Seguridad

Mitad de muertos en carretera son motociclistas

En lo que llevamos del año han fallecido 228 personas en las vías, 113 viajaban en moto. Hace 10 años apenas el 25% de los muertos usaban ese tipo de vehículo

La mitad de las víctimas en accidentes de tránsito son motociclistas y el porcentaje con respecto al total de fallecidos en carretera viene en aumento en la última década.

Desde el 1.° de enero de este año y hasta el pasado 16 de agosto, la Policía de Tránsito registra 228 muertes in situ y de ese total, 113 viajaban en moto, es decir un 49,5%.

Uno de los accidentes más graves se registró el pasado 9 de julio cuando una niña de dos años, su papá y otra adulta fallecieron al chocar contra otra moto en la ruta 32, a su paso por Guápiles de Pococí.

En contra con lo que dispone la ley de tránsito, en esa moto iban cinco pasajeros, los tres fallecidos y dos sobrevivientes. La niña ni siquiera tenía la edad mínima para viajar en ese tipo de vehículo (5 años).

La imprudencia, como en este caso, es uno de los factores que la Policía de Tránsito identifica para explicar el aumento de los fallecidos en estos vehículos de dos ruedas.

Hace 10 años, en el 2012, apenas el 25% del total de víctimas mortales circulaba en moto y desde entonces el peso porcentual ha venido creciendo, hasta superar la barrera del 40% en el 2019 y ahora casi el 50% en los primeros siete meses del año, según estadísticas del Consejo de Seguridad Vial.

El 2020 tuvo un decrecimiento, pues el 36% del total de fallecidos eran motociclistas, no obstante, ese no es un año representativo pues hubo severas restricciones a la movilidad producto de la pandemia.

Tendencia al alza

En la última década el porcentaje de motociclistas fallecidos es cada vez mayor con respecto al total de muertes en vías.

FUENTE: CONSEJO DE SEGURIDAD VIAL Y POLICÍA DE TRÁNSITO    || / LA NACIÓN

Además de la imprudencia, algunas de las causas del crecimiento en la cantidad de fallecidos en moto derivan de que ahora más personas son usuarias de este tipo de vehículo, el exceso de velocidad, la falla mecánica y la ebriedad.

Por último, al ser un bien de bajo costo, que incluso se puede adquirir en un supermercado, es más accesible para la población, que pocas veces se educa para aprender a manejarlo con responsabilidad.

Además de medir la siniestralidad en moto por la cantidad de víctimas, también se puede evaluar según el crecimiento en la cantidad total de accidentes.

Datos del Instituto Nacional de Seguros revelan que en el 2016 hubo 15.246 accidentes con motociclistas involucrados y la cifra siguió subiendo hasta 18.869 incidentes en el 2019. Hubo una merma en el 2020 producto de las restricciones de la pandemia, cuando se reportaron 14.149 y de enero a abril del 2021 fueron 5.484.

Si solo se analizan los cuatro primeros meses del 2021, esa cifra representa el 60,6% de todos los accidentes atendidos por el seguro de automóviles en ese periodo (9.040).

En promedio, la atención médica de un motociclista accidentado ronda los ¢2,1 millones.

“Muchos de los accidentes, una gran concentración, se da por infracciones a la ley y la poca educación responsable en la parte conductual”, estimó German Marín, director de la Policía de Tránsito en entrevista con La Nación.

Según explicó, al revisar las cifras de la última década hay parámetros que se repiten, por ejemplo, que la gran mayoría de las víctimas mortales en moto son jóvenes entre 20 y 34 años.

Muchos de ellos migran de peatones a conductores de moto sin pasar por los exámenes teóricos y prácticos para obtener una licencia y eso se traduce en comportamientos riesgosos en carretera, como no utilizar los dispositivos de seguridad, casco y chaleco o conducir a velocidades excesivas.

Por eso las multas de la ley intentan ser un disuasor “para que los conductores se inhiban de hacer prácticas al margen de la ley y así fortalecer la seguridad vial”, expresó Marín.

“No me tengo que ahorrar los 10 segundos que demoro poniéndome el casco, esa decisión puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. El objetivo del casco no es evitarme una multa, sino un elemento protector para salvarme la vida. El casco no tiene que ir en el codo”, lamentó el funcionario.

Este tipo de comportamientos se exacerban en zonas rurales, pues la moto es un vehículo idóneo para recorrer distancias cortas, como por ejemplo, de la casa a una finca de producción agrícola.

Desgraciadamente, reitera Marín, en aquellas zonas es posible que el conductor no tenga licencia, no use los dispositivos de seguridad exigidos “porque voy ahí no más”, o que viaje con más ocupación de la permitida, porque allí los controles de carretera son más escasos que en zonas urbanas.

Por ejemplo, el pasado 18 de agosto un equipo de este medio pudo comprobar como un adulto circulaba en la moto con tres menores de edad, uno de ellos ni siquiera tenía la edad mínima para viajar en ese tipo de vehículo en Ticabán, en La Rita de Pococí.

“En lugares donde las personas se sienten que están en su lugar de residencia donde está muy cerca todo y van a hacer una diligencia o mandado piensan que no va a ocurrir nada entonces no toman todas las medidas de resguardo.

“En ocasiones andan el casco cerca por si se encuentran a un oficial de tránsito, pero vamos a un tema conductual y cultural, el casco no es para que el oficial no le haga la multa, el casco es exigido porque es un mecanismo, una herramienta para evitarle lesiones al conductor” explicó Marín.

En la lucha por erradicar comportamientos irresponsables en carretera, desde abril del año pasado el Consejo de Seguridad Vial evalúa, en la prueba teórica para licencia, un capítulo específico sobre la conducción en motocicleta.

Dicha sección explica aspectos como usar siempre el casco, transitar con la luz encendida y posturas correctas para conducir una motocicleta y evitar accidentes de tránsito.

Considerando todos los accidentes, no solo de motociclistas, la Policía de Tránsito reconoce que en el 2021 se han vuelto a registrar valores “normales” de muertes en carretera, pues en este año disminuyeron las restricciones a la movilidad vial que se impusieron en los primeros meses de la pandemia.

Los datos más recientes divulgados por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes hablan de 215 fatalidades entre enero y julio de este año, es decir, 42 más que entre enero y julio del 2020.

“Este año lamentablemente la tendencia ha sido al aumento comparado con el 2020 con el 2021 donde tuvimos varios meses en números de 30 (fallecidos), que ya son números que comienzan a ser altos y que son muy parecidos al año 2019 y de ese año hacía atrás”, indicó Marín.

Colaboraron en esta información Vanessa Loaiza y Reiner Montero.

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