Tiene uno de los rostros más reconocidos del boxeo costarricense. Su mirada, marcada por las horas de entrenamiento y las batallas sobre el ring, no le teme a las cicatrices ni a las marcas que el deporte pueda dejarle en la piel. Desde que el éxito la alcanzó en el 2016, Yokasta Valle no ha dejado de lanzar golpes precisos a la adversidad: se volvió imparable, seis veces campeona mundial y un ejemplo de que, con pasión, cualquier sueño puede convertirse en realidad.
La multicampeona, firmada por Golden Boy y MVP, aceptó la invitación del videopodcast En confianza, de La Nación, donde, sin filtros y con total confianza, bajó su guardia y habló de temas de su vida poco conocidos o que nunca había tenido la oportunidad de revelar.
A primera vista es imponente: quien la ha visto en el ring recuerda la velocidad de sus puños y la manera en que arrincona a sus rivales en las cuerdas; sin embargo, basta entablar conversación para que su sencillez y transparencia salgan a flote.
Una campeona que eligió ser tica
Aunque nació en Matagalpa, Nicaragua, a los 7 años sus padres decidieron emigrar a Costa Rica en busca de mejores oportunidades. Desde entonces, este país se convirtió en su hogar y en la bandera que más tarde defendería con el corazón y los puños.
“Estar o no de acuerdo en venir a Costa Rica no era una opción, porque era una decisión de mis papás y yo era una niña. Extrañaba a mi abuelita, a mi familia, pero mi mamá me decía que la visitaríamos en vacaciones, entonces estuve tranquila”, recordó sobre la migración de su familia.
Cuando empezó en el boxeo sí tuvo que tomar, ya por decisión propia, una elección clave: a qué país representaría sobre el ring. Para ella, fue una decisión tan clara como un golpe directo al mentón.
“Yo tenía mis papeles de Costa Rica, ¿a quién iba a representar? A Costa Rica... Siempre he representado a Costa Rica desde que recuerdo. He peleado contra nicaragüenses en centroamericanos, he ido a Nicaragua a pelear contra nicaragüenses representando a Costa Rica”, dijo con orgullo.
Entre risas recuerda que, en una pelea contra una nicaragüense en Matagalpa, toda su familia estaba en las gradas apoyándola. Esa escena causó curiosidad entre los presentes, sorprendidos de ver a nicaragüenses respaldar a la representante de Costa Rica en lugar de a la de su propio país.
“Obviamente hay personas de Nicaragua que me dicen que por qué no represento a Nicaragua... Nací allá, sí, pero decidí representar a Costa Rica”, aseguró.
Para ella, su carrera va más allá de las fronteras y también representa a todos los latinos, porque, según contó, en las grandes ligas se generaliza a las personas de la región: ahí no importa el país, la gente solo ve latinos.
“No sé cómo hay gente que todavía piensa que decirle ‘Nica’ a alguien es un insulto. Nica significa que eres de Nicaragua, y somos un país tan cercano, con casi la misma cultura. ¿Por qué tenemos que estar tan separados? Al contrario, hay que estar más unidos”, manifestó.
La presión de subir al ring
Sobre los hombros de Valle no solo cuelgan sus cinturones que la ratifican como campeona mundial, también hay una presión constante que se siente en cada campanazo. En todas sus peleas, sobre todo por lo que lee en redes sociales, muchas personas le exigen que gane, como si cada combate fuera un examen del que no puede salir con menos de una nota perfecta.
“Mario, mi promotor, me ha dicho en las peleas muy importantes: ‘No es por presionarla, pero tiene que ganar’. Entonces uno como atleta también trabaja la parte mental”, afirmó.
Antes de subir al ring, en ese túnel donde se mezclan los nervios con la fe, ella misma se repite una especie de mantra: “Me entrené, estoy lista, estoy en el boxeo porque lo amo, porque me apasiona, estoy más que preparada, ahora a disfrutarlo”.
Según la boxeadora, en la pelea su nivel de concentración es tan grande que la realidad parece ralentizarse. “Hasta veo los golpes en cámara lenta”, afirmó.
A su hermana menor Naomi, quien también se dedica al boxeo, le ha tratado de enseñar a lidiar con los malos comentarios y, si va a responder, que lo haga solo a los positivos. “Siempre van a comentar, hasta a Dios lo juzgan, más a uno que es un simple mortal”, añadió.
A la presión se suman las heridas que puede recibir en una pelea. En su carrera ha tenido tres o cuatro combates que la han dejado con cortes visibles. “En el momento no duele, pero cuando ponen la anestesia para coser, se me empieza a hinchar la cara. Los tres días después uno siente el cuerpo adolorido, pero es normal... Me recupero súper rápido, ya a la semana tenía la cara desinflamada”, mencionó al recordar cómo quedó después de su última pelea.
