
Marcos Vidal regresará a Costa Rica con una invitación que va más allá de la música: detenerse, mirar hacia dentro y recordar que, incluso en los días de incertidumbre, la fe puede ser un ancla firme.
El cantante, compositor, pianista y pastor evangélico español se presentará el viernes 14 de agosto, a las 8 p. m., en el Auditorio Comunidad PAS, en Carmen de San José. Será un reencuentro esperado con un país al que guarda especial cariño y del que conserva recuerdos familiares, paisajes y la cercanía de su gente.
“Hace muchísimo tiempo que no estoy por Costa Rica y guardo un recuerdo buenísimo del país. Tengo muchas ganas de volver”, expresó Vidal a La Nación, quien espera compartir “un tiempo de mucha bendición” con el público costarricense.
La velada contará con un segmento acompañado por su banda y otro más cercano, con Vidal frente al piano. En ese formato íntimo, el artista espera que las canciones se conviertan en un espacio de comunión y reflexión.

Canciones para volver a lo esencial
Con más de cuatro décadas de trayectoria, Marcos Vidal construyó una carrera en la que la música sirve como vehículo para hablar de la fragilidad humana, el perdón, la identidad, la pérdida y la posibilidad de comenzar de nuevo.
Para él, preparar un concierto no consiste únicamente en elegir canciones o afinar arreglos musicales. Aunque valora profundamente el talento de los músicos que lo acompañan, su principal preocupación está en el mensaje que llegará a quienes ocupen las butacas.
“Me gusta conocer y pensar un poco antes acerca del país donde voy y de la necesidad espiritual que pueda haber”, señaló.
El artista expresó su deseo de que, más allá de las luchas personales que atraviese cada asistente, el concierto deje una certeza: la vida no se mide por los logros, los talentos, la apariencia ni el reconocimiento de los demás.
“Hay un mensaje muy importante y es que sí se puede, sí podemos”, afirmó.
Vidal consideró que en una sociedad donde muchas personas son valoradas por lo que han conseguido o por la imagen que proyectan, es necesario recordar que el amor de Dios no depende de méritos ni de éxitos personales.
“Las emociones son siempre como una montaña rusa, siempre van subiendo y bajan, pero por eso necesitamos un ancla firme. Para mí, la fe cristiana es ese ancla firme”, reflexionó.

La historia detrás de sus himnos
Temas como Cara a cara, El milagro y El payaso han acompañado a miles de personas en momentos de duelo, búsqueda, celebración y oración. Sin embargo, detrás de esas canciones que hoy forman parte del repertorio de muchas comunidades de fe hay experiencias sencillas, conversaciones y vivencias profundamente humanas.
Según contó, Cara a cara, una de sus composiciones más conocidas, nació después de una noche difícil durante una actividad de evangelismo en el sur de España. La lluvia, la indiferencia y las burlas marcaron aquella jornada, tras la que el grupo regresó con la sensación de no haber logrado nada.
Pero, en medio del silencio de aquella noche, una conversación sobre cómo sería contemplar a Jesús sembró la idea que luego se transformaría en canción.
“Verlo a él significa que ya lo viste todo”, relató Vidal al recordar el origen del tema. “En el camino de regreso a casa fue que nació esa canción”, agregó.
Con el paso de los años, el cantautor recibió mensajes de personas que han encontrado consuelo en esa pieza, ya sea en despedidas, funerales o pérdidas familiares. Para él, saber que sus canciones encontraron un lugar en la historia íntima de otros es una experiencia difícil de explicar.
“Sentir que la gente canta esas canciones y las hace suyas, para mí es una satisfacción grande, es como misión cumplida”, dijo.
En El milagro, Vidal vuelve la mirada hacia la misericordia de Dios. La canción, inspirada en las parábolas de la oveja perdida y el hijo pródigo, también tiene una raíz autobiográfica.
“Yo soy ese que regresó, ese que vivió el milagro”, manifestó el cantante al recordar un quebranto de salud que tuvo a los 14 años.
“Pensé que iba a morir... Todo lo que tengo es por misericordia de Dios, es un regalo”, añadió.
Para Vidal, regresar una y otra vez a ese origen es un ejercicio necesario: reconocer que nadie permanece en pie por méritos propios y que la gracia puede alcanzar incluso a quien se siente lejos, perdido o sin fuerzas.
La fe también conoce la duda
Lejos de presentar una espiritualidad libre de conflictos, Marcos Vidal reconoció que ha enfrentado crisis de fe, momentos de dolor y preguntas que no siempre tienen una respuesta inmediata.
“La vida se encarga de traernos momentos amargos, pérdidas, decepciones, traiciones, enfermedad, dolor. Todo eso, la vida está llena de todo eso”, comentó.
Sin embargo, sostiene que la fe no consiste en negar esas realidades, sino en aprender a sostener la esperanza aun cuando no se entiende el camino. Para Vidal, creer también es caminar en medio de la contradicción: aferrarse a una presencia que no siempre se ve, pero que se experimenta.
“He tenido crisis de fe importantes. Uno va aprendiendo con los años y también va madurando. He aprendido a dudar de mí mismo. Cada vez dudo más de todo, pero no puedo dudar de él; cada vez dudo menos de Dios”, comentó.
Esa mirada también atraviesa El payaso, una canción que aborda la insatisfacción interior y la costumbre de esconder el dolor detrás de una imagen aceptable ante los demás. Vidal considera que el mensaje es particularmente actual en una época marcada por las comparaciones y la búsqueda de aprobación en redes sociales.
“No necesitamos ser otra persona; necesitamos ser nosotros mismos... El reto que tenemos es florecer ahí donde Dios nos plantó, con lo que él nos dio”, expresó.
Un puente para su generación
Vidal define su misión de vida como el deseo de reflejar a Jesucristo en lo cotidiano: en su rol como músico, pastor, esposo, padre y amigo. Más que construir una figura pública impecable, aspira a que su vida y sus canciones puedan dirigir la mirada hacia Dios.
“Quisiera ser recordado como que serví a mi generación, serví a Dios y pude ser un puente entre Dios y mi generación”, afirmó.
A sus seguidores en Costa Rica les envió un mensaje de afecto y expectativa por este reencuentro. “Estoy deseando llegar y poder estar el poquito tiempo que el Señor nos va a dar ahí, pasarlo bien y poder compartir con la gente”, dijo.
Sin duda, el concierto del 14 de agosto será para muchos el reencuentro con himnos que acompañaron su caminar de fe; para otros, la primera oportunidad de descubrir una música que invita a hacer una pausa, levantar la mirada y encontrar consuelo.
Será una noche para recordar que la esperanza no depende de las circunstancias y que, incluso cuando el camino se vuelve incierto o la tormenta parece no terminar, Dios permanece cerca: fiel, presente y capaz de renovar el corazón.

