Keyna Calderón. 18 octubre
Andrea Acuña (de negro) rindió declaración acompañada de una psicóloga.
Andrea Acuña (de negro) rindió declaración acompañada de una psicóloga.

“Ha sido muy doloroso para mí como madre. Cuando tenía un año ella (la niña) empezó con enrojecimiento e infección en la vagina, fue valorada por un médico y me dijeron que existía la posibilidad de que la estaban tocando”.

Así empezó su relato Andrea Acuña Quesada ante los jueces del Tribunal Penal de Cartago, donde se juzga al pastor evangélico Mario Alberto Chacón Leandro por dos delitos de abuso sexual en contra de una menor de edad, quien es nieta de su esposa.

Los hechos por los que se le juzga habrían ocurrido en enero y abril del 2015, cuando la pequeña tenía cuatro años.

Durante la declaración, rendida este jueves en horas de la noche, Acuña sostiene que ella, por la buena relación que tenía con su suegra, le contó a la señora y al pastor lo que estaba ocurriendo con la pequeña.

"De ahí la chiquita no volvió a presentar problemas hasta el 2015: se orinaba en la cama, tenía pesadillas, decía que veía ‘el mono grande’, no quería ir al baño sola, se pasaba a dormir con nosotros, se mostró agresiva. En materno no era la misma, la maestra me llamaba constantemente, pintada colores oscuros negro y gris, me le acercaba a darle cariño pero no me decía qué estaba pasando.

“En el 2016 las cosas empeoraron”.

Acuña reconoce que en esa época le tenía mucha confianza a su suegro y por eso le permitía que él fuera por la menor al kinder, pues ella estaba embarazada y le habían recomendado reposo.

"Una vez que llegue (a la casa de los suegros) no estaba (la chiquita) en la cocina, estaba en el cuarto con Mario y la puerta cerrada, tardaron en abrir varios minutos. Cuando abrió la chiquita me abrazó fuerte, estaba muy nerviosa pero no me quiso contar algo.

“Un 4 de abril estaba viendo tele y me pidió cremita porque estaba muy quemada, la abracé y le dije que podía contar conmigo siempre, me dijo: ‘¿mamá te puedo contar algo?, es que hay alguien que me está haciendo cosas y no me gustan'. Le pregunté qué cosas y me dijo que la estaban tocando y con su mano me enseñó la vagina y dijo que no le gustaba y le dolía. Le pregunté quién era y me dijo Mario; no podía creerlo, era la persona en quien más confié, era mi consejero”, relató la mujer.

Acuña rindió declaraciones acompañada de una psicóloga, una representante del Patronato Nacional de la Infancia y la abogada defensora de la niña, Angie Arce Acuña.

Asegura que hoy, gracias al apoyo psicológico, su hija es madura, independiente, valiente, inteligente y muy fuerte.

En tanto, este jueves el acusado alegó que los padres de la menor la manipularon para “ponerla decir cosas que realmente no han pasado”.

Otro caso en trámite

La mamá de la víctima, que hoy tiene 9 años, aseguró que el pastor tiene otras historias de abusos contra otras mujeres, incluso algunas serían familiares.

Precisamente, Chacón también afronta otra investigación por presunto abuso sexual, denuncia que ingresó a la Fiscalía el miércoles 3 de abril de este año y se le asignó el expediente 19-000896-0345-PE.

Este otro caso habría ocurrido en el 2011, cuando la víctima tenía 6 años.

Andrea Acuña rindió su declaración hasta avanzada la noche del jueves y tuvo que interrumpirla en algunas ocasiones para controlar su llanto.

“Él siempre le daba muchos regalos a mi hija pero a los otros míos no, ni a los de mi cuñada. Yo creía que lo hacía por amor de abuelo porque es desde que ella nació, él marcó la diferencia, desde que mi hija me contó no le volví a hablar. Él pasaba por la casa y la señalaba (a la chiquita) se reía o parqueaba el carro frente a la escuela”, indicó Acuña.

Agregó que el rendimiento académico de la niña disminuyó, se despertaba en la noche llorando, vomitaba y se le caía el pelo.

Parte de esta situación la confirmó este viernes una maestra que tuvo como alumna a la pequeña en el 2015.

"Ella (la víctima) hacía dibujos con muchos rayones con colores oscuros. Peleaba mucho con los compañeros, para orinar no quería ir porque decía que hay un mono grande, feo. Esto lo empecé a notar después de vacaciones de medio período, hablé con la mamá si había algo en la familia.

“Antes de esto era una niña normal hacía dibujos con colores vivos, hablé varias veces con la mamá pero hasta el momento ella no sabía nada. La mamá era una madre amorosa, responsable, cariñosa y participa mucho ambos en las actividades”, relató Beatriz Mirau.

Agregó que cuando la denuncia llegó a Tribunales, en la escuela se acordó que la menor solo podía salir acompañada de sus padres o su hermano menor.

“Un día pasó la buseta del él (el pastor) y el conserje no sabía nada y me dijo que ya se iba a ir la chiquita con él y la chiquita se escondió detrás mío” recordó la educadora.

El juicio continuará el próximo jueves con más testigos y las conclusiones de las partes.