Seguridad

Pescador sobrevivió 57 horas aferrado a una pichinga y comiendo papa cruda

Alejandro Pérez Gutiérrez naufragó el domingo cuando se hundió el barco que comandaba cerca de cabo Blanco. Fue localizado hasta el martes por un mercante ecuatoriano. Su compañero de travesía aún no aparece

Sobrevivir a un mar embravecido con más acompañamiento que una bolsa plástica, una pichinga y una papa cruda. Así resistió Alejandro Pérez Gutiérrez las 57 horas más difíciles de su vida, desde que naufragó el domingo a las 6 a. m. en las cercanías de cabo Blanco, en la península de Nicoya y hasta que fue rescatado por un barco mercante el martes anterior.

El enorme navío lo dejó en el puerto de Corinto, en Nicaragua y apenas este viernes pudo regresar a su casa en Riojalandia de Barranca, en Puntarenas. Desde ahí, arropado por su esposa, sus hijos y su mamá, este pescador de 49 años reconoce que fueron largos días de zozobra que resistió aferrado a una vieja pichinga en la que almacenaban combustible.

Se alimentó con una papa cruda que rescató antes de que la lancha artesanal se hundiera producto del mal tiempo y tomaba agua de lluvia que colectaba en una bolsa plástica.

“Fueron momentos de angustia, muy difícil estar solo agarrado de una pichinga y con un mar muy picado, la primera noche fue terrible con lluvia y todo oscuro, así pasaban los días y las noches aferrándome a la pichinga, con muchas ganas de vivir por mis seres queridos, lo único que comí al segundo día fue una papa cruda que por cierto solo la mitad me comí, para guardar para el día siguiente y tomaba agua de lluvia”, comentó Alejandro Pérez, en entrevista con La Nación.

Alejandro y su compañero Cristian habían salido el sábado de Puntarenas para una viaje que estimaban de 3 o 4 días. Sin embargo, el mal tiempo los traicionó. La mañana del domingo, una fuerte ola volcó la lancha y Alejandro solo tuvo tiempo de mandarle un mensaje por WhatsApp a su pareja: “Amor, amor, nos estamos hundiendo, ya nos hundimos, estamos naufragando llamen a la naval (...), estamos aquí por el cabo (Blanco), nos hundió una ola, nos hundió el mal tiempo”.

“En el momento en que se hundió la embarcación le dije a Cristian que agarráramos implementos para sujetarnos y empecé a alertar a las personas conocidas y llamé al 9-1-1. Quien me atendió le di las coordenadas donde me encontraba, que eran unas dos millas de cabo Blanco. Yo esperaba que llegarán Guardacostas ese día en la tarde, pero nunca los vi, ni cerca de donde estábamos.

“Cristian mi compañero no lo pude sostener más junto a mí ya que el oleaje estaba muy fuerte. Algo así como “la tormenta perfecta”, pase casi dos días solo hasta que Dios me envió ese gran barco que media unos 30 metros de altura. Yo con las pocas fuerzas que tenía levante una camisa que tenía para que me lograrán ver, por dicha un marinerorzos. me logró observar y me rescataron, el barco era tan grande que fue difícil que me subieran”, relató Alejandro.

Desde ese domingo de Cristian, de 34 años, no se sabe nada. Este 17 de junio, equipos de Guardacostas y del Servicio de Vigilancia Aérea completaron cinco días de patrullajes por aire y mar para tratar de localizar al pescador, pero los resultados siguen siendo infructuosos.

Martín Arias, viceministro de Seguridad Pública, confirmó que se han llevado a cabo 14 patrullajes marítimos con un total de 56 funcionarios, lo que ha implicado 102 horas de navegación. De igual modo, el Servicio de Vigilancia Aérea ha efectuado 7 patrullajes aéreos, para un total de 21 horas de vuelos, a cargo de 21 funcionarios.

Agregó que los patrullajes continuarán con apoyo de la Universidad Nacional, que brinda detalles de las corrientes marinas y las proyecciones respectivas, para determinar los puntos de búsqueda y además se alertó a barcos en la zona para que también se sumen esfuerzos,

Este viernes, un amigo de Alejandro lo esperó en la frontera con Nicaragua y lo llevó hasta Barranca, donde lo esperaba la familia. Ahí, su madre, Paulina Gutiérrez, sostuvo que ella siempre tuvo fe y esperanza de que su hijo menor regresara a casa, sano y salvo, La angustia que sentía no la llevó a desvanecer y siguió rezando para que un milagro le hiciera llegar a su hijo.

“Yo ya no sabía ni que decir ni como orar, me sentía destrozada de saber que mi cumiche estaba en alta mar tratando de vivir, yo nunca perdí la fe ni esperanza de poder abrazar a mi hijo y tenerlo en casa, Dios me escuchó y aquí lo tenemos vivo, gracias a quienes le ayudaron a rescatarlo” comentó Paulina.

Esta tarde, Alejandro pudo volver a acunar a su hija menor, de apenas 15 días de nacida. Inicialmente iba a llamarse Darlyn Alexandra, pero ahora se llamará Sofía, como el enorme barco mercante que lo rescató.

Vanessa Loaiza N.

Vanessa Loaiza N.

Editora de Sucesos. Trabaja en la Redacción de La Nación desde 1998. Se especializó en temas de Infraestructura, concesión de obra pública, contratación administrativa y Transportes.

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