Además del reposo, la cámara hiperbárica también le ha ayudado a sanar sus lesiones. Cada cicatriz es como una medalla silenciosa de las guerras que ha librado arriba del cuadrilátero.
Infancia competitiva y el primer golpe
Su infancia en Ciudad Darío, Matagalpa, estuvo llena de juegos al aire libre y de mucho deporte. “Mi papá fue fisicoculturista y a mis hermanas y a mí nos ponía a sostenernos en barras, hacer lagartijas, sentadillas, carreras. Al final yo lo veía en modo juego y competía con mis hermanas”, mencionó.
Valle tenía un problema en los pies: necesitaba zapatos ortopédicos y se caía con frecuencia. Esa aparente desventaja fue su primer entrenamiento mental. Le enseñó una lección que hasta hoy la acompaña: levantarse sin importar las veces que termine en la lona.
“Mi papá siempre me decía: ‘ay que levantarse’, pero yo no me quejaba, más bien me levantaba y hasta practicaba en las noches para ganarle a mi hermana”, recordó. Desde entonces nació en ella un instinto competitivo que nunca desapareció.
Para la boxeadora, esa infancia marcada por correr, jugar rayuela y pasar horas afuera se perdió por culpa de la tecnología y las redes sociales. “Se ha perdido esa infancia, siento yo. Los juegos a uno lo preparan para un deporte. A tener esa agilidad, tener esa competencia porque al final uno entre niños compite, sin querer. Siento que hasta en la cultura se ha perdido el modo de juego del que salen grandes deportistas”, aseguró.
Según dijo, hoy muchos niños ni siquiera saben cómo agarrar o patear una bola. En un mundo cada vez más sedentario, ella defiende esa niñez en la que la actividad física es prioritaria.
A los 13 años llegó su primera pelea. Involucrarse en un deporte tan duro no fue iniciativa suya: fue su papá quien prácticamente la empujó hacia el ring. Ella se estrenó sobre las cuerdas para complacerlo a él.
“En mi primera pelea tenía miedo, yo pensaba: ‘¿Para qué me metí en el boxeo? Este va a ser mi debut y mi última pelea’. Le pedí al entrenador que me quitara la careta y me pegó un empujón. Cuando recibí los primeros golpes, ahí salió mi carácter competitivo: ‘No me voy a dejar’”, recordó.
Al pelear con todas sus fuerzas ganó ese combate y la adrenalina la hizo querer más. “El boxeo es de mucha exigencia, hay que estar muy concentrado con los gritos de la gente”, expresó.
Prejuicios y constancia
Cuando decidió seguir en el boxeo, recibió una avalancha de comentarios negativos. De sus compañeros y hasta de su propia familia escuchó que nunca podría ser campeona o que jamás llegaría lejos.
“Ese deporte no es para mujeres”. “Ese deporte es para vagos”, recuerda que le decían a sus padres sus mismos familiares.
“Si le hubiera hecho caso a esos comentarios no estaría donde estoy. Mis papás y mis abuelos me inculcaron que todo lo que uno quiere, uno tiene que intentarlo hasta lograrlo, por más que me caiga”, afirmó.
“Mis papás siempre luchaban, nunca se conformaron con un segundo lugar, siempre querían más pero trabajando, fuertemente día tras día, sin quejarse”, agregó.
Al inicio, su madre la sentenció diciéndole que ella no iba a poder vivir del boxeo. Aun así, ella mantuvo la guardia arriba y el objetivo claro: quiso aceptar el reto hasta lograr vivir del deporte que la enamoró.
“El boxeo es un deporte individual pero también es un trabajo en equipo”, dijo la boxeadora al mencionar a su promotor y entrenadores, a quienes reconoce como piezas clave para alcanzar su éxito.
Más que un secreto, ella insiste en que sus triunfos se deben a la constancia y a dejar las excusas fuera del ring. “Hay que tener pasión, eso lo hace más fácil. No hay ningún secreto: es trabajar, hacer las cosas con pasión, creer en Dios, que para Él todo es posible, y no hacer caso a los malos comentarios”, añadió.
Yokasta Valle ubica al amor en la esquina más privada
Si hay un terreno donde Yokasta prefiere mantener la guardia alta, es en el amor. Adelantó que pronto se verán noticias, pero dejó claro que su parte sentimental es lo único que le gusta mantener en privado.
“A mí no me van a ver una foto con un ex, yo desde antes que existieran las redes no me gustaban las fotos”, afirmó.
