La historia de Junior Álvarez podría definirse como un sabroso calipso; tiene un verso triste, un coro luminoso y un ritmo que nunca se detiene. La vida del calipsonian es así: de amores, guitarras aprendidas a tocar en la calle, de huidas y una apasionada fidelidad a la música.
Impetuoso como es el ritmo caribeño, Junior, a sus 81 años, prepara sus maletas para emprender la primera gira europea de su carrera. Sí, durante varios días, Junior y sus calypsonians llevarán a España y Francia la herencia caribeña de esta tierra.
Se trata de un recorrido que tiene algo de justicia poética: después de más de seis décadas dedicadas a la música, el Caribe que habita en sus canciones cruzará el Atlántico para seguir contando historias.
La leyenda viviente del calipso costarricense
Antes de convertirse en uno de los grandes guardianes del calipso costarricense, Junior fue un muchacho de Bluefields, Nicaragua, que aprendió música por intuición y que comenzó su carrera artística interpretando el rock and roll vestido como Elvis Presley.
No hubo academias ni maestros, pero sí curiosidad, talento, oído y pasión. Aprendió la pesca al lado de su padre y así, apaciblemente, pasaba sus días entre guitarras y cañas de pescar. Era una vida tranquila, hasta que un día fue hostigado por el régimen sandinista.
Los años más convulsos de Nicaragua lo fueron también para el humilde músico y pescador. La revolución, la persecución política y una serie de encarcelamientos injustos lo empujaron a abandonar su país.
Durante años transitó entre Honduras, Gran Caimán, Jamaica y Nicaragua, intentando escapar de una violencia que amenazaba con alcanzarlo.
“Si usted se queda aquí, lo van a matar”, le advirtió su pareja de entonces. Junior no hizo oídos sordos y huyó.
La lejanía de su tierra natal lo hizo aprender, no solo de música, sino también de la vida y del odio, porque a él lo juzgaban por algo que no había hecho: lo acusaban de conspirar con los indígenas para, según los sandinistas, derrocar al gobierno. Nada más alejado de la realidad, porque Junior, con su guitarra y su caña de pescar, dedicaba su vida a eso: trabajo y música.
Después de ir por allá y por acá, de navegar y atravesar fronteras buscando refugio y paz, Junior tomó la decisión de volver a Nicaragua para ver a su familia. “Los sandinistas estaban agarrando a todo el mundo, así que dije: ‘Nada de esto’”, y de nuevo se fue, pero esta vez para instalarse definitivamente en lo que él mismo llama el paraíso: Costa Rica.
Llegó al Caribe tico cuando tenía unos 35 años y se enamoró. Venía con poco más que su experiencia musical y la voluntad de empezar de nuevo, encontrando aquí más que un refugio: un hogar y un escenario.
Limón, calipso... Junior
Fue hasta llegar a Limón que Junior aprendió el lenguaje del calipso. Apenas unas horas después de instalarse en la casa de una hermana en Limoncito, un hombre llegó a buscarlo.
Junior no sabía por qué el hombre conocía de su llegada al lugar, pero se le apareció con una guitarra y lo invitó a tocar esa noche. Junior salió con él sin saber lo que la velada le depararía: ¢18.000 ganados apenas un par de horas después de salir a tocar, un platal.
Pero lo importante no fue el dinero, sino el descubrimiento de ese ritmo que se escuchaba en las calles, en los pueblos costeros y en los músicos limonenses.
Junior fue haciéndose de un nombre y así llegó a oídos del conocido Charro Limonense, figura de la música del lugar. Junto a él siguió su carrera tocando, por supuesto, música ranchera, pero sin dejar de lado su pasión por el calipso.
A lo largo de los años, Junior se convirtió en referencia y, en una época en que muchas tradiciones luchan por sobrevivir, él ha dedicado buena parte de su vida a mantener viva esta herencia.
Ahora, de la mano de su hijo Danny, es la muestra más visible de la música tradicional caribeña. Padre e hijo comparten escenario y mantienen viva la conversación musical que atraviesa generaciones. Junior representa la memoria, Danny encarna el futuro; con ellos el calipso sigue respirando.
Hace apenas un mes, después de casi medio siglo viviendo en nuestro país, recibió oficialmente la ciudadanía costarricense. Un reconocimiento más que ganado y merecido, pero para él, un regalo de la vida.
Cuando habla sobre lo que significa Costa Rica para él y, más aún, ser ahora llamado tico, la voz se le llena de emoción. “Este es el paraíso. Soy el hombre más feliz”, comenta con los ojos brillantes el artista, denotando que en esa frase está el peso de toda una vida.
Junior no solo encontró en el suelo tico y sus playas la paz, sino también el género musical que terminaría definiéndolo: aquí aprendió a tocar calipso y el calipso se hizo cultura en él.
Su nombre, puesto al lado del de Walter Ferguson, es sinónimo del calipsonian: un narrador de comunidad, un custodio de la memoria y un cronista de la vida cotidiana. En sus manos y garganta lleva la responsabilidad de la tradición oral ,reposada en esa música que es Patrimonio Cultural Inmaterial de Costa Rica.
Europa espera el calipso
A partir del 16 de junio, Junior y sus calypsonians llevarán su alegría y sabor a Madrid y Barcelona, en España, así como a las ciudades de Andernos, Ruffec, Meymac, Mestras y París, en Francia. El cierre de la gira será el 27 de junio, en la capital francesa, en el Costa Rica Music Fest. Será la primera gira europea de un músico que comenzó tocando de forma autodidacta en Bluefields y que terminó convirtiéndose en una de las voces más representativas del calipso costarricense.
Este viaje no es solamente una serie de conciertos; es la confirmación de que el calipso limonense sigue vigente y que las historias del Caribe tico todavía tienen oídos que conquistar.
A Europa irán Junior, Danny (bajo), el saxofonista Fabián Zuce y el baterista Renato Conejo.
“Esto es alegría, es la esencia máxima de la expresión caribeña que tenemos en el país. Es una música muy del mundo, el Caribe es universal y esa esencia nos da un lugar muy valioso”, manifestó Danny de cara a la gira.
Pero las buenas noticias no se quedan ahí. Al regreso de Europa, Junior y sus calypsonians estrenarán el disco Legacy, una compilación de éxitos que se grabaron de la mano del productor Andrés Cervilla.

“No todos los días se hacen discos de calipso y este país tiene una deuda gigante con esa memoria que no se ha recopilado. Grabar esta música significa revitalizar el calipso. Está lleno de arreglos y colores distintos, pero también es muy tradicional”, explicó Zuce.
No hay duda que a sus 81 años, con una gira por Europa y un disco pronto a ver la luz, la leyenda viviente Junior Álvarez es un ejemplo de constancia.
“Ojalá que los jóvenes sigan los pasos, porque ahora a los jóvenes no les gusta el calipso; les gusta otro tipo de música. En Cahuita hay unos chiquitos que están aprendiendo y es bueno que lo sigan haciendo para que no se muera el calipso”, concluyó Junior con su voz profunda, una que lleva en sus palabras la historia y el valioso legado.
