
Un sujeto de apellidos Ramírez Calvo, de 57 años y dueño de al menos seis panaderías en Santa Ana y Cartago, es el único sospechoso de asesinar a la joven nicaragüense Junieysis Merlo Espinoza, madre de sus gemelas, quien llevaba desaparecida desde el 31 de marzo en Costa Rica.
Ramírez fue detenido en Cartago el miércoles, horas antes de que se descubrieran los restos de Junieysis en una fosa en el condominio Los Pericos, en Salitral de Santa Ana, al lado de una calle de lastre y a solo 500 metros de la casa en la que vivían ambos con las niñas, de cuatro años.
La víctima, 28 años menor que él, no tenía lesiones visibles, de acuerdo con el reporte del director a. i. del OIJ, Michael Soto, y su cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial poco antes de las 5 a. m.

El condominio donde se llevaron a cabo las diligencias policiales y donde vivía la pareja se ubica en una zona colmada de negocios y viviendas, pero también de área montañosa. Una amplia entrada de piedra y una calle cerrada por un portón guían hacia el interior de esta urbanización.
Adentro se ubican al menos nueve viviendas grandes, separadas entre sí por lotes baldíos. Es un condominio muy lujoso, en el que las propiedades vacías pueden llegar a costar $410.000 y una casa, de acuerdo con revisiones en sitios de bienes raíces, hasta casi cuatro millones de dólares.
Tres lotes en condominio
Ramírez no creció entre lujos. Su madre, una costurera, fue quien lo crió a él y a sus hermanos en el distrito de Juan Viñas, en Jiménez de Cartago. Un vecino suyo de la infancia, quien solicitó resguardar su identidad, recuerda que su apodo era “Pizote” y que sus primeros años transcurrieron dentro de una casa de tablas de madera, cuyas rendijas se cubrían con trozos de papel periódico para evitar que se viera hacia adentro.
Recuerda que Ramírez, desde niño, era “confrontativo, agresivo y problemático”. Así también habría sido su adolescencia. “Todo era pleito, era golpe, amenazaba, agredía, ponía apodos, le escupía a uno la cara”, dijo.
Con el tiempo, este hombre se convirtió en panadero y, en sus veintes, se trasladó a Santa Ana, donde abrió varios negocios de este tipo y también los estableció en Cartago.
Ramírez, además de las gemelas, es padre de dos adultos: un muchacho de 35 años y una mujer de 32. Con la madre de esta última permaneció casado durante 20 años y en 2020 se divorció. Con Junieysis nunca contrajo matrimonio.

En la propiedad en Santa Ana, donde vivía con la joven nicaragüense, cuidaba de varios caballos y era usual que saliera de madrugada para conseguir alimento. En sus redes sociales, además de compartir imágenes de sus hijas y mensajes religiosos, también mostraba a los animales.
Este sujeto reporta un ingreso mensual promedio de entre ¢160.000 y ¢565.000 y, a título personal, de acuerdo con el Registro Nacional de la Propiedad, solo tiene un furgón marca Kia, pequeño, valorado en $17.000.
Sin embargo, figura en la junta directiva de cinco sociedades anónimas distintas y es el representante legal de tres de ellas ante el Ministerio de Hacienda. A nombre de estas, aparecen cinco propiedades, tres de ellas dentro del condominio donde vivía con Junieysis y sus hijas, cuyos valores fiscales suman casi ¢50 millones.
En una sociedad denominada Inversiones Camuati figura como vicepresidente y es la única en la que coincide con la nicaraguense, quien aparece como secretaria. De acuerdo con el Registro Nacional, a nombre de esta sociedad se adquirió un “terreno de café”, con un valor fiscal de ¢2 millones y una extensión aproximada de 7.334 metros cuadrados dentro de Los Pericos.
En ese mismo residencial y colindando al sur con ese primer lote, a nombre de la sociedad Life Planet Project, en la que Ramírez aparece como tesorero, en esa misma plataforma gubernamental figura otro “terreno de cafetal”, de 7.033 metros cuadrados, valorado en ¢19,9 millones. Esta sociedad aparece morosa en Hacienda.

