
En representación de Costa Rica, dos jóvenes cocineros se disputan actualmente un lugar en la gran final de una de las competencias gastronómicas más importantes para las nuevas generaciones de chefs: el S.Pellegrino Young Chef Academy Competition 2026/2027.
Mauro Jiménez, chef de Las Ventanas El Silencio Lodge & Spa, y Allan Flores Navarro, chef de Restaurante Amana, fueron seleccionados entre los 15 finalistas de Latinoamérica y el Caribe.
Ambos representarán al país en la eliminatoria regional que comenzó el domingo y se extenderá hasta el 30 de setiembre, en Ciudad de Panamá. Su objetivo es conquistar el pase a la Gran Final, prevista para 2027 en Milán, Italia.
El S. Pellegrino Young Chef Academy es una plataforma internacional que impulsa a jóvenes cocineros de menos de 30 años mediante competencias, formación, mentorías y encuentros con reconocidas figuras de la gastronomía. Por su nivel y alcance mundial, la crítica especializada considera esta competencia como una especie de mundial de la cocina para talentos emergentes.
La clasificación de Jiménez y Flores representa una doble presencia costarricense en la instancia regional. Ambos fueron escogidos por especialistas de ALMA, la Escuela Internacional de Artes Culinarias Italianas, quienes evaluaron la técnica, la creatividad y la visión de cada participante sobre el papel de la gastronomía.
Detrás de sus propuestas hay historias muy distintas. La de Jiménez está ligada a los recuerdos de su abuela peruana, quien cocinaba a pesar de su ceguera; la de Flores comenzó en una soda familiar y descubría que su verdadera vocación estaba entre ollas, cuchillos y fogones.
En Panamá, ambos están teniendo la oportunidad de demostrar sus propuestas y buscar la clasificación a la cita mundial en Italia.
Allan Flores: de una soda familiar a una competencia internacional

Mucho antes de imaginar que prepararía un platillo para un jurado internacional, Allan veía la cocina desde un ámbito cotidiano.
Su madre y su abuela cocinaban en una soda de comida típica y antojos personalizados. Flores ayudaba en el negocio familiar y era sumamente cuidadoso con los tiempos y la manipulación de los alimentos, aunque en ese momento no planeaba dedicarse a la gastronomía.
Su objetivo inicial era buscar la estabilidad de un trabajo de oficina, por lo que evaluó un futuro en el sector bancario. Sin embargo, una oportunidad laboral que no se concretó lo llevó a reconsiderar su vocación.
“Nunca pensé en cocinar de manera profesional. Ayudaba en la soda de mi mamá y, aunque era comida típica, yo era muy exigente con los tiempos y la higiene. Un día me llegó un correo universitario sobre la carrera de gastronomía y sentí que todo encajaba”, recordó.

La experiencia familiar se transformó así en el punto de partida de su carrera. Ahora, Flores lleva esa herencia a Panamá con Inheritance, la propuesta con la que compite en la final regional.
El platillo tiene al cerdo y al banano como ingredientes principales. La elección del cerdo evoca sus recuerdos de infancia y las recetas de su madre, además de ser una proteína que le permite diferenciarse en una competencia de este nivel.
“El cerdo me gusta mucho; conecta directamente con mi infancia y con la comida que preparaba mi mamá”, explicó.
El banano también cumple un rol fundamental: Flores decidió aprovecharlo de forma integral —incluidas la fruta, la cáscara y el corazón— como parte de una propuesta enfocada en la sostenibilidad y el aprovechamiento del producto.
El nombre del platillo, Inheritance —herencia—, sintetiza su concepto: “Este reconocimiento representa a mi país, a los productores locales y a las personas que influyeron en mi camino. Inheritance nació de mis recuerdos, de la cocina de mi madre y del deseo de contar una historia sobre Costa Rica mediante ingredientes de nuestra identidad”, afirmó.
Mauro Jiménez: la admiración por una abuela que nunca dejó de cocinar

