
La cultura afrocostarricense no suena de una sola manera; se nutre de historias, armonías, herencia y orgullo. Puede elevarse en la solemnidad del gospel, encontrar en el calipso la memoria y tiene en la cadencia del reggae un espacio para deleitarse.
En el marco de la celebración del Día de la Persona Negra y la Cultura Afrocostarricense, tres voces reconocidas de esta población hablan sobre la importancia de sus raíces, que son base de nuestra historia nacional.
Stephie Davis, Shel Dixon y Edson McField han dedicado su vida y su talento a promover el respeto a la herencia afro en nuestro país. Entre generaciones, géneros y caminos musicales que podrían parecer lejanos entre sí, han contribuido a moldear la identidad cultural de Costa Rica.
Desde la agrupación MasterKey, McField ha recorrido durante varios años los territorios del gospel, el soul, el jazz y las sonoridades afrocaribeñas. Davis, por su parte, representa a una generación más joven que encontró en el calipso un espacio para manifestar tradición y abrir nuevas posibilidades para las mujeres.
Dixon, en cambio, ha construido su carrera desde el poder del reggae, que combina también con el soul y el R&B.
En este sentido, sus voces se encuentran en una misma conversación: ¿cuánto conocemos realmente los costarricenses sobre el aporte de la cultura afro al país?

Detrás de una canción hay mucho más que ritmo. Hay migraciones, lenguas, historias familiares, resistencia, espiritualidad y una memoria que ha pasado de generación en generación, aunque no siempre haya recibido el reconocimiento que merece.
En esta charla, los tres artistas hablan sobre la herencia que los atraviesa, la música como vehículo para preservar el legado y la deuda de un país que todavía tiene mucho que reconocer y celebrar de una cultura que no es ajena ni periférica, sino que más bien es profundamente costarricense.
La música como memoria
Desde la perspectiva de Shel Dixon, pensar en la herencia afrocostarricense no es hacerlo desde un género musical en específico. Él piensa en la capacidad que tienen las personas de convertir en arte la vida, incluyendo sus alegrías, heridas y recuerdos.
En su visión, detrás de la música con raíces afro hay una historia y un contexto. Esta idea la comenzó a entender desde que era niño, en las conversaciones que tenía con su abuelo, quien le enseñó que la música podía transmitir sentimientos, incluso sin la necesidad de palabras.
“Cuando a esas palabras se les suman las armonías indicadas, pasa a ser algo más que entretenimiento; se convierte en algo sanador. Detrás de la música afro siempre hay alguna historia, un porqué”, reflexionó Dixon.
Para Stephie Davis, ese es precisamente el punto de partida. Cuando piensa en la herencia afrocostarricense, reflexiona sobre la historia: la de las personas africanas que llegaron esclavizadas a Costa Rica, de las comunidades que se asentaron en distintos territorios y de los jamaicanos que llegaron a Limón para la construcción del ferrocarril.
“Todo es historia: cómo empezó, cómo llegamos acá y las razones”, dijo Davis, al reconocer que ese recorrido le permitió escuchar la música que la acompañó durante toda su vida desde otra perspectiva: con curiosidad, preguntas e investigación.
En el caso de McField, esa concepción de la música afro como vehículo de expresión también llegó muy temprano a su vida. Él y sus compañeros de MasterKey dieron sus primeros pasos artísticos en la iglesia, en coros infantiles y luego en la adolescencia en diferentes grupos. Desde entonces entendieron que cantar no era únicamente una interpretación melódica de entretenimiento, sino que el mensaje que transmitían tenía una finalidad especial.
A través de las canciones de gospel buscan desde entonces expresar su legado y su herencia. “Hay un mensaje de optimismo y de la posibilidad de salir adelante a pesar de alguna adversidad”, explicó.
Una herencia que suena de muchas maneras
El mensaje de valores, resiliencia, lucha e identidad tiene muchos vocabularios, que en la música afro encuentran una hermosa manera de expresarse.

