José Andrés Céspedes. 18 abril
Hener López Corea al lado de su padre Justo Pastor López Camacho, de 66 años. Su relación en vida acabó la pasada Semana Santa, debido a un doloroso percance durante una corrida de toros clandestina. Foto: cortesía
Hener López Corea al lado de su padre Justo Pastor López Camacho, de 66 años. Su relación en vida acabó la pasada Semana Santa, debido a un doloroso percance durante una corrida de toros clandestina. Foto: cortesía

Hener López Corea llevaba más de 10 años de no montar un toro, pero el pasado 1.º de abril tomó la decisión de volver a acercarse a un redondel. Acción de la que ahora se lamenta.

Emocionado por revivir una de sus más grandes pasiones, le dijo a su padre que lo acompañara a una corrida clandestina (”probadera”) que se iba a celebrar ese día en La Cruz de Guanacaste.

Sin embargo, cuando llegó su turno de montar, la furiosa bestia lo tiró a la arena y lo acorraló contra una cerca del ruedo sin dejarle espacio para escapar.

En ese momento de angustia, observó cómo su padre se lanzó al centro del redondel con una camiseta blanca en la mano para intentar distraer al animal.

Pero al cabo de unos segundos, su progenitor fue embestido por el toro y murió por una seria perforación visceral.

López Corea conversó con La Nación luego de este lamentable hecho y aseguró que, días después de la tragedia, recibió ¢70.000 de parte del dueño de la finca en donde se organizó la corrida ilegal.

El joven de 30 años dijo que no considera ese dinero como una indemnización, pero que tampoco tiene planeado tomar acciones legales contra el gestor de la monta clandestina.

A continuación un extracto de la entrevista que dio el hijo afectado a este medio:

– ¿Cómo se llama la persona que organizó la corrida donde murió su papá?

– Aquí solo lo conocemos como “Macho”, es el propietario del redondel y vecino del pueblo de Santa Cecilia de La Cruz.

– ¿Él contactó a su familia luego del percance?

– Días después él vino aquí a la casa, estuvimos hablando un rato y nos trajo ¢70.000. Me dijo que nos daba esa plata para que nos ayudáramos y luego solo se fue. No volvimos a verlo.

– ¿Y su papá tenía personas a cargo?

– Nosotros somos 11 hijos, pero todos viven aparte, solo yo me quedé con mis papás en la casa. Mi padre se hacía cargo de mi mamá de 64 años y yo le ayudaba trabajando en agricultura y cuidando a las poquitas vacas que tenemos.

– Usted hizo su vida al lado de ellos...

– Yo hace mucho tiempo les había dicho a mis papás que, como yo soy el hijo menor, hasta que yo no los deje donde tenga que dejarlos, nunca se van a quedar solos, así me quedé solo yo.

“Yo siempre dije que a mis padres nunca los iba a abandonar porque otros padres no se encuentran en ningún lado. Puedo encontrar una esposa después, pero ahora que solo me queda mi madre, a ella nunca la voy a dejar sola.

“Ahora voy a seguir cuidando los ocho terneros que tenemos aquí y a seguir sembrando para comer y ojalá también para vender, porque hay que echarle ganas a la vida para poder salir adelante”.

Hener López Corea es padre de dos menores y dice que solo logró llegar hasta sexto grado de la escuela, ya que desde pequeño trabaja en el campo para ayudar a su familia y llevar comida a la mesa. Foto: cortesía
Hener López Corea es padre de dos menores y dice que solo logró llegar hasta sexto grado de la escuela, ya que desde pequeño trabaja en el campo para ayudar a su familia y llevar comida a la mesa. Foto: cortesía

– ¿Recuerda si firmó algún tipo de documento para excusar de responsabilidad al finquero ante lesiones o muerte previo a montar al toro el 1.º de abril?

– No, para nada. Solo tuve que pagar la entrada al evento que era de ¢1.000.

– ¿Y en la actividad también había venta de comidas?

– Emm... no exactamente.

– ¿De bebidas alcohólicas?

– Sí, cerveza más que todo.

– ¿También dejaban entrar menores?

– Sí, había varios. De hecho invitaron a bastantes familias porque la actividad era para recoger fondos para ayudar a un primo de Macho que estaba muy enfermo.

“Digo ‘estaba’ porque al final se terminó muriendo por la enfermedad que tenía. Creo que murió un día después de que falleció mi papá”.

– ¿Durante este año usted ya había ido a otras corridas de este tipo?

– La verdad, para serle sincero, había ido a una ocho días antes, ahí en el mismo lugar, pero no a montar.

– ¿Y cree que sigan haciendo corridas ahí en ese redondel?

– La verdad no sé porque yo no he vuelto a hablar con el que las organizaba, pero de mi parte, yo no me vuelvo a acercar a un redondel nunca más.

“A mí siempre me gustó montar, pero cuando nació mi primera hija yo me había retirado de eso. No sé la verdad porqué volví a ir ese día si yo me había hecho la promesa a mí mismo de que nunca más iba a volver. Y cuando volví solo fue para que me pasara esto”.

– O sea que llevaba bastante tiempo de no montar un toro...

– Más de 10 años.

– ¿Y su papá montaba?

– No, para nada, él nunca hizo eso. Es más, él era muy cristiano y ahorita llevaba casi un año de no salir porque le daba mucho miedo el virus y esto de la pandemia.

“Ese día yo le dije que fuéramos a ver un rato la corrida y fue solo para que le pasara eso. Él estaba completamente sobrio y ni siquiera estaba dentro del redondel, estaba sentado afuera viendo, apenas veníamos llegando a la actividad”.

– Ni siquiera era fanático de los toros....

– Para nada. Lo recuerdo como un hombre muy activo y alegre. Le gustaba vacilar con los sobrinos y nietos, disfrutaba mucho pasar tiempo con la familia. Como todo adulto mayor, también tenía sus problemas y sufría de una afectación auditiva.

“Le preocupaba mucho la pandemia, nunca salía, ni siquiera para visitar a los papás de él. Decía que se iba morir por cualquier otra cosa que no fuera ese virus y efectivamente así sucedió”.