La historia de Mauro Jiménez comenzó en Perú, de donde es oriundo, antes de que Costa Rica se convirtiera en su hogar.
Su vínculo con la cocina estuvo marcado por su abuela, quien, a pesar de padecer ceguera, preparaba los alimentos cotidianos. Para Jiménez, verla cocinar despertó una profunda admiración y curiosidad durante su infancia.
“Más que enamorarme de la cocina, todo empezó por la admiración hacia mi abuela. Ella no podía ver, pero eso nunca le impidió cocinar para la familia”, recordó.
Al crecer en una familia numerosa con seis hermanas, fueron ellas quienes le enseñaron las primeras preparaciones. Con el tiempo, descubrió que disfrutaba cocinar y observar la satisfacción de las personas al probar sus platillos.
A los 15 años comenzó a trabajar en cocinas profesionales durante sus vacaciones, lavando platos en cevicherías de Lima mientras observaba el trabajo de los chefs. Posteriormente, decidió estudiar gastronomía en Perú y, tras completar sus estudios, migró a Costa Rica, donde se incorporó al equipo de cocina del hotel El Silencio.
Con más de tres años y medio de residir en el país, Jiménez asegura haber encontrado valiosas oportunidades de desarrollo profesional en el territorio nacional.
Durante este tiempo se ha dedicado a explorar la gastronomía costarricense desde las cocinas hogareñas, aprendiendo recetas caseras y picadillos de las madres de sus colegas. Esa experiencia le permitió identificar similitudes y diferencias entre los ingredientes costarricenses y peruanos.
Jiménez bautizó su propuesta para el certamen como Memorias, un nombre que sintetiza su recorrido vital y profesional: su infancia en Perú, la enseñanza familiar y su evolución culinaria desde que llegó a Costa Rica.

El platillo combina cola de res, maíz en distintas texturas y ají amarillo —ingrediente emblemático de la gastronomía peruana— con productos locales costarricenses. Como residente de Sarchí, el chef busca llevar la identidad de su comunidad a la mesa internacional.
“Representar a Costa Rica es uno de los mayores honores de mi carrera. Llegué con el sueño de crecer como cocinero y fue este país el que me abrió las puertas para evolucionar”, expresó.
Para ambos cocineros, la gastronomía trasciende la dimensión laboral. Flores asegura que la cocina forma parte de su vida cotidiana aun en sus días libres, mientras que Jiménez la define como una forma de arte y expresión donde los sabores transmiten emociones sin necesidad de palabras.
El camino hacia la final en Panamá
Ambos representantes viajaron el domingo a Panamá para iniciar el cronograma oficial de la competencia.
Este lunes ambos participan en una sesión informativa para reconocer las instalaciones universitarias donde se desarrollará el certamen, revisar utensilios e ingredientes, y realizar el sorteo de grupos y horarios. Cada participante contará con la asistencia de un estudiante de gastronomía de último año.
Mañana martes 29 de setiembre se llevará a cabo la prueba decisiva. Las jornadas de cocina comenzarán desde las 5 a. m. y las presentaciones ante el jurado —integrado por cinco reconocidos referentes de la gastronomía latinoamericana— iniciarán a las 10 a. m.
Ese mismo día se anunciará al representante de Latinoamérica y el Caribe para la Gran Final de Milán 2027.
Posteriormente, los 15 finalistas regionales viajarán a Italia para presentar sus propuestas ante el denominado “Gran Jurado”, conformado por siete destacados chefs de prestigio internacional.
Allí se corona al ganador global y se entregan los premios colaterales:
- S.Pellegrino Social Responsibility Award: Al plato que mejor represente prácticas sostenibles.
- Acqua Panna Connection in Gastronomy Award: Al chef que mejor equilibre la herencia culinaria con la modernidad.
- Fine Dining Lovers Food for Thought Award: Elegido por la comunidad en línea para el chef que mejor represente su creencia personal.
