
En el marco del Día Internacional de la Mujer, la voz de Maureen Salguero se suma a las de millones de mujeres que decidieron romper el silencio frente a la violencia sexual, no como un gesto aislado, sino como un acto de dignidad y de reparación simbólica.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida, una realidad devastadora que revela la magnitud de este problema y la urgencia de escucharlas.
En entrevista con La Nación, la presentadora de televisión y locutora Maureen Salguero, conocida cariñosamente como “la tía”, compartió con valentía lo que significó para ella romper el silencio sobre una herida que marcó su adolescencia y transformó su vida: a los 16 años fue víctima de una violación.
Del dolor a un nuevo propósito
Ese “veneno”, como lo describe, al inicio solo significó dolor, pero con el tiempo entendió que las consecuencias eran profundas y numerosas: tristeza intensa, vergüenza injusta y una culpa que nunca le perteneció.
“Durante años conviví con desconfianza, miedo y una autoexigencia feroz que intentaba compensar lo que creía que me faltaba, una carga que me acompañó por décadas. Hasta que llegó la oportunidad de hablarlo y apartar lo que pasó de lo que soy. En esa misma línea, los últimos años de mi vida también han sido marcados, pero desde la transformación. Hoy el dolor no define mi identidad, pero sí transformó mi propósito”, comentó.
Desde la memoria y la esperanza, Maureen levanta su voz no solo por sí misma, sino por todas las mujeres que aún buscan las palabras para nombrar lo que vivieron y, si así lo deciden, denunciarlo.
“No se trata de instalar una narrativa polarizante de mujeres contra hombres, ni de competencias inútiles que desvíen la atención, se trata de detenerse a pensar en un día simbólico cuál es mi posición al respecto y ‘socar tornillos’ donde haga falta”, afirmó.
Hablar no borra lo ocurrido, reconoce Salguero, pero sí redefine quién se puede ser después del dolor: una mujer capaz de convertir la herida en propósito, el miedo en fuerza y el silencio en una herramienta de libertad.
“Creo firmemente que la historia de cada mujer tiene poder. Por ende, el silencio mantiene intactas estructuras que necesitan ser cuestionadas. Fueron los años los que me enseñaron el enorme valor de compartir experiencias, el efecto sanador que conlleva”, comentó al referirse a su caso, que hizo público en redes sociales hace varios años.
Según explicó, compartir este hecho tan personal no fue un impulso del momento, sino una decisión meditada y tomada cuando sintió que era el momento adecuado. “Mi vida se había nutrido de la apertura de otras mujeres y cuando me sentí emocionalmente preparada tomé la decisión de compartir la propia”, aseguró.
Antes de dar ese paso, atravesó un profundo proceso interno, lleno de dudas y sentido de responsabilidad, en el que también pensó en su familia y en el impacto que tendría un testimonio público.
Reconoce que sintió miedo, especialmente a los ataques contra su credibilidad, “los mismos que reciben otras víctimas cuando son cuestionadas y culpabilizadas por un acto atroz e injusto que no buscaron ni pidieron. Esos miedos suelen ser más hirientes que el recuerdo del hecho”, aseguró.
Sin embargo, subraya que el miedo no desapareció: simplemente dejó de gobernar su vida. Para poder alzar la voz, Maureen atravesó un proceso terapéutico que incluyó a sus hijas y se sostuvo en la empatía de otras mujeres.
“Entendí que el silencio también envía un mensaje, que la indiferencia es parte del problema y que mostrar una cicatriz lleva implícito el contar una historia”, mencionó.
Romper el silencio no significó, en su caso, un camino sencillo ni lineal. Tras hacerlo público, también debió enfrentar momentos difíciles y reafirmar, una y otra vez, que la resiliencia no debe romantizarse.
Ella misma lo explica: sobrevivió sola durante muchos años, más de los que hubiera querido, y ese tiempo tuvo un costo emocional profundo.
“Después llegó la terapia, las redes de apoyo, una espiritualidad sana y llena de amor real, encontrar mi voz y usarla a través de lo que ha sido mi causa desde entonces. Es justo agregar que sanar no es olvidar, es lograr que el recuerdo no te paralice, avanzar apropiándote de la persona que sos”, agregó.

Violencia que se repite en millones de mujeres
Como se mencionó al inicio de este artículo, el testimonio de Maureen llega en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una fecha que invita a mirar la violencia de género no como un asunto privado, sino como un problema estructural que impacta a niñas, adolescentes y mujeres en todo el mundo.
