
En apenas dos meses, Cartago contabiliza 18 homicidios, el doble de los registrados en el mismo periodo del 2025. La cifra alarma, por la violencia que golpea al cantón central, Oreamuno y Paraíso y porque muchos de estos sucesos son derivados de las disputas entre grupos delincuenciales.
Para comprender el derramamiento de sangre en la provincia, es necesario desmenuzar quiénes son sus actores. Según fuentes judiciales vinculadas con las investigaciones de los homicidios registrados durante las últimas semanas, la zona vive una pugna entre la “vieja guardia” y una coalición que desea apoderarse de las plazas para las ventas de droga.
En esa vieja guardia opera Los Marujas, la banda más antigua de Cartago, dirigida por dos hermanos de apellido Sánchez, uno de ellos preso y el otro en libertad. El bastión de la estructura criminal abarca Oreamuno, toda la zona de los Diques, Llanos de Santa Lucía y Orosi.
Este grupo vela por sus territorios que son amenazados por la invasión de “la alianza”, un bloque igualmente violento que se compone de tres grupos.
El primero es el de un sujeto de apellido Campos, conocido como Gordo Julio, quien controla el proyecto Manuel de Jesús Jiménez, en Paraíso, parte de Quircot, Coope Rosales y el centro de Cartago. A pesar de que les han derribado sus búnkeres “una y otra vez”, mantienen su operación.
Otros actores, de acuerdo con la Policía Judicial, son Los Gery, originarios de Tres Ríos, quienes apoyan a alias Gordo Julio con una doble intención. Según la fuente judicial, “quieren apropiarse de los espacios de los Maruja y, como los Maruja no se dejan, entonces también quieren apropiarse del espacio en asocio con Gordo Julio”. Una fuente policial consultada para este artículo sostiene que Jeffrey Araya, alias “Sayayín”, asesinado el lunes 9 de febrero en el gimnasio Vita Fuerte, era el presunto vínculo de Los Gery en la zona.
Y la tercera organización es conocida como los Chacales, un grupo local aliado a la causa.
Según detalló Michael Soto, director interino del Organismo de Investigación Judicial en una publicación reciente de La Nación, esta dinámica violenta se viene agudizando desde noviembre del año pasado, hasta escalar a una secuencia de venganzas automáticas. “Matan uno de un lado y luego viene la reacción y matan del otro lado”, detalló al explicar sobre el alza de casos entre enero y febrero.

Venganza en los Capuchinos
El doble crimen frente al Convento de los Padres Capuchinos, ocurrido el 11 de enero, tampoco fue al azar. Los fallecidos eran presuntos “cobradores” de los Maruja y, al parecer, fueron ejecutados en venganza porque el 31 de diciembre anterior, esa banda habría asesinado a un miembro de la organización del Gordo Julio, en el proyecto Manuel de Jesús.
Según confirmó Michael Soto en febrero pasado, no se trataría de hechos aislados, sino de esta reconfiguración del mapa criminal brumoso. Fue él el primero en mencionar la existencia de ese bloque opositor, con participación de los Chacales, los Gordos y los Gery, en pugna por el control territorial frente a la organización hegemónica de la zona: Los Marujas.
Al respecto, el abogado Luis Cubillo, representante de los líderes de los Gery, rechazó las acusaciones del OIJ contra sus representados. “Mis clientes me han manifestado desconocer de dónde el OIJ está atribuyéndole participación; ellos son de Tres Ríos y no tienen absolutamente ninguna relación con lo que sucede en Cartago”, afirmó, indicando que uno de ellos cumple condena y el otro no tiene antecedentes.
El litigante enfatizó que “ni siquiera tienen participación en ningún grupo”.
Esta escalada se tradujo en un reforzamiento de la presencia policial en los tres cantones más golpeados.
