“Francamente... no me ocupo de la crítica”

La costarricense asegura que a sus 47 años lo único que le preocupa es satisfacer a su público

A sus 47 años, la soprano costarricense Íride Martínez asegura que no hay crítico que la intimide. Ella está tan convencida de su trabajo, que sabe que ningún comentario publicado en un medio de comunicación la hará dudar de él.

Así lo aseguró la artista después de que el diario Jerusalem Post analizara La Fille du Régiment, una ópera de Gaetano Donizetti, producida por la Ópera Israelí del Tel Aviv Performing Arts Center.

En este espectáculo, la artista interpretó el papel de Marie, uno de los roles principales de la obra.

Sobre la producción, el diario publicó una crítica en donde aseguró que, en el primer acto de la obra, la voz de la costarricense se escuchaba “tensa e inestable en las notas altas”. Pese a esto, ese mismo medio de comunicación también publicó que la voz de la tica se escuchó “brillante, clara y relajada” conforme avanzó la presentación.

Ante estos señalamientos, la cantante manifestó que, a su edad, aprendió que lo importante es el favor del público, por lo que la crítica ya no es importante para ella.

Sobre su incursión en un escenario en el que nunca antes había cantado, y su participación en lo que serán las actividades de inauguración del Estadio Nacional, Viva habló con la única costarricense que ha cantado en teatros como el Covent Garden de Londres y el Teatro La Scala de Milán.

Su primer espectáculo para este año fue en Israel, ¿cuán difícil fue asumir esa responsabilidad en medio de una situación política tan tensa en la región?

El área tiene una situación política complicada, pero yo fui a gozar de la vida. Por supuesto que hay problemas, pero en Tel Aviv no se perciben fácilmente, al menos, alguien como yo que estaba de paso, o para un turista.

“Israel es un país muy interesante, con muchos contrastes; Jerusalén es una ciudad estupenda, pero realmente yo estaba concentrada en hacer mi trabajo; iba del trabajo a la casa y otra vez al teatro. De hecho, siempre estuve en Tel Aviv metida en mi trabajo, tenía funciones cada día de por medio y eso significa estar todo el día en el teatro”.

Uno se pregunta si en medio de esas circunstancias, la gente aún tiene tiempo para el arte y el entretenimiento...

En Tel Aviv uno lleva una vida tranquila, me recordó mucho a Buenos Aires, Argentina. Tiene mucha vida social, muchos jóvenes y pese a las circunstancias que se viven en la región, la gente sigue con su vida, va a conciertos, asiste a la ópera, como sucede en cualquier parte del mundo.

¿Cuán diferente es el público de esa región en comparación con el europeo y el americano?

El público es más o menos igual. La gente es cordial, muy linda, tuve muy buenas experiencias. En el teatro tienen una tradición muy bonita, y es que antes de cada espectáculo hacen una charla para introducir al público; además, luego de tres funciones hacen un conversatorio con los artistas al que la gente puede ir para hacer preguntas sobre el trabajo de los cantantes. Es muy interesante porque uno puede contar sobre su experiencia.

“Una de las situaciones más bonitas fue trabajar con el maestro Alberto Zedda (director de la ópera); él es uno de los historiadores más importantes del bel canto, es un hombre de más de 80 años, con muchísima experiencia. Estar con ese ‘monstruo’ de la lírica fue una gran educación, un gran aporte a mi carrera... era un sueño mío”.

Pese a esto, el maestro Zedda destacó su trabajo. ¿Cómo fue la experiencia a su lado?

Él es terriblemente estricto y terriblemente crítico. Los maestros con los que yo he trabajado son sumamente exigentes y si uno no es un profesional la ve mal. Yo tuve un ensayo de una hora solamente con él. En el ensayo me hizo pasar las arias y me pidió cosas muy precisas, con un modo muy exquisito de decir lo que él quiere, porque él le dice a uno: “si usted lo hiciera de esta forma, sería mejor” y uno como artista, queda con la inquietud.

“El trabajo con el maestro Zedda es muy exigente; él es de esos directores que si uno no hace lo que él quiere de una vez, se enojan, es como un pianista, que si no encuentra el piano a su gusto, le molesta; sin embargo, él no solo es exigencia, también da mucha libertad”.

La crítica lanzó comentarios positivos y negativos, ¿le preocupó eso en algún momento?

Francamente... no me ocupo de la crítica. Eso es algo que me pasa en los últimos dos años. A estas alturas ya uno sabe cuándo puede cantar y cuándo no, cuándo hace las cosas bien y cuándo no. A mí lo que me interesa es la respuesta del público, estar concentrada y hacer las cosas mejor que uno pueda.

“Como profesional uno no puede evitar que exista un sector del público al que no le gusta el trabajo de uno, pero yo no me concentro en ellos, me concentro en la gente a la que sí le gusta, que es al final la que me importa”.

Este martes se confirmó su participación en las actividades de inauguración del Estadio Nacional, ¿qué significa esta oportunidad?

Estoy muy contenta. Esta también es una manera de hacer un aporte cultural en medio de un evento tan grande; además, esto también significó la posibilidad de que yo regrese a casa para poder trabajar con los muchachos de la Fundación Jóvenes Cantantes.

¿Cuán difícil será este concierto? No es lo mismo cantar en un teatro que en un estadio...

Yo siempre prefiero cantar en espacios cerrados, pero este no es el caso; uno participa más por la proyección que tenga el evento que por hacerlo de manera muy ortodoxa, musicalmente hablando, este no es un concierto más o menos que retador que otro.

Tras estas presentaciones, ¿qué otros planes tiene?

En diciembre del 2010 hice mi debut en el papel de la Reina de la Noche (un malvado personaje de la ópera La flauta mágica, de Wolf-gang Amadeus Mozart) y ahora tengo contratos para volver a hacerla los próximos años en Oviedo (España), Ámsterdam (Holanda), Berlín y Dusseldorf (Alemania).

“Esto me alegra porque la Reina de la Noche es un papel que lo tenía un poco guardado porque antes lo sentía un poco lejano y es difícil; sin embargo, ahora lo veo como un aria muy corta que me descansa mucho y me gusta mucho cantarla... ¿será porque soy una vieja bruja? (se ríe)”.

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