Christian Gómez Tapón es uno de los cantantes costarricenses más conocidos de Costa Rica, convirtiendo su vida de barrio en partitura y sus vivencias en estribillos que se quedaron a vivir en la memoria de varias generaciones.
El artista del “¡ahora sí!" creció en el barrio El Poro, en Concepción de Alajuelita, donde su abuelo le puso el apodo de Tapón, nombre que años más tarde se transformaría en su identidad artística.
En 1998 lanzó el tema Creada a mi manera y, desde entonces, su nombre empezó a adueñarse de las emisoras nacionales, pues la canción se colaba insistente en todas las listas de reproducción posibles y se negaba a salir del repeat. Desde ese poderoso debut se ha mantenido vigente; su secreto, dice, es la confianza en sí mismo y la fidelidad absoluta a su propia voz, sin filtros.
Tapón es consciente de que no es del agrado de todos, pero también de que muchos lo quieren precisamente por eso. “Yo prefiero que me odien por ser como soy a que me amen por ser hipócrita”, aseguró en el videopodcast En confianza, de La Nación.
Un inicio a contracorriente
Pese a tener una carrera de 28 años, Tapón aún no se acostumbra a la fama y todavía se sorprende cuando le piden fotos o lo reconocen en la calle. “Nunca lo imaginé”, aseguró.
El inicio de su carrera fue complicado. Costa Rica venía, como él mismo recuerda, de lo que se consideró la mejor época del rock nacional, y fue todo un shock presentar al público a un joven que quería rapear, cantar reggae y proponer un estilo muy distinto al de otros artistas costarricenses de la época. Desde el primer día se paró en el escenario como un cambio brusco de ritmo en una canción: inesperado, arriesgado, pero imposible de ignorar.
“Desde un principio yo tenía el objetivo de hacer canciones que trascendieran, que le dijeran algo a las personas sin importar el año en el que lo escucharan”, mencionó.
Según dijo, hizo cosas muy arriesgadas por su carrera, como traer un ritmo que no era tan conocido en el país y moldearlo a su manera, diferente a como sonaba en otros lugares donde ese género ya era popular.
“En el 98, jamás me imaginé que en el 2026 todavía me iban a invitar a eventos importantes, por ejemplo al Festival Picnic”, agregó. Para él, seguir siendo considerado para cantar en escenarios de esa magnitud es comprobar que su apuesta musical sigue a tiempo y no ha perdido el compás.
Tolerancia al fracaso, su nota más fuerte
Si algo caracteriza a Tapón es su capacidad de reflexión, y eso quedó evidenciado durante la entrevista. Uno de los temas en los que más profundiza es en sus fracasos, a los que, asegura, ha aprendido a ser tolerante y a ver como parte indispensable de su partitura personal.
“He tenido más fracasos que éxitos. Yo creo que he grabado más de 500 canciones, ¿cuántas han pegado? ¿Cuántas las gente recuerda? 15 ¿Cuántas fracasaron? Es un porcentaje muy alto", afirmó. Para él, la mayoría de sus temas son notas que quizá no llegaron a los listados, pero que lo ayudaron a afinarse como artista y como persona.
Consultado sobre si considera que en Costa Rica es difícil alcanzar el éxito en la música, el cantante respondió que todo es complicado, pero que todo depende de las ganas y el empeño que se ponga en alcanzar un objetivo. Sin embargo, también destacó que a los artistas ticos los miden con una vara distinta a la que se usa con los artistas internacionales, como si el público fuera un jurado más exigente cuando se trata de talento local.
“Yo sería un malagradecido si digo que el público costarricense es difícil, pero creo que aceptan más al de afuera que al de aquí. Yo estoy seguro que si yo hubiera sacado cualquiera de las canciones que saca Anuel, cantando como canta Anuel, yo no hubiera pegado aquí en Costa Rica.... No estoy diciendo que es malo, estoy diciendo que si yo hubiera sacado canciones como cantan otros artistas, no hubiera pegado”, explicó.
Además, Tapón aseveró que su carrera estaría en el olvido si él hubiera lanzado el celular de una fan que quería una foto, como lo hizo Bad Bunny. “No puedo decir que la gente no apoya (a los artistas ticos), nada más que nos miden con una medida diferente... pero a la gente le gusta y apoyan las canciones de aquí”, enfatizó.
En su caso, la relación con el público es como un coro que se sostiene en el respeto mutuo.
Un propósito: ser luz
Hace unos años, Tapón le cedió un lugar fundamental en su vida a Dios y, desde entonces, está convencido de que su propósito, al igual que el de los demás, es ser luz.
“Nosotros somos cuerpo, alma y espíritu, y para estar bien debemos tener un balance. Entonces, hay gente que cuida mucho su cuerpo, haciendo ejercicio, comiendo bien... Hay gente que cuida mucho su alma, dándole emociones, pero nos olvidamos de nuestro espíritu”, aseguró.
En el 2009, cuando se sentía “saturado”, llegó una noche a su casa oliendo a humo de cigarros, después de una presentación. Entonces le pidió a su esposa, Marianné Vargas —quien maneja su agenda—, que cancelara todas las presentaciones que tenía.
