
El sábado 2 de mayo, las canciones de Adrián Goizueta volvieron a ocupar el Teatro Nacional en una noche atravesada por la ausencia del autor y, al mismo tiempo, por la vigencia de su obra. Más que nostalgia, lo que predominó fue la constatación de un repertorio que sigue encontrando eco.
Las melodías sostuvieron el relato del argentino que Costa Rica adoptó como suyo desde 1977, cuando llegó al país huyendo de la dictadura. Las letras, escritas a lo largo de cinco décadas, dejaron claro el lugar desde donde Goizueta compuso, uno donde la música no era indiferente.
Su obra, siempre deliberada, encontró en la composición su forma de intervenir y calar.
El homenaje reunió a un amplio grupo de músicos: colegas, discípulos, amigos y familiares. La noche incluyó piezas como ¿Sabes qué?, Motivos del elefante, Sanjochepe y Con vos en mi voz, entre otras. Sonaron ante un teatro lleno que se despertó en varios momentos con un inevitable coro o un melodioso susurro de quienes se sabían los temas de principio a fin.

Hubo pocas intervenciones habladas. Fue una decisión acertada, pues las canciones llevaron el peso de la noche. Como contrapunto, la pantalla de fondo recogía testimonios de los propios músicos. Uno de ellos, firmado por Malpaís, resumía bien el espíritu del encuentro: “Nos enseñaste a cantar con dignidad, a decir lo que pensamos sin sacrificar la poesía”. Otros mensajes dejaban ver también características suyas, como su solidaridad, su sonrisa fácil, el valor de su amistad o su rol como “padrino musical” para varias generaciones.
Varios de los participantes compartían una raíz común: el Grupo Experimental, fundado por Goizueta, cuyo recorrido incluyó más de 30 álbumes y giras internacionales. El propio compositor definía su trabajo como “música popular elaborada”, una etiqueta que se confirmó en la diversidad estilística del repertorio: del jazz a lo tropical, de la milonga al acento romántico.
Esta noche, sobre el escenario desfilaron músicos de distintas etapas: desde figuras históricas como Cheko D’Ávila, Kin Rivera, Rafa Chinchilla y Carlos Saavedra, hasta colaboradores más recientes como Fernando Víquez, Marianella Cordero, Esteban Rojas, así como Eduardo Montero y Orlando Ramírez, quienes fungieron como directores musicales junto a Iván Rodríguez.
En la voz, la lista fue igualmente amplia: María Prétiz, Bernardo Quesada, Miguel Solari, Paula Quesada, Daniela Rodríguez, Humberto Vargas, Perrozompopo, Manuel Monestel, Hugo Castillo, Allan Guzmán y Óscar Pino, así como agrupaciones como Éditus y Peregrino Gris, en algún momento impactadas por Goizueta.
Uno de los momentos más significativos llegó casi al final, con Compañera. En escena se sumaron Elías y Luca Goizueta, nietos del compositor, en bajo y guitarra. Fue entonces cuando uno de ellos tomó la guitarra de su abuelo, colocada al frente del escenario desde el inicio, iluminada y en silencio. Luego siguió Buen día, en la que intervinieron la mayoría de quienes habían participado antes.

La noche no buscó cerrar nada. Más bien dejó claro que la obra de Goizueta sigue abierta: en quienes la interpretan, en quienes la escuchan y en quienes aprendieron a darle vida a la música a través de sus canciones. El repertorio miró al pasado, pero confirmó su lugar en el presente, sostenido en la unión de quienes lo interpretan y en la escucha de quienes entienden que la música también puede ser pensamiento, memoria y permanencia.
El concierto
- Homenaje a Adrián Goizueta.
- Artistas invitados: Malpaís, Éditus, Peregrino Gris, y otros.
- Fecha: 2 de mayo.
- Lugar: Teatro Nacional.
- Producción: Daniela Rodríguez, Iván Rodríguez, Teatro Nacional