
A los 91 años, en noviembre, Irwin Hoffman anunció que se retiraba de los podios de dirección.
La decisión, dice ahora, fue precipitada. Aunque canceló sus conciertos pendientes para el 2015, este año decidió que era inútil evadir lo inevitable: su vida ha estado, por casi ochenta años, dedicada al servicio de la música.
Después de eso, Hoffman ha vuelto a su vida normal de dirección, dirigiendo orquestas en Costa Rica, Colombia y Hungría.

Este sábado 5 de marzo, en el Teatro Nacional, dirigirá a la Orquesta Sinfónica Juvenil en una cita con piezas de Richard Wagner (obertura de Los maestros cantores de Núremberg) , Edvard Grieg ( Concierto para piano y orquesta en la menor ) y Johannes Brahms ( Cuarta sinfonía ).
El trabajo con sus músicos, incluso los más jóvenes, es tan exigente como siempre lo ha sido. El martes, antes de uno de sus ensayos, el maestro y director emérito de la Orquesta Sinfónica Nacional respondió a Viva sobre el regreso de su batuta y su Premio Nacional de Cultura.
Anunció su retiro en noviembre. ¿Es cierto que se arrepintió?
Sí, anuncié mi retiro, pero no me voy a retirar. Lo que pasó fue que varias orquestas me pidieron conducir, como ocurre todos los años. Cancelé los conciertos, incluyendo el que tenía con la Orquesta Sinfónica Nacional.
Las orquestas se negaron a aceptar mi retiro y me pidieron que por favor no lo hiciera. Entonces, el 24 de marzo voy a conducir en Hungría; será mi décima aparición como director invitado en Budapest. La Orquesta Juvenil me pidió que dirigiera un concierto en la EARTH, en enero. Acepté el concierto de este sábado 5 y también acepté dirigir un concierto en noviembre.
En otras palabras, voy a continuar como antes. Creí que sería agradable retirarme, pero después no me gustó la idea.
En enero recibió el Premio Nacional de Música por su trabajo de dirección con la Orquesta Sinfónica Juvenil. ¿Qué representa recibir ese reconocimiento en este punto de su carrera?
Ser reconocido por mi contribución a la cultura, en cualquier lugar, es muy placentero. Ser reconocido en Costa Rica es especialmente placentero porque vivo aquí. Estuve 15 años como director titular de la Orquesta Sinfónica y, luego, el año pasado, la Orquesta Juvenil me invitó a dirigir varios conciertos, uno de ellos en la EARTH, uno en el Teatro Nacional y otro en el Festival Internacional de las Artes.
Cuando me invitaron a trabajar con la Orquesta Juvenil fue como si mi vida continuara en Costa Rica con una nueva generación. Me da mucho placer continuar contribuyendo a la cultura musical del país que me adoptó.
Trabajamos muy duro, tocamos un concierto en la EARTH que fue tan bueno que me dieron este premio. Me gustaría que los costarricenses supieran que tienen mucho talento en sus jóvenes; que supieran que, para un país relativamente pequeño, la proporción de personas con talento musical no tiene comparación.
Una vez contaba en una entrevista (2013) que desde los seis años memorizaba partituras de Beethoven. A los 17 años debutó como director de orquesta. ¿Qué significa para usted haberle dedicado su vida a la música?
He dirigido orquestas por siete décadas. Lo que significa es que dirigir es la esencia de mi existencia. Intenté negarlo recientemente, pero fue caprichoso. La verdad es que debí quedarme callado y si hubiera esperado un poco más no hubiera dicho nada. La Nación me quería entrevistar y no quería que lo hicieran porque no podía explicar satisfactoriamente lo que estaba haciendo.
¿Se sentía cansado?
No me sentía cansado, solamente sentía que era suficiente y que no quería dirigir. Fue muy caprichoso. Me senté frente a la computadora y escribí un montón de cartas para decir que cancelaba los conciertos. Poco después, me lo reproché. Sentí que fue un sentimiento temporal al que di voz y supongo que, cuando uno envejece, hace cosas tontas.
Pero al envejecer también uno se vuelve más sabio.
Mi primera reacción fue ser tonto, la segunda fue ser sabio.
De esta sabiduría, ¿qué ha descubierto de sí mismo a través de la música?
Mi papá me puso frente un atril a los seis años. Yo no lo pedí, pero me puso un violín debajo de la barbilla. En ese momento, no tuve opción. Hice lo que mi padre me dijo y practiqué.
La música no fue algo natural para mí, como niño estaba haciendo cosas que los demás no estaban haciendo. Cuando salían de la escuela, otros jugaban béisbol y yo tenía que practicar. Tuve que ver a niños de mi edad haciendo otras cosas mientras yo me desgastaba en el violín.
Cuando pasaron los años, lo que era inusual en mi niñez se convirtió en una forma natural de vida. La música comenzó a ser un lenguaje como cualquier otro, en el que las emociones y pensamientos se comunicaban.
Después, mi apetito por sonidos más complejos creció y antes de que me diera cuenta ya no estaba tocando violín sino que estaba dirigiendo orquestas. De repente, a los 17 años, estaba conduciendo la Orquesta de Filadelfia y la emoción de esa experiencia fue suficiente para estimularme a ser serio con lo que quería hacer y, ahora, estoy aquí.
¿Qué se siente haber tenido un papel tan importante en la historia de la Orquesta Sinfónica y la formación de sus músicos?
Cuando vine a Costa Rica como director invitado y, luego, como titular en 1987, la Orquesta estaba en un periodo de transición. En unas tres temporadas logramos disciplinar los instrumentos, tocábamos música muy difícil y el sonido era muy maduro aunque eran personas muy jóvenes. Fue muy gratificante llegar en una transición tan grande.
Como educador musical en Costa Rica, ¿cuáles fueron los problemas más grandes que tuvo que resolver en Costa Rica?
Nunca hubo resistencia al crecimiento de la Orquesta y siempre tuvimos suficiente dinero.
Las temporadas eran un poco estáticas, en el sentido en que la temporada principal de doce conciertos se quedó así. Y la razón para eso es buena. No es que la orquesta no pueda tocar más conciertos sino que la población es tan pequeña que no se puede atraer a tanta gente para escucharnos. San José no es una ciudad como Boston o Chicago, no se puede esperar una asistencia similar. Pero dado el tamaño del país, siempre me complació el apoyo económico, el entusiasmo de los Ministros de Cultura que siempre apoyaron a la Orquesta y continúan haciéndolo.
Ahora estamos en un período en el que los fondos para cultura no están tan accesibles como queremos, pero las cosas cambian.
No puedo decir que la orquesta estuvo en peligro de cerrar como ha pasado en otras partes. La Orquesta Sinfónica es una parte absoluta de la sociedad costarricense y siempre estará ahí.
Concierto en el Teatro Nacional
Este próximo sábado 5 de marzo, la Orquesta Sinfónica Juvenil ofrecerá un concierto con música de Richard Wagner, Edward Grieg y Johannes Brahms a las 8 p. m. La dirección estará a cargo de Irwin Hoffman y recibirá como solista invitado al pianista costarricense Sergio Sandí, quien está radicado en Nueva York como asistente del Departamento de Técnicas del Manhattan School of Music. Las entradas tienen un costo de ¢5.000.
