Katherine Chaves R.. 14 enero
Agentes judiciales buscaban el cuerpo dentro de una fosa, luego de que un perro diera positivo para rastros humanos. Foto: Rafael Pacheco
Agentes judiciales buscaban el cuerpo dentro de una fosa, luego de que un perro diera positivo para rastros humanos. Foto: Rafael Pacheco

Desde tempranas horas de la mañana de este martes, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) busca el cuerpo de una anciana, de unos 85 años, en una fosa cubierta de cemento, encontrada en la ciudadela La Carpio, en La Uruca.

El hoyo está en uno de los cuartos de la casa, propiedad de la adulta mayor, a quien se conoce como Vilma. Dicha vivienda esta muy cerca de la primera parada de esa zona.

Uno de los inquilinos de Vilma, quien prefirió no identificarse, contó que la señora se encuentra desaparecida desde el 23 de diciembre, por lo que el 10 de enero dio aviso a las autoridades.

Después de ese día, detalló, el esposo de la anciana, quien es unos 35 años menor que ella, se fue del sitio y “no hemos sabido nada más de él”, mencionó el arrendatario. El nombre del compañero de la señora tampoco trascendió.

Según el OIJ, ante la sospecha de que el cuerpo haya sido enterrado en esa casa, la mantuvieron bajo custodia de la Fuerza Pública, mientras obtenían la autorización de un juez para ingresar a la propiedad.

Cuando los agentes entraron este martes, un perro rastreador dio positivo para rastros humanos, por lo que investigadores de Inspecciones Oculares y de Recolección de Indicios llegaron al sitio.

Hasta esta tarde, la oficina de prensa de la Policía Judicial no ha confirmado el hallazgo del cuerpo.

Los vecinos de La Carpio se mostraron consternados ante el eventual hallazgo del cuerpo de la anciana. Foto: Rafael Pacheco
Los vecinos de La Carpio se mostraron consternados ante el eventual hallazgo del cuerpo de la anciana. Foto: Rafael Pacheco
Inquilino: ‘El esposo la maltrataba; era una relación complicada’

Un hombre, quien prefirió no ser identificado por temor a represalias, contó que doña Vilma alquilaba cuartos de su vivienda. Él se mudó ahí hace año y medio, detalló.

Desde ese momento, dijo, percibió que la relación que tenía la anciana con su esposo era “tóxica”.

“Sé que ellos tenían cerca de seis años de matrimonio, pero él la maltrataba; era una relación complicada. Nunca vi que le pegara, pero él le gritaba y la trataba muy mal, era muy grosero”, recordó.

Otros vecinos contaron que ellos se casaron porque el hombre necesitaba legalizar su situación en el país, puesto que él es de nicaragüense.

El inquilino, por su parte, dijo no conocer nada sobre eso.

Sobre lo que sí sabe, es lo que ocurrió unos diez días antes de que ella desapareciera.

Según contó, cerca del 13 de diciembre él ingresó a la propiedad y observó que, en uno de los cuartos, varios muchachos de La Carpio estaban haciendo un hoyo, de unos tres metros de profundidad.

“Apenas vi eso, pregunté que para qué era, me parecía muy raro. Intenté preguntarle a la señora, pero cuando quise hacerlo el esposo salió y no me dejó hablar con ella. Siempre era así, no la dejaba hacer nada y la única vez que pudimos hablar, ella me dijo que le tenía miedo a él, aunque insistía en que ella podía dominarlo.

“Pero ese día del hueco, el esposo me hizo gestos como de que no preguntara de más y yo me fui”, apuntó.

La sorpresa fue el 24 de diciembre, cuando el inquilino salió de su cuarto y notó la ausencia de