Añadió que ya la conquistaron, pero que, para que un hombre la enamore, necesita que le atraiga físicamente, tenga una sonrisa bonita, sea aseado, bese bien y sea soñador, igual que ella, y que no sea conformista.
“Cuando uno está con una persona mediocre, sin uno querer, te hace estar en la misma línea, pero si uno está con una persona que más bien te impulsa, te apoya... Uno se motiva mutuamente”, afirmó.
Recordó que incluso tuvo un novio celoso, también boxeador, que se sentía intimidado por sus éxitos. Eso le confirmó que, así como en el ring, en la vida sentimental es crucial elegir bien a quien se tiene en la esquina de apoyo.
Sobre su vida pública, afirmó que lo más lindo es inspirar a personas de todas las edades, desde niños hasta adultos, cuando se acercan y le dicen que quieren ser como ella en el deporte. “Eso es tan bonito. Yo soy la misma Yoka desde que tengo uso de razón. Mi cara ni me cambió, sigo siendo la misma... chiquitica, solo que más vieja. La misma autenticidad, risueña”, agregó entre risas.
El que le pidan fotos y que se acerquen a saludarla, considera, es una bendición. Ahora no la llenan solo los títulos mundiales, sino también la posibilidad de dejar un legado que marque e inspire a los demás.
Lo negativo, por su parte, son las personas que hablan sin saber y la critican sin tomar en cuenta todos sus logros.
Emprender fuera del cuadrilátero
Consciente de que la carrera de una boxeadora no dura para siempre, Valle decidió invertir sus ganancias. Su primer proyecto fue un bloqueador solar, que tardó un año en desarrollar. Después llegó un sueño más grande: su propio gimnasio en Santa Ana.
Valle abrió hace poco Sports Center, un gimnasio que nació cuando empezó a preguntarse en qué invertiría su dinero y qué haría el día en que ya no suba al ring. También respondió a las constantes preguntas de personas que querían entrenar con ella.
“Hacemos boxeo sin contacto. Es para todas las edades, la más pequeña tiene 5 años. Es una distracción, aparte de que queman calorías, tonifican y botan el estrés”, manifestó.
Su ilusión es que su gimnasio sea la cuna de muchos futuros campeones. “Estoy muy contenta por este gimnasio. Tenemos pesas, spinning y baile”, contó emocionada. Cada clase es como un round en el que la gente se desahoga, suda y, sin recibir golpes, aprende la disciplina detrás del boxeo.
En 10 años, Valle se imagina retirada del boxeo, pero no lejos del deporte: quiere seguir como promotora, apoyando a futuras generaciones. “Por eso tenemos YokaSport, porque tenemos muchachos que tienen el mismo sueño que yo, ser campeones de la vida y del boxeo. Cambiarle la vida a ellos es lo que quiero seguir haciendo”, afirmó.
Además, sueña con abrir más gimnasios en todas las provincias de Costa Rica. A corto plazo, también planea publicar un libro para niños, llamado Los 7 hábitos de un campeón. Para ella, esas edades son fundamentales porque es cuando los sueños empiezan a tomar forma.
Aún no sabe si será madre, pero aseguró que Megan, su sobrina a quien ha criado, es como su hija.
‘Todos tenemos miedo’
A quienes sienten miedo de incursionar en el mundo del deporte, Valle les aconseja, al menos, intentarlo. “El que no lo intenta no sabe si funciona y a los años se va a arrepentir de no intentarlo. A veces uno necesita ese empujoncito que me dieron a mí para poderlo intentar”, agregó.
Desde su experiencia, también insiste en la importancia de la concentración. “Enfóquense, porque cuando uno está enfocado en lo de uno, créame que toda la energía que uno tiene la enfoca en eso. Esa energía pensando en los comentarios negativos, mejor la gastan enfocándose en ustedes mismos”, agregó.
Esa mentalidad es la que, asegura, explica hasta dónde ha llegado. Su éxito, dice, se lo merece por todo lo que se ha esforzado y trabajado. “No hay que conformarse, siempre hay que querer más”, agregó.
Con esa misma convicción, deja un último mensaje en la entrevista. “Nunca es tarde para empezar algo... Cuando uno tiene la fuerza de voluntad, la mente muy poderosa... Cuando uno ve el objetivo uno se enfoca y se le olvida lo demás”, concluyó.
Con una sencillez que inspira y un éxito que asombra, esta campeona sigue con las metas claras y con muchos proyectos en marcha. Mantiene la mirada puesta en Dios, pero también en esa niña que aprendió a levantarse una y otra vez del suelo, como si cada caída fuera solo el inicio de un nuevo round en su vida.
