Las secuelas del incendio forestal que consumió una quinta parte del Parque Nacional Palo Verde, tras la caída de un rayo sobre un árbol, amenazan el equilibrio ecológico de uno de los territorios más valiosos para la conservación en Guanacaste.
Los principales afectados fueron sus humedales, que sirven de refugio para diversas especies de anfibios y reptiles, entre ellas la tortuga negra. Allí también acuden aves como las espátulas rosadas, patos y jabirús para hidratarse, así como mamíferos como pumas, venados, coyotes, tolomucos y manigordos.
Con la quema de más de 4.000 hectáreas —de las 19.800 que conforman el parque nacional— se comprometió el almacenamiento de gran parte del agua disponible durante la estación seca en la pampa guanacasteca.
Dichos humedales poseen la categoría de Sitio Ramsar, designación internacional que reconoce su relevancia para la humanidad debido a sus características biológicas y culturales.
“El bosque seco de Costa Rica tiene áreas que prácticamente son las últimas que existen de bosque seco en el trópico de América. Se trata de proteger al máximo esa biodiversidad que solamente existe ahí”, explicó Rodolfo Vargas, biólogo especialista en Medicina de la Conservación.
Además, el terreno de Palo Verde, crucial ruta de tránsito para la fauna silvestre, está cubierto de tifa (Typha dominguensis), una planta invasora altamente inflamable capaz de arder sobre el agua.
“En la época seca, por lo general, es cuando esta planta crece muchísimo. Fue en el peor momento para se diera esto (el incendio). El problema es que cuando se quema un ambiente, más bien propicia que el próximo año haya más posibilidades de que se vuelva a quemar”, añadió Vargas.
“El fuego lo que hace es eliminar todas las plantas que compiten con la tifa y como la tifa tiene un crecimiento más rápido, va a hacer que quede ese combustible prácticamente listo para quemarse nuevamente”, continuó.
A criterio del especialista, ahora se deberá reforzar el manejo de la propagación de la planta invasora. No obstante, las condiciones son adversas: Guanacaste atraviesa un año particularmente seco y, debido al fenómeno metereológico de El Niño, las precipitaciones podrían disminuir cerca de un 50%.
“El humedal va a comenzar a llenarse con la época lluviosa y esperamos que tenga la capacidad de agarrar bastante agua, pero cuando el fuego arrasa con otras especies que no son la tifa, ahí viene el gran problema. La tifa va a venir a colonizar esas nuevas áreas y entonces los espejos de agua ya no se ven”, agregó.
Por lo pronto, diversas instituciones públicas y organizaciones privadas continúan tratando de liquidar el fuego. Aunque la propagación ya fue controlada, los equipos deben verificar que no queden brasas activas ni troncos encendidos.
Estas labores podrían prolongarse por dos o tres semanas más, según explicó Manrique Montes Obando, administrador del parque nacional, a La Nación.
“En el sistema de humedales es mucho más difícil porque el área quemada contiene una capa gigantesca de materia orgánica y el fuego pasa superficialmente. Las rondas que tenemos que hacer tienen que quedar a suelo mineral, con la finalidad de que no se pase al otro lado”, mencionó.
Restauración será compleja y longeva
Si bien las autoridades aún no han contabilizado cuántas especies de flora y fauna se vieron afectadas, las estimaciones preliminares apuntan a la muerte de decenas de tortugas, caracoles, garrobos, cocodrilos y zaínos.
“Algunas especies totalmente asociadas a ambientes acuáticos o que dependen del agua estaban en ese lugar y perecieron (...). Como es una cadena trófica, tiene un efecto rebote negativo para los depredadores”, añadió el administrador del parque.
Afortunadamente, los bomberos forestales y del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) lograron proteger alrededor de 1.500 hectáreas en los humedales; empero, la recuperación del ecosistema será lenta.
Según Montes, se espera que los animales sobrevivientes repueblen las áreas afectadas en un proceso que podría tardar entre cinco y seis años.
Ante este panorama, la administración retomará el manejo de la tifa mediante rondas de fangueo, una técnica que utiliza chapulines con ruedas metálicas adaptadas para abrir espejos de agua libres de vegetación acuática y flotante.
Durante este proceso también se conservan algunos parches de la planta invasora para no intervenir por completo los hábitats utilizados por ciertas especies para anidar.
Sin embargo, esta estrategia implica costos elevados: para fanguear una sola hectárea se requieren ¢80.000.
De acuerdo con el funcionario, este incendio forestal podría tratarse del más grande en la historia del parque nacional. El antecedente más reciente ocurrió en 2023, cuando se quemaron alrededor de 2.000 hectáreas en el mismo sector.
El Parque Nacional Palo Verde recibe alrededor de 8.000 personas al año, en su mayoría costarricenses
Los gastos asociados al control del incendio serán calculados en las próximas semanas, según indicó Montes.
En lo que va del 2026 se han registrado más de 200 incendios forestales en Costa Rica; el 68% de ellos en Guanacaste.
En el 2025 se registraron solo 67 de estos siniestros en todo el país.
