
Una casa desordenada, sucia y con mal olor recibió a Marylin Espinoza, madre de Nadia Peraza, cuando acudió a buscarla a su vivienda, donde residía con el sospechoso de asesinarla, en Bajo Los Molinos de San Rafael de Heredia.
Marylin perdió contacto con Nadia desde el 21 de febrero del 2024 y, tras varios días sin verla, imaginó que la encontraría en esa casa, amarrada dentro de un cuarto y sometida por su pareja sentimental, Jeremy Buzano Paisano, con quien su hija mantuvo una relación, en apariencia, colmada de presuntas agresiones físicas y psicológicas.
“Nunca había entrado a una casa que oliera así, de esa forma. Mi idea fue que por tanta cosa sucia y que no se limpiaba y no se lavaba nada. Esa fue mi idea, de por qué olía mal”, narró la madre este miércoles durante el primer día de juicio por el femicidio de Nadia, en los Tribunales de Heredia.
No recuerda con precisión el día de su visita, pero sí asegura que Buzano la dejó entrar sin objeciones a la vivienda y ella indagó en cuartos y baños, pero no hubo rastro de su hija.
“Como no vi nada, imaginé que no estaba ahí. (...) Nunca me imaginé que él hubiera hecho eso con ella”, dijo.
Pese a que no halló a Nadia ese día, relata algunos aspectos que llamaron su atención. El sujeto, dijo al Tribunal, tenía una herida en su mano izquierda, que el propio padre del joven justificó como un intento de suicidio, sin mayores explicaciones. La ropa de la bebé que su hija tuvo con el sospechoso estaba acumulada cerca de una refrigeradora blanca que estaba conectada a la corriente y funcionando.
Buzano, dice, parecía nervioso.
El 6 de abril de ese mismo año, semanas después de esa visita, Buzano se habría mudado a un apartamento en las inmediaciones de la Universidad Nacional, en San Pablo de Heredia. Solo se llevó algunos electrodomésticos, entre ellos una refrigeradora y una lavadora.
Marylin se enteró de la mudanza hasta diez días después, cuando el sujeto que le alquilaba el sitio le avisó que habían sacado de la casa una bolsa con lo que parecía ser carne podrida, que emanaba un fuerte olor.

El 17 de mayo, agentes de la Policía Judicial le dieron la noticia a la madre de Nadia. “Me dijeron que habían encontrado una refri, que aparentemente ahí estaba el cuerpo de mi hija. Sentí horrible, como si me hubieran matado a mí también”, lamentó.
Marylin solo pide justicia por Nadia y la custodia de su nieta. Esta niña, hoy de cuatro años, dice, ya no recuerda a su madre ni a su padre, pero recibe atención psicológica desde que trascendió el homicidio.
