
Lo que comenzó en 2016 como un sueño para unir a un gremio disperso, celebra hoy una década de éxito rotundo. Declarado de interés público desde 2017, el Festival de Ballet San José llega a su 10.° aniversario, consolidándose como el puente definitivo entre los bailarines locales y los grandes escenarios del mundo.
Con la participación de los maestros Michael Bearden y Brandye Lee, de la Universidad de Oklahoma, y un historial de más de 65 becados internacionales, esta edición especial se extenderá del 8 al 11 de abril, prometiendo formación de alto nivel y una toma cultural de los espacios públicos de la capital.
“El festival es un evento que en su formato es único en Costa Rica: tenemos un seminario intensivo que es del viernes 10 al domingo 12 de abril, donde habrá clases de ballet, de puntas, de repertorio, de maquillaje y acondicionamiento físico. Además, se monta una coreografía que se presenta en la función de cierre”, afirmó Katherina Madriz, directora del evento.
Además de este seminario, el 11 de abril, en KT Salud y Bienestar en Montes de Oca, habrá clases gratuitas para niños y niñas de tres a ocho años. Por otro lado, el público podrá asistir a clases abiertas en diversas disciplinas y niveles en Danzay, Danceworks y Teatralia.
“También tenemos los espectáculos, que en este caso son dos: el de gala y el de cierre en el Auditorio Humboldt. En el de gala bailan profesionales y semiprofesionales; en el de cierre participan diferentes academias que envían un video de audición y escogemos las que mejor creamos para el caso”, comentó Madriz.

Este evento funciona como una puerta a la profesionalización y al despegue de las carreras de quienes participan. En las nueve ediciones anteriores han participado estudiantes de Cartago, Palmares, San Carlos, Nosara, Grecia, San Ramón, Liberia, península de Osa, Alajuela, Heredia, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Estados Unidos.
“El año pasado becamos a una muchacha para que hiciera nuestro seminario. Todo el mundo quedó fascinado con ella y ahorita, en julio, se va un mes para Barcelona. Es una niña cuyos papás trabajan mucho, pero no tenían los medios; si no fuera por las becas, ella no lo lograría”, explicó la encargada.
El evento ha otorgado becas para El Salvador, Nueva York, Colorado, México, Barcelona y Texas. La organización afirma que es una forma de contribuir de manera especial, pues en Costa Rica no hay una compañía de ballet que sirva de impulso permanente.
“Si un tico quiere dedicarse al ballet, tiene que irse de Costa Rica. La única forma es que le demos esa formación que necesita y los empujes para que se pueda ir y dedicar a eso, porque aquí no se puede”, agregó Madriz.
Los interesados en el seminario se pueden inscribir en www.festivalballetsj.com—el cual tiene un costo de $350 — o bien comprar sus entradas para los espectáculos en eticket.

De una charla de café a una realidad nacional
La historia del Festival de Ballet San José no empezó en una oficina de planificación cultural, sino en una conversación informal entre amigos. Madriz, quien hoy celebra una década al frente del proyecto, recuerda que la chispa fue una observación sobre la desunión del gremio. Mientras la danza contemporánea en Costa Rica gozaba de una estructura sólida y universitaria, el ballet sobrevivía fragmentado en academias privadas.
“Yo le decía a mi amigo que no era falta de unión, sino que, al ser el ballet un negocio del que viven las academias, cada una intenta rescatar lo suyo y no necesariamente al país”, reflexiona Katherina.
Esa inquietud la llevó a diseñar un modelo basado en referentes internacionales, pero con un ingrediente clave: la neutralidad. Al no ser dueña de una academia, se convirtió en el puente perfecto para unir a un sector sin temor a la competencia.
El destino del festival se selló en abril de 2016, tras una reunión con Adrián Figueroa, entonces director de la Compañía Nacional de Danza. Madriz, abrumada por la magnitud de su propia idea, planteó ejecutarla en un plazo de diez años.
La respuesta de Figueroa fue un reto directo que cambió la historia de la danza en el país: “Tenés que hacerlo ya, hace falta”. Lo que parecía una tarea de una década se materializó en apenas cinco meses, por lo que en setiembre de ese mismo año el primer festival levantó el telón.

Tres décadas de puntas y compromiso
Detrás de la organización del festival hay una mujer que respira ballet desde hace 31 años. Katherina, de 40 años, es el vivo ejemplo de la disciplina que promueve. Inició su camino a los nueve años en el Ballet Juvenil Costarricense, un proyecto que en los años 90 soñaba con convertirse en la escuela y compañía nacional que el país aún añora.
Su perfil rompe con el molde tradicional del artista. Además de bailarina, es fisioterapeuta de profesión, máster en fisioterapia deportiva, empresaria y hasta nadadora máster.
Esta visión integral la llevó a fundar el Ensamble del Festival de Ballet San José, una agrupación nacida de la necesidad de bailarinas con formación profesional que, al llegar a la adultez, no tenían un escenario donde ejercer su arte en Costa Rica.
“Hice esta agrupación para bailarinas como yo, que todavía teníamos ganas y el cuerpo nos daba, pero no teníamos dónde bailar”, confiesa. Esa misma determinación es la que hoy mueve los hilos del festival: la convicción de que el ballet no debe ser solo un pasatiempo, sino una carrera profesional con sello de exportación.
Actualmente, el festival ha logrado formar a 412 estudiantes en seminarios intensivos, reunir a más de 1.000 bailarines en escena y atraer a más de 2.500 espectadores.
Las luces se encenderán pronto, recordándonos que en San José el ballet ha dejado de ser un sueño de academia para convertirse en un orgullo de exportación.

