Escrita a cuatro manos entre un Premio Nobel y un reconocido científico y dramaturgo austriaco, la obra
El montaje de este texto es una coproducción entre el Teatro Universitario, que cumple sus 60 años de trabajo, y el Teatro Nacional (TN). Se estrena hoy y, luego de sus cuatro funciones en el histórico escenario, continuará su temporada en la sala del grupo universitario, en San Pedro de Montes de Oca.
Esta obra del 2001 es original del escritor y destacado químico austriaco Carl Djerassi y del polaco Roald Hoffmann, premio Nobel de Química de 1981.
Los autores se dieron el lujo de reunir, solo gracias a la ficción, al francés Antoine Lavoisier, el sueco Carl Wilhelm Scheele y al inglés Joseph Priestley, tres químicos del siglo XVIII, a quienes se les considera como descubridores del oxígeno. No obstante, la historia le atribuye el hallazgo solo a Lavoisier.
A cargo de la dirección del estreno costarricense está Manuel Ruiz, quien trabaja con un elenco de 11 actores: la mayoría egresados de la Escuela de Artes Dramáticas, de la Universidad de Costa Rica (UCR), así como un par de estudiantes de actuación de la misma escuela.
¿Por qué eligió este texto para celebrar el sexagésimo aniversario del Teatro Universitario? Ruiz aseguró que
Con claros aportes históricos-científicos, la obra plantea una reflexión acerca de cómo asumir el devenir de los descubrimientos o avances científicos en la sociedad, aseveró el director.
Se cuestiona a quién se le debe atribuir un nuevo descubrimiento: ¿al primero que lo publica, al primero que lo comparte con otro o al primero que lo encuentra?
Ruiz cree que la obra le permitirá al espectador valorar los avances de la ciencia, que con los años llegan a ser vistos con un poco de indiferencia al volverse tan cotidianos. ¿Qué sería de la humanidad actual sin esos pequeños pero significativos descubrimientos del pasado?
Con
Debido a lo anterior, la obra se desarrolle en dos momentos históricos: la década del año 1770 y el año 2001.
La acción en el siglo XXI se desarrolla en el interior de una sala de reuniones, donde cuatro personas tendrán la responsabilidad de proponer al primer ganador de dicho Nobel retrospectivo, lo cual los lleva a repasar nombres importantes en la historia de la ciencia.
Lograr que los cuatro académicos suecos propongan un candidato son complejas, para nada un juego de niños. Finalmente, alguien propone dárselo a un científico sueco y piensa en Carl Wilhelm Scheele, como descubridor del oxígeno.
Una nueva discusión llega, pues los propios integrantes del comité difieren acerca de quién es el verdadero autor del descubrimiento.
El teatro hace un viaje al pasado y deja ver la vida de estos científicos del siglo XVIII y, para ello, se ve a un segundo grupo de actores en escena.
Con bellos trajes de época y en la recreación de un laboratorio químico de entonces, los tres científicos tratan de demostrar quién fue el primero en descubrir el vital gas. Además, se reprocharán su falta de transparencia.
Dicho encuentro tampoco existió en la realidad, pero los hechos que ahí se ventilan sí son documentados y aportarán importantes elementos de la historia.
La dinámica de dar saltos del pasado al presente y viceversa se mantendrá a lo largo de la obra. Al final, el espectador se verá involucrado en la elección final.
Con el fin de buscar fondos e idear la manera de llevarla a las tablas, pasaron algunos años y, finalmente, se logró montar con el aporte de distintas instituciones, como la UCR y el TN.
Lograr recrear momentos de la historia tan distintos fue uno de los retos del montaje y para ello se planteó que en la primera parte del escenario, la más cercana al público, se desarrollara la acción del siglo XVIII. Mientras, en el fondo, se construyó una escenografía levantada varios metros del suelo, donde se debate acerca de quién debe ganar el Nobel retrospectivo.
En el Teatro Nacional, la lejanía de los actores que representan el siglo XXI le plantea un reto a los histriones: proyectar la voz lo suficiente para que se escuchen en toda la sala, sin que griten.
“Pienso que los actores de abajo (siglo XVIII) no tienen ningún problema para hacerse escuchar, ya más adentro la cosa cambia, todos ellos están usando su voz impostada, porque saben usar la técnica”, afirmó Ruiz.
La obra le plantea a los histriones el desafío de ofrecer una buena actuación sin que sus parlamentos se vuelvan una simple repetición de hechos científicos.
Para interpretar
Además, trabajan Kathia Mora y Marion Madrigal, que son estudiantes de teatro.
Para llegar al estreno de esta noche, Ruiz pasó por un largo proceso de análisis y de hilar fino en los detalles. Él no cree que tenga que prestar atención a los detalles que le señaló Andrés Sáenz, crítico de
En esa crítica, Sáenz comentó que se trataba una puesta “ayuna de sutilezas”.
“En primer lugar quiero decir que no estoy de acuerdo para nada con la crítica de
Con todo listo, ahora el Teatro Universitario está listo, una vez más, para mostrar su trabajo y que sean los espectadores quienes den el veredicto sobre su trabajo.