Su historia se inscribe en una realidad que afecta a muchísimas mujeres: cerca de 736 millones han sufrido violencia física o sexual a manos de una pareja o de otras personas, una cifra que permanece prácticamente estable desde hace años y que sigue siendo subestimada por el miedo, el estigma y el subregistro.
Esos mismos factores se amplifican en contextos donde los discursos de odio y la desinformación responsabilizan a las víctimas, fortalecen la impunidad y desalientan las denuncias.
En el caso de Salguero, tras compartir su vivencia, también recibió comentarios que intentaban deslegitimar su relato.
“Cuando una mujer habla de violencia sexual, siempre hay alguien que intenta deslegitimar su voz, habrá quien prefiera el silencio porque hablar incomoda. Yo elegí incomodar antes que callar y no, yo no estoy generando contenido ni seguidores a través de la tragedia, estoy generando conversación y la conversación salva vidas. Hablar sí lleva implícito un acto de sanación personal, pero también tiene la capacidad de tocar y abrazar a muchas”, enfatizó.
Tras hacer público su testimonio, muchas mujeres se acercaron a ella para compartir sus propias experiencias de violencia. Maureen recibe cada historia desde el respeto, pero es clara en que su rol tiene límites.
“No soy terapeuta, pero puedo acompañar desde la atención sin juicios ni prejuicios. Creyente como soy del proceso individual, procuro recomendar siempre el abordaje profesional”, dijo Salguero.
‘No fue tu culpa’: un mensaje para sobrevivientes
Para Salguero, aunque el alcance de un testimonio es imposible de medir, lo verdaderamente importante es el mensaje de fondo: simboliza secar lágrimas compartidas y sembrar esperanza en medio del miedo.
En la entrevista, Salguero también señaló que conoce casos en los que las víctimas son condenadas y culpadas por la agresión que sufrieron, algo que considera indignante y peligroso.
“Culpar a la víctima es una forma de proteger la idea de que el mundo es seguro si ‘hacemos todo bien’, pero la violencia sexual no funciona así”, comentó.
Según la locutora, este tipo de actitudes termina justificando las conductas del agresor, que se escuda en la provocación, la ira o el descontrol. “Un acto de esa naturaleza es injustificable, reprochar a la niña, adolescente o mujer por lo que hizo o dejó de hacer las anula, las desaparece, las borra”, enfatizó.
Desde su experiencia, Maureen considera que Costa Rica necesita cambios urgentes para que las mujeres se sientan más seguras al alzar la voz. “Necesitamos un país donde denunciar no sea un segundo trauma, procesos judiciales menos revictimizantes y con perspectiva de género”, aseguró.
También señala la importancia de fortalecer la educación emocional y sexual en cada etapa de vida, así como enseñar a la niñez herramientas claras de protección y la capacidad de distinguir el consentimiento, elementos que organismos internacionales señalan como claves para prevenir la violencia de género.
En el cierre de la conversación, Maureen dedicó un mensaje directo a las mujeres que han vivido abuso sexual, palabras que nacen de su propia historia.
“Les voy a decir lo mismo que le dije a la Maureen de 16 años, violada por un adulto que utilizó una investidura policial falsa para colocarse en una posición de control frente a una adolescente camino al colegio: ‘No fue tu culpa, te lo repito, no fue tu culpa. Y no importa cuánto tiempo haya pasado, tu silencio no te hace débil o cómplice, te ha permitido sobrevivir’“, agregó.
A las familias y personas cercanas a víctimas les pidió: “Escúchenla sin interrogar, créanle sin cuestionarla, acompáñenla sin exigir que denuncie si no está lista. No minimicen su dolor, a veces la sola presencia con empatía inicia el alivio”.
Para Maureen, hablar de su caso no borra lo que pasó, pero sí transforma lo que hace con ese pasado. Insiste en que el silencio protege al agresor, mientras que la palabra, cuando la mujer se siente lista, puede ser una vía de liberación y de cambio social.
“En definitiva, no somos lo que nos hicieron; somos lo que decidimos construir después... El 8 de marzo, para mí, es memoria histórica colectiva y personal... Es un recordatorio de lo que falta”, concluyó.

Tras décadas de silencio, la presentadora Maureen Salguero decidió hablar para convertir un hecho que marcó su adolescencia en una voz que acompañe a otras mujeres.
