
No fue un concierto más en la agenda local. El espectáculo que brindó la banda estadounidense Dream Theater esta noche en el Anfiteatro Imperial de Parque Viva fue una demostración de cómo la complejidad puede ser también profundamente emocional.
La banda convirtió el recinto en un espacio donde la precisión técnica y la intensidad rítmica coexistieron sin fricción, frente a un público exigente que llegó dispuesto a entregarse a una muy ansiada experiencia.
En medio de su gira Parasomnia 2026, que celebra sus exitosos 40 años de vida artística, el quinteto entregó un espectáculo de primer mundo ante el público tico que había esperado su regreso, 14 años después de su primera visita al país. Esta ocasión se sintió más poderosa, pues la banda vino con su alineación clásica tras el regreso del baterista Mike Portnoy, quien había estado fuera de la banda durante una década.
El grupo llegó a Parque Viva como leyenda viviente, y con el reto de sorprender a un público que, probablemente, los ha seguido desde sus discos vitales, como Images and Words, Metropollis Pt.2: Scenes from a Memory, que, por cierto, fueron de los primeros de los cuales sonaron canciones de un extenso repertorio.
Arquitectura sonora, el virtuosismo de Dream Theater
El ambiente que se sintió fue casi ritual. El público se deleitó con canciones largas y estructuras imposibles. En Parque Viva no había oyentes casuales, sino entendidos y apasionados, como suele suceder con los fans del metal progresivo.
Cuando el escenario se iluminó y sonaron los primeros compases de Metropolis-Part I, la reacción fue inmediata, casi física. La audiencia respondió a una canción siempre esperada con ilusión.

Dream Theater desplegó un repertorio que honra sus 40 años de carrera, con todo su virtuosismo. Cada pieza incluyó pasajes que, con técnica y complejidad, encontraron su lugar dentro de una narrativa mayor.
Overture 1928 y Strange Deja Vu; fueron parte de un viaje completo donde los cambios rítmicos y las variaciones melódicas convertían la experiencia sonora en un movido viaje.
Con ejecuciones impecables, cada músico ocupó su espacio con seguridad, como partes de un maquinaria que, lejos de parecer rígida, respiraba, se flexibilizaba y hasta volaba. El cantante James Labrie, por su parte, entró y salió del escenario reiteradas veces, dejando largos espacios instrumentales. A veces, su participación dejó dudas sobre su rendimiento vocal.
Tras más de 30 minutos de intensidad, el intérprete aprovechó un par de espacios para conversar con el público.
Primero recordó con emoción la primera vez que el grupo estuvo en suelo tico, compartiendo su alegría por volver a encontrarse con los fans.
Más adelante, con visible entusiasmo, le expresó a las 7.000 personas que se reunieron a verlos: “Ustedes sí que saben rockear”, para luego narrar que este concierto era un abrazo a 40 años de música, pero especialmente al retorno de su compañero Portnoy. La audiencia, por supuesto, respondió con euforia.
Clase magistral de metal progresivo
La banda dio una clase magistral de metal progresivo. No se podía esperar otra cosa de James, John Petrucci (guitarra), John Myung (bajo), Jordan Rudess (teclados) y Portnoy.
Su repaso de obras llevó al público a estimularse al máximo con interpretaciones de temas altamente conocidos como The Mirror, Peruvian Skies y As I Am.
Para la segunda parte, después de un intermedio, incluyó material de su más reciente álbum, Parasomnia, el cual también ha sido protagonista de otros conciertos de esta gira, y en el cual hubo muchas más muestras del talento de los músicos

El repertorio, que se acercó a las tres horas de duración, fue llegando al final con A Change of Seasons, uno de los temas más extensos del repertorio de Dream Theater, sobrepasando los 20 minutos.
El público, expectante por la interpretación de esta pieza, se devolvió en el tiempo hasta los noventas, para saborear uno de los discos clásicos y también protagonistas de esta gira de aniversario.
El grupo no podía despedirse sin antes volver a tocar un par de temas añorados. Con The Spirit Carries On y Pull Me Under la audiencia, probablemente altamente satisfecha, tuvo otro par de razones más para quedarse boquiabierta ante estos ídolos del metal progresivo.
Una noche completa. Emociones que no se repiten. Público y banda felices. Dream Theater lo logró, dio cátedra en Parque Viva.
Colaboró con esta crónica Arturo Pardo V.
