Cuando el sol se escondió detrás de los árboles de La Sabana, el aire se cargó de expectativa: estaba por comenzar el concierto de Ivy Queen, la artista que convierte cada escenario en un reino de ritmo y poder.
El cierre del Festival Internacional de las Artes 2026 (FIA) tenía emocionados a miles de ticos que se dieron cita en el parque josefino, pero no solo costarricenses vivían a flor de piel los sentimientos. Elizabeth González lo confirmó con una sonrisa brillante, ella oriunda de Honduras y residente en Costa Rica desde hace siete años, aseguró que este tipo de eventos tienen un espíritu que une a las familias.
La mujer llegó acompañada de su amiga Grettel, ambas vestidas con atuendos llenos de pedrería que destellaban como estrellas al reflejo de las luces. “Hoy es el gran concierto de la gran Caballota, me vine un poco sexy y gótica. Quiero darlo todo, quiero gritar, quiero disfrutarlo; es mi primera vez en un concierto de ella”, comentó González, con la emoción vibrándole en la voz.
Como ellas, muchos llegaron en grupo, listos para soltar el cuerpo y dejarse llevar por los sonidos del reguetón. Fabiola, Ximena y Maripaz marcaban el paso entre risas y selfies, decididas a disfrutar del espectáculo. Las jóvenes estaban listas para corear a todo pulmón sus canciones favoritas Quiero bailar y La vida es así.
Mónica, de 34 años, también se unió a la fiesta, acompañada de su perrito Coco y varias amistades. Para ella, la cita era un viaje al pasado, una oportunidad para revivir los días donde Ivy Queen dominaba las emisoras y su voz era bandera de empoderamiento. “Los animales también merecen un poco de arte, de aventura y de cultura; es su segunda vez en La Sabana además”, destacó Mónica entre risas.
La fisioterapeuta valora especialmente el FIA como un espacio para conectar con la cultura, la creatividad y la convivencia sana. “No solo la música o los artesanos —dice—, sino que en todo lado se vea el arte”.
También hubo familias que convirtieron la cita en su propio ritual musical. Nuria viajó desde Ciudad Colón junto a sus hijos Noelia y Jorge para bailar al ritmo de la Caballota. “Espero bailar mucho y cantar, además de pasar un buen rato en familia”, comentó. “Estamos acostumbrados a la calidad de Ivy”, añadió Jorge con orgullo.
Entre puestos de comida, orejitas de luces, artistas locales y risas compartidas, La Sabana palpitaba al compás del bajo, lista para recibir a la diva, la potra, la mujer que cabalga sobre cada beat con la fuerza de un huracán caribeño. Porque esta noche, el parque se transformó en un templo del reguetón, donde cada corazón latió al ritmo inmortal de Ivy Queen.