A nombre de Westiny Sociedad Anónima se ubica un último lote dentro de esa urbanización. Este se detalla también como “terreno de cafetal”, mide 9.678 metros cuadrados y su valor fiscal es de ¢74,9 millones. Otra propiedad en Osa, Puntarenas, se adquirió a través de esta sociedad y aparece como de uso exclusivo agrícola. Su costo es de ¢27,6 millones.
En Inmobiliaria ARH, Ramírez figura como vicepresidente y la sociedad es propietaria de un terreno con una casa en el centro de Santa Ana, de 1.729 metros cuadrados, con un valor fiscal de ¢520 millones.
A nombre de Inversiones GAS, donde aparece como fiscal, no figuran propiedades.
Ingreso de maquinaria
Silverio Domínguez, guarda de seguridad, permanecía la mañana de este jueves en la caseta del residencial, consternado por el fallecimiento de la joven y atendiendo consultas de los residentes, también conmovidos por lo que sucedió.
Domínguez relató que era usual que la pareja saliera en un vehículo que siempre conducía Ramírez; sin embargo, la joven nunca andaba sola.
En ese contexto, las sospechas de que algo había sucedido con la muchacha aumentaron cuando no se le vio más y comenzó a ingresar al residencial maquinaria para remover tierra a mediados de Semana Santa. “Nos tomó de sorpresa, porque no era usual. No es normal eso. Él tenía los lotes ahí, pero nunca había hecho movimiento de tierra”, dijo Domínguez.
La Policía Judicial explicó esta mañana que Ramírez había contratado esta maquinaria para hacer unas terrazas y le pidió a una persona, que no está involucrada con los hechos, que hiciera un hueco para sostener el caudal de agua. En esa fosa aparecieron los restos.

“Que se haga justicia”
La pareja se conoció hace al menos ocho años, dos años después de que Junieysis llegó a Costa Rica, de acuerdo con el padre de la joven, Maximiliano Merlo. El hombre relató que Ramírez era represivo con ella e incluso, en una ocasión, su hija pidió ayuda a la policía porque el hombre la estaba esperando afuera de la casa, presuntamente armado.
Por al menos dos años dejaron la relación, dijo el padre, y ella se fue a vivir a San Ramón con las niñas, aunque se turnaban el cuido por semana y él le daba una pensión; no obstante, con el tiempo, Ramírez comenzó a buscar a Junieysis de nuevo y le insistía en que regresara a la casa. Ella accedió.
Ariel Merlo, hermano de joven, habló tras el hallazgo del cuerpo y afirmó que la familia está devastada, pues la esperanza era encontrarla con vida. El muchacho indicó que él mismo insistió a su hermana en varias ocasiones que abandonara a su pareja y es por esto que también lamenta el desenlace.
El hermano trabajó un tiempo en el mismo condominio donde residía la nicaragüense y describió al sospechoso como una persona agresiva y con “actitudes horribles” hacia Junieysis. Las presuntas agresiones quedaron en registros oficiales, pues la joven acudió al Juzgado Contravencional de Santa Ana en marzo del 2025 para solicitar medidas de protección por presunta violencia, las cuales se extendieron durante un año.
Las gemelas, aunque estuvieron con Ramírez los primeros días después de la desaparición, quedaron bajo la responsabilidad del Patronato Nacional de la Infancia desde el 8 de abril, mientras se valoran los recursos familiares. La familia de la nicaragüense confirmó que iniciará las gestiones para obtener la custodia.
“Queremos que se haga justicia, que esa voz que fue callada siga alzándose en este país. Que las mujeres alcen su voz en nombre de mi hermana”, concluyó Ariel, el hermano de esta joven madre.
