
Keibril Amira Casasola García tendría hoy tres años. Su nombre aún resuena y, cada abril desde 2023, es inevitable recordar aquel Domingo de Resurrección en que, con apenas nueve meses, fue arrebatada de los brazos de su madre, una niña que entonces tenía 12 años y sufría de violencia sexual sistemática dentro de su propia casa, en Cervantes de Alvarado, Cartago.
Hoy, esa joven está a pocos días de cumplir 17 y, en los próximos meses, podría volver a juicio por una nueva causa de abuso sexual en su contra.
Aunque ya existe una condena por la desaparición de Keibril, la herida sigue abierta. Con el tiempo han surgido detalles que engrosan el expediente, continúan acreditando un entorno de agresiones y, a tres años de la desaparición de esta bebé, hay quienes sostienen que el caso continúa inconcluso.
Esa es la postura del periodista, abogado y filólogo Ronald Moya Chacón y del también periodista Rodolfo Martín Obando, quienes durante dos años han trabajado en Keibril, hundida en el silencio, un libro de poco más de 200 páginas que reúne los detalles de la investigación y las voces de las personas involucradas.
La obra reconstruye la historia de la madre de Keibril, “Nayeli”, a través de su propia voz. Este es el nombre ficticio que los autores eligieron para proteger su identidad.

“Creemos que la historia de Keibril no ha terminado. Nosotros, como autores, estamos convencidos de que la niña no solamente desapareció, estamos convencidos de que la niña está fallecida. Si está fallecida hace falta de esta historia hacer un juicio por la muerte, por el homicidio”, explicó Moya durante una conversación con La Nación.
“El asunto no se puede quedar ahí, porque entonces el homicidio quedó impune, porque no ha habido juicio sobre eso. La justicia costarricense no puede dejar en la impunidad un homicidio tan grave”, agregó.
Hugo Casasola Salas, de 36 años, es el único responsable de la desaparición de Keibril. Fue él quien abordó a Nayeli, le arrebató a la niña en la vía pública, la subió a un vehículo sin asientos y la extravió. La denuncia por la desaparición se presentó de inmediato, y las búsquedas se extendieron durante semanas sin arrojar resultados.
Con el paso de los días, las autoridades concluyeron que la bebé había fallecido y que su cuerpo habría sido abandonado en algún lugar remoto de Cartago. Quizás la corriente de un río lo arrastró, o algún animal lo encontró en su camino y eliminó cualquier rastro que pudiera conducir a su paradero.
El desenlace para esta niña que no alcanzaba ni un año de vida fue trágico; pero no lo fue solo para ella, sino también para su madre. Casasola era el padrastro de la joven y se aprovechó de esa cercanía para ingresar de forma reiterada a su cuarto; lo hacía al menos cinco veces por semana y como resultado de uno de esos encuentros desafortunados, nació Keibril.

El sujeto descuenta una condena de 79 años de cárcel y permanece recluido en un centro penitenciario de Pérez Zeledón. El Tribunal de Juicio lo declaró culpable, en noviembre del 2024, de cometer múltiples delitos de abuso sexual en perjuicio de la madre de Keibril, así como de la sustracción de la bebé, pero nunca se le juzgó por el delito de homicidio, pues el cuerpo no apareció.
El caso conmocionó al país porque, más allá de los detalles en torno a la muerte de la niña, su desaparición dejó al descubierto un entorno familiar marcado por el abuso y la negligencia. Además, evidenció las fallas del Estado para atender las alertas que se encendieron una y otra vez desde esa vivienda.
Nuevos presuntos abusos sexuales
El caso de Keibril no terminó con la condena. Moya contó a este medio que, hace al menos seis meses, trascendió que Nayeli no solo recibió abusos sexuales por parte de su padrastro, sino también de dos vecinos suyos. Uno de ellos, contó, ronda los 45 años y el otro sobrepasaba ya los 60.

Este nuevo detalle es uno de los tantos que se abordan en esta recopilación periodística. Según explicó Moya, la primera de estas causas por violación está elevada a juicio y debería llegar a tribunales en los próximos meses.
Sin embargo, recientemente falleció el segundo sospechoso y, por ello, se extinguió esa acción penal.
“Esto se sabe porque Nayeli continúa bajo la vigilancia y protección del PANI (Patronato Nacional de la Infancia) y ella misma contó esta situación. Dio suficiente prueba como para poder citar a juicio a los sospechosos”, dijo Moya.
En resguardo estatal están también dos de sus hermanos, menores de edad, quienes también habrían sido víctimas de agresiones sexuales, pero cuyos casos no están judicializados porque no se pudo individualizar a un presunto responsable, afirmó el periodista.
Hallazgo de dos fosas
Moya explicó que con los años surgió un nuevo detalle sobre el caso, incluso después de culminar el juicio. Se trata del hallazgo de dos fosas que Casasola habría cavado tres días antes de la desaparición de Keibril.
“Estas fosas estaban en un terreno cercano al centro de Mata Guineo. Se sabe que esas fosas las hizo él porque dos testigos lo vieron cavando con pico y pala en ese terreno. Ellos lo reconocen (...) El OIJ cree que Casasola estaba preparando, que ahí depositaría los restos de la bebé. Son fosas que no tienen más de un metro de profundidad. Eran dos, no sabemos para quién era la segunda”, explicó Moya a este medio.
Las autoridades presumen que el padre de la bebé premeditó su muerte, pero él no pudo llegar a ese lugar y concretar el plan a tiempo. Para Moya y Martín, existen pruebas suficientes que acreditan el asesinato de la niña, y todas serán expuestas en su libro.
“(El homicidio) Debe tener una respuesta y la respuesta debe darla el Poder Judicial, debe haber un juicio por esto, por eso escribimos el libro, para hacer una contribución, para hacerle ver este país que ahí está ese vacío”, concluyó Moya.
