
El costarricense Gabriel Goñi Dondi nunca pensó ser considerado entre los mejores flautistas del mundo, tanto así, que desconoce quién postuló su nombre para convertirse en el primer músico en el mundo en ganar el Mark Thomas Founder’s Award, premio otorgado por la Asociación Nacional de Flautas de Estados Unidos (NFA).
La persona o personas que lo inscribieron —entre más de 18.000 asociados de la organización de flautistas más grande del planeta— debieron presentar su currículum y justificar las razones por las cuales era merecedor del prestigioso galardón, que reconoce los aportes significativos al desarrollo de la flauta, la diversidad y la inclusión a nivel regional e internacional.
Lo que sí es cierto, es que la noticia le sacó lágrimas al artista tico, quien desde sus 12 años se enamoró perdidamente del instrumento. A finales de julio, Goñi recibió una llamada de la presidenta de la NFA, Jennifer Grim, que confiesa que “lo asustó”, pues no sabía para qué lo buscaban, y la gran sorpresa llegó cuando le anunciaron la obtención del reconocimiento.
“Ella me explicó que éramos candidatos de todo el mundo. Había candidatos de Asia, de Europa y de América Latina yo era el único. En la siguiente convención de flautistas, que es en Minneapolis, Minnesota, exactamente dentro de un año, entregan el premio, que es como una estatuilla. Es como si le estuvieran dando a uno un Óscar, pero que no es de oro”, comentó entre risas.
Goñi, quien actualmente es el primer flautista de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), superó una primera selección de más de 100 nominados y luego fue elegido entre siete finalistas, gracias a sus aportes pedagógicos y artísticos en países como Ecuador, Perú, Brasil, Argentina, Chile, toda Centroamérica y, por supuesto, Costa Rica.
“Lo siento como un trabajo en equipo de nosotros los costarricenses, acerca del desarrollo de la flauta. De eso es de lo que me siento más orgulloso, porque siempre hemos estado ahí, en el mapa de los flautistas del mundo”, contó el músico.
Con respecto al significado personal, como músico y académico, Goñi agregó: “Es importantísimo para la carrera. Lo que quiere decir (el premio) es que a nivel internacional yo soy reconocido como uno de los flautistas importantes. Suena muy pomposo, pero la verdad es que yo no sabía que era tan así”, agregó emocionado.
Esta no es la primera vez que Goñi recibe un galardón internacional de esta magnitud. En el año 2000 fue distinguido por la misma asociación con el Premio Myrna Brown, otorgado al flautista profesional emergente más destacado a nivel internacional. Este nuevo reconocimiento, que califica como una “sorpresa muy grande”, revalida más de tres décadas de entrega artística.

Honor forjado en familia y la herencia del abuelo
La relación de Goñi con la música nació en su entorno familiar. Recuerda verse escuchando a su abuelo materno, don Juan Antonio Dondi, quien tocaba la flauta traversa.
“Resulta que yo tenía como 12 años y él me dice: ‘¿Usted quiere estudiar música?’. Entonces me empezó a introducir y me gustó. Después fui a un concierto de la Sinfónica Nacional y ahí vi a María Luisa Meneses, que fue la flautista principal de la orquesta hasta hace unos ocho años, y dije: ‘Yo quiero tocar eso’. Y ahí empezó”, recordó.
En 1984 ingresó al Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional, que hoy se conoce como el Instituto Nacional de la Música (INM).
Goñi forma parte de la tercera generación de músicos formados en esta emblemática institución costarricense.
La sólida preparación técnica de Gabriel Goñi se forjó tanto en Costa Rica como en prestigiosos centros internacionales. Tras sus inicios en el Instituto Nacional de la Música, bajo la tutela de Carlos Castillo, complementó su formación académica en Estados Unidos, obteniendo un certificado de estudios superiores en la afamada Juilliard School de Nueva York (1991-1992), donde estudió con el legendario maestro Samuel Baron.
Asimismo, realizó estudios en la New World School of the Arts en Florida, recibiendo lecciones de figuras como Christine Nield, Eldred Spell, Dieter Flury, Susan Milan y Jean Louis Beaumadier.
Posteriormente, obtuvo su Bachillerato en Música en el Instituto Nacional de la Música de Costa Rica y se graduó con el grado de Máster en Música (M.M.) por la Universidad de Costa Rica (UCR).