El gospel, según explicó McField, es un punto de partida para comprender una amplia variedad de sonidos que vinieron después. De esta tradición espiritual, nacida en el contexto de la población afrodescendiente, se desprenden el blues, el soul, el jazz, el reggae y hasta el reguetón.
“Todo viene del mismo lugar y sigue teniendo el mismo propósito: la necesidad de comunicar y expresar”, manifestó.
Esa necesidad de comunicar, dijo, ha atravesado distintos momentos históricos y géneros musicales: desde las canciones espirituales hasta el calipso. “Cada expresión ha servido para contar vivencias, rescatar valores y narrar historias culturales”, aseveró McField.
Shel amplió sobre este concepto y lo resumió desde una perspectiva especial: “La música afro no es moda, es la base de mucha música que existe”, sentenció.
Por eso, Shel sostiene que ritmos como el reggae han encontrado en Costa Rica un terreno fértil. Para Dixon, la explicación está en la profunda conexión caribeña y jamaicana, que forma parte de nuestra identidad.
“Siempre habrá alguna canción de alguno de los muchos subgéneros de la música afro que le va a llegar a lo profundo del corazón, porque le está hablando directamente a esa parte suya afro que lleva adentro. No es ajeno a nosotros porque es parte de nosotros, por eso nos identificamos y nos gusta”, comentó.
Esa influencia está mucho más extendida de lo que suele reconocerse. Davis consideró que el aporte afro a Costa Rica es tan grande que, en ocasiones, pasa inadvertido. Su observación fue más allá: “No solamente está la influencia afro en el calipso y el reggae, sino también en la música guanacasteca”, reflexionó la artista, al recordar que Guanacaste también es fruto de una mixtura y herencia africana.
Reconocerse en las raíces afro
¿A los costarricenses nos hace falta reconocernos en la herencia afrocaribeña como parte de nuestra identidad? Shel Dixon fue preciso sobre este tema y habló de autoidentificación.
Los ticos somos producto de una rica mezcla de raíces indígenas, europeas y afrodescendientes. Esta diversidad no implica que todas las personas tengamos el mismo color de piel o las mismas experiencias, pero debemos entender que todas las herencias que hemos recibido son parte de la contribución que ha formado nuestro país.
“Somos mestizos y en ese mestizaje también está la parte afro. Más que apropiarnos, tenemos el derecho y la obligación de difundir nuestra cultura, aunque no seamos de tez oscura”, dijo.
Desde esa perspectiva, conocer y valorar la cultura afro no sería únicamente un acto de reconocimiento hacia una comunidad, sino también una forma de comprendernos mejor como país. “Parte de lo que nos hace especiales son nuestras diferencias. Somos como un arcoíris de muchos colores y matices y eso es digno de celebrarse”, agregó.

En esta conversación, Davis introdujo una palabra clave: apreciación. La artista considera que Costa Rica ha recibido y reproducido numerosas expresiones de raíz afrocaribeña, pero advirtió que reconocer una influencia cultural no debería significar, simplemente, tomar sus elementos porque resultan atractivos.
Para Davis, existe una diferencia entre disfrutar una estética, un ritmo o una forma de expresión y comprender de dónde proviene, qué historia carga y qué comunidades la han mantenido viva. “No solo porque algo se ve cool es motivo de copiar”, explicó.
El reconocimiento más allá de un mes o de un día
McField destaca que no es que Costa Rica vuelva su mirada a la herencia afrocaribeña tan solo un mes o un día al año, pero de igual forma considera que el aporte cultural y musical merece mayor atención en el país.
“La celebración es valiosa, pero definitivamente la música y sus valores tienen mucho que aportar durante todo el año”, expresó.
En el caso del arte, el intérprete opina que el legado afro tiene un enorme potencial formativo. Por esta razón, destacó que hacen falta más espacios en la radio, los medios y la divulgación cultural para el desarrollo de habilidades en niños y jóvenes, pero también planteó que los artistas tienen una gran responsabilidad en ello.
“Hay que crecer cada vez más a nivel de nuestras letras, del tratamiento que le damos a nuestras obras, en lo estético y en lo técnico. No podemos creer que porque soy músico nacional o soy músico negro de Costa Rica deberían apoyarme”, comentó.
En esa línea, McField agregó que la música afro no puede quedarse congelada en el tiempo. Mencionó que, en muchos casos, cuando en Costa Rica se habla de música negra, la conversación se dirige de inmediato al calipso y a una determinada época histórica.
Y sí, esa tradición es fundamental, pero también es necesario que la música afro sea contemporánea, respetando las raíces y la historia. Según Davis, el reto está en respetar y reconocer lo que antecedió, pero al mismo tiempo producir nuevas obras, actualizar sonoridades y explorar instrumentaciones.
Sobre este tema, Davis amplió que es desde las aulas donde debería existir mayor información y educación. El desconocimiento sobre la historia afrodescendiente es, para ella, una consecuencia de cómo se ha enseñado.
“La historia negra en Costa Rica se ha borrado o se ha ‘blanqueado’. Se cuenta desde los ojos de los colonizadores. Pero si desde pequeños nos instalan la información completa, vamos a crecer sabiendo de dónde venimos, quiénes son nuestros ancestros y los aportes que tuvieron ciertas poblaciones tribales en el país; no solamente la comunidad afro, sino también la indígena, por ejemplo”, explicó.
Entre literatura, deporte, baile, danza, música, gastronomía y tantas otras expresiones culturales, la herencia afro está presente en Costa Rica de maneras que muchas veces ni siquiera reconocemos.
Por eso, celebrar el Día de la Persona Negra y la Cultura Afrocostarricense no significa únicamente volver la mirada al pasado, sino preguntarnos qué hacemos hoy para que esa memoria permanezca viva. Porque detrás de cada canción hay una historia, detrás de cada ritmo hay una migración y detrás de cada tradición están las generaciones que, con su legado y esfuerzo, la hacen brillar.
