algo grande es salirse de la burbuja y llegar a toda la sociedad, a los más vulnerables, a las zonas rurales… a lo que podamos”, afirmó.
El Ballet Nacional de Costa Rica presentará La bella durmiente en el Teatro Nacional este 6 y 7 de junio. En total, serán tres funciones: sábado a las 7 p. m. y domingo a las 11 a. m. y 4 p. m. Las entradas pueden adquirirse mediante el sitio web ticketshow.cr.