Era como si hubiera decidido bajar completamente el volumen para poder escuchar, por primera vez en mucho tiempo, su silencio interior.
Empezó a estudiar teología y su música tomó otro rumbo, uno más enfocado al cristianismo. Nuevamente, así como se arriesgó a finales de los 90 con un estilo novedoso para la música costarricense, volvió a arriesgarse, pero esta vez desde su fe y sus creencias reforzadas. Su repertorio se transformó en una especie de diario espiritual cantado.
Esa nueva etapa le hizo perder acuerdos, como los que tenía con algunas radiomisoras juveniles, que se negaron a seguir programando sus canciones porque, al hablar de Dios, ya no sonaban tan “juveniles”. Según él, eso fue exactamente lo que le dijeron. Tapón eligió seguir ese camino, convencido de que su misión era más grande que permanecer en una lista de éxitos.
Entre polémicas y aplausos
A lo largo de su experiencia, Tapón se ha visto envuelto en varias polémicas y, para lidiar con ellas, se repite un mantra: “Nada es para siempre, esto también pasará”. Entiende la controversia como un ruido de fondo que, aunque a veces sube de volumen, no debería opacar la melodía principal de su carrera.
“Recuerdo una de las polémicas que me involucraron hace unos años, porque yo mismo me involucré: dije una palabra incorrecta, quería decir una palabra y dije otra. Y me funó todo el mundo; me decían hasta que me iba a morir. La polémica fue un par de días fuertísimos, porque realmente se siente feo, es muy feo ver a todas las redes sociales en contra de uno. Pero yo entendí eso: las redes sociales viven en el celular, simplemente apague su teléfono y ya”, mencionó.
En medio de esa polémica, él y su esposa tuvieron que salir a hacer unos mandados. Ella tenía miedo de salir por todo lo que se decía en redes, pero él no. “Cinco personas me pidieron fotos”, dijo, al reconocer que las polémicas son pasajeras y que no alejan a los verdaderos seguidores.
Tapón contó que cuando otros creadores de contenido lo involucran en polémicas, como ha sucedido, él no pierde el tiempo contestándoles. “He aclarado cosas que dicen de mí con mala intención y que no son correctas. Pero si alguien me tira solo por tirarme o porque lo que quiere es que yo le conteste, lo que hago es que lo llamo”, mencionó.
Sin embargo, reconoce que las polémicas no son un tema nuevo en su vida pública. Incluso recuerda que, en sus inicios, le crearon un sitio web llamado antitapon.com, en el que publicaban todo tipo de burlas en su contra.
“Usted no se acuerda de eso, pero sí se acuerda de Creada a mi manera... Lo que prevalece es la música y lo bueno“, destacó.
Un diagnóstico que le cambió la vida
Durante toda su vida, Tapón ha sido muy sensible al ruido excesivo, a las luces fuertes y a las multitudes, y hace unos años descubrió por qué: es neurodivirgente.
Ser neurodivergente significa que el cerebro de una persona funciona de manera distinta a lo que se considera típico; procesa la información, aprende, se concentra, siente y se relaciona de otra forma, lo que puede traer tanto desafíos (por ejemplo, con la atención, la comunicación o el aprendizaje) como fortalezas particulares, entre ellas la creatividad, el hiperfoco o el pensamiento fuera de lo común.
Este rasgo, combinado con una carrera musical, podría sonar contradictorio; sin embargo, él ha aprendido a manejarlo con el apoyo de su familia, a la que considera su equipo más importante. Ellos saben que tiene un límite cuando se trata de multitudes y de estar rodeado de personas, como si su energía fuera un volumen que hay que cuidar de no llevar siempre al máximo.
“Me da ansiedad. Para controlarme tengo que tener mucho enfoque. Antes de un concierto necesito estar concentrado y enfocado. A veces la gente dice: ‘Ay, qué mae más odioso, que no quiso tomarse una foto’... Pero antes de empezar me provoca mucha ansiedad; cuando termino, sí me tomo muchas fotos”, aseguró.
Entre bastidores, su preparación se parece más a una afinación emocional que a un simple calentamiento de voz.
Así, este cristiano, que ha calado en muchos hogares y generaciones, quiere ser recordado por su arte y por su música auténtica. “En mis discos dejo todo dicho, a veces muy explícitamente y a veces con mensajes clave. Quiero que cuando me retire me recuerden como fui, con mis fortalezas y debilidades”, mencionó.
Su intención nunca ha sido mostrarse como invencible ni como el más débil, sino como portador de un mensaje para quienes lo necesiten. “Quiero que me recuerden como un maesillo de barrio que se quiso superar y que estoy muy feliz porque lo hemos logrado. Gracias a la gente que me sigue apoyando”, concluyó.
En el gran escenario de la música costarricense, Tapón aspira a quedarse no solo en la memoria de una generación, sino como esa canción sincera que siempre encuentra la forma de sonar en un nuevo parlante.