Misionero de la flauta y gestor cultural
La visión integral de Goñi lo llevó a combinar la interpretación sobre el escenario con la alta gerencia pública. A lo largo de su carrera ha ocupado cargos clave en la institucionalidad musical costarricense: fue gerente de la Compañía Nacional de la Música, gerente general de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica y director del Instituto Nacional de la Música.
A nivel internacional, su labor pedagógica trasciende las fronteras. Es profesor invitado del afamado Conservatorio de Ginebra (Suiza) e imparte lecciones magistrales de manera periódica en conservatorios de Europa, Norteamérica y América Latina.
Gracias a su dominio de idiomas (habla español, inglés, francés, portugués y algo de japonés), ha podido conectar sin barreras en los cinco continentes.
Además, como solista y docente, le ha tocado compartir escenario con orquestas internacionales, destacados pianistas y celebridades de la música clásica, entre ellos el mítico violonchelista Yo-Yo Ma.
“A uno lo presiona mucho estar tocando, por ejemplo, con Yo-Yo Ma, que es uno de los chelistas más importantes del mundo. Uno se siente un poco inhibido, pero me he dado cuenta de que los músicos más importantes del mundo son los más humildes”, comentó.
“Esa humildad es una de las cosas que le he estado infundiendo a mis alumnos; a pesar de que uno tenga talento y éxitos internacionales, nunca puede perder la humildad”, agregó.
Uno de los aportes más significativos, que probablemente impulsaron su candidatura al galardón de la NFA, fue su trabajo en pro de la democratización de la enseñanza musical. Hace unos 20 años fundó el Festival Internacional de Flautas de Costa Rica, un proyecto gestado de forma independiente para permitir que jóvenes latinoamericanos accedan a maestros de clase mundial sin barreras económicas.
“Hemos logrado hacer un festival donde los estudiantes prácticamente no pagan. Varios de estos profesores son imposibles de acceder; por ejemplo, para ir a oír a Susan Milan a un campamento en Londres hay que pagar mucho dinero, y aquí vienen de gratis. Todos los estudiantes han tenido la oportunidad de tener contacto con grandes maestros a nivel mundial sin costo”, resaltó.
Goñi destaca que esta iniciativa ha convertido a Costa Rica en un punto estratégico para estudiantes de Argentina, México, toda Centroamérica y el Caribe: “Los profesores internacionales no nos cobran honorarios; solo cubrimos pasajes y hospedaje. Lo hemos logrado sacar adelante durante 20 años; nos sentamos todos y hasta hacemos arroz con pollo entre nosotros para salir adelante”.

El reto del mercado laboral
A sus 56 años, Goñi combina sus compromisos en la Orquesta Sinfónica Nacional con las aulas del Instituto Nacional de la Música. Tras navegar por las dinámicas de ser un “trotamundos” de la música —situación que ha podido conciliar con mayor estabilidad en los últimos años tras contraer matrimonio—, mantiene su mirada firme en el relevo generacional.
El artista fue crítico y honesto en que se necesita más apoyo gubernamental para que los jóvenes se proyecten aún más fuera de nuestras fronteras.
“Con los problemas presupuestarios que tenemos en la Universidad de Costa Rica, las reducciones de presupuesto, aquí en el Instituto también tenemos problemas de falta de apoyo, especialmente en la cátedra de flauta.
”Al respecto, yo en algún momento estaba un poco deprimido, pero los estudiantes parece que son una generación como extraña porque se plantan y ellos dicen: ‘No, vamos a lograrlo así’”, agregó.
Aunque no oculta su preocupación por el entorno actual que enfrentan los jóvenes artistas, confía plenamente en la fuerza y el carácter de sus pupilos.
“Lo que más me preocupa es el mercado laboral; ahorita hay poco para el futuro de los músicos en el país. Pero una cosa que me pone muy contento es la motivación que tienen. Esta generación tiene una motivación muy grande en cuanto a la organización y cómo prepararse; aunque vengan tormentas encima, ellos siempre quieren afrontarlas”, afirmó.
Así es como Gabriel Goñi ha visto la vida. Él no solo apostó por el instrumento que amaba; le entregó el alma. Entre aplausos internacionales, galardones y el reconocimiento de ser uno de los mejores flautistas del mundo, su verdadero triunfo no cabe en una vitrina: vive en cada escenario que pisó, en cada estudiante que inspiró y en el orgullo de un país que hoy escucha sonar su nombre muy alto, impulsado por el eco eterno de su pasión.
