Araya explicó que la repatriación se concretó después de gestiones de la familia ante autoridades costarricenses y estadounidenses. Según indicó, Estados Unidos asumió la responsabilidad y los costos de la repatriación, tras la intervención del consulado y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.
Marchena murió el 18 de setiembre mientras permanecía bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en un centro de detención de Luisiana.
El costarricense permanecía bajo custodia migratoria desde el 14 de enero. Durante cerca de nueve meses estuvo en centros de detención de Michigan, California y Luisiana, de acuerdo con el relato de su hermana.
Horas antes de su muerte, Marchena manifestó que sentía dolor en el pecho durante una comunicación con una amiga de la familia. Según la información que posteriormente recibió su hermana, la molestia disminuyó y el costarricense se fue a dormir.
La familia también señaló que Marchena tenía diabetes y requería medicamentos y una alimentación adecuada. Araya sostuvo que durante parte de su detención su hermano enfrentó dificultades para recibir a tiempo el tratamiento y los alimentos que necesitaba.
Según la hermana, la situación se complicó después de un altercado con otro detenido en Michigan. Marchena le contó que permaneció cerca de una semana en una celda de aislamiento y que durante ese periodo hubo días en los cuales no recibió a tiempo medicamentos ni comida.
Antes del fallecimiento, la familia intentó acelerar su regreso a Costa Rica. Sus allegados destinaron alrededor de $15.000 a asesoría legal, según Araya, pero una solicitud de fianza no prosperó.
Marchena trabajó como chofer en Estados Unidos. Era padre de dos niñas. Creció en Limón, vivió en Guanacaste y posteriormente se trasladó a Estados Unidos.