
La principal hipótesis sobre los disparos que dañaron la fachada de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano, en San José, es que no se trató de un ataque dirigido contra la institución, sino un daño colateral.
Laura Rodríguez, directora de la Biblioteca, explicó a La Nación que, cuando el personal llegó al inmueble y observó los vidrios quebrados —ubicados en zonas altas— se alertó a la policía. Las autoridades confirmaron que existía un reporte previo de disparos alrededor de las 4 a. m. desde un automóvil.

Rodríguez presentó la denuncia formal ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), cuyos agentes realizaron inspecciones oculares y recolección de indicios en el sitio.
“Parece que no era contra la biblioteca, sino como que el carro iba disparando”, recalcó, al señalar que la hipótesis deberá confirmarse con la investigación.
El ministro de Cultura, Jorge Rodríguez Vives, ordenó interponer la denuncia y coordinar con las autoridades para esclarecer lo ocurrido, mientras el inmueble —ubicado frente al Parque Nacional, en San José— permanece bajo resguardo.
La biblioteca cuenta con cámaras de seguridad, cuyas grabaciones ya fueron entregadas al OIJ y los investigadores también revisarán cámaras cercanas como parte del procedimiento.

En cuanto a los daños, se reportan cuatro o cinco vidrios afectados, sin impacto en colecciones, vitrinas ni patrimonio documental. El área comprometida no alberga acervos.
Sobre la reparación, Rodríguez explicó que el caso fue informado a su jefatura y que el trámite quedará en manos del Ministerio de Cultura y Juventud, del cual la Biblioteca forma parte a través del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinabi). Aún no hay estimación de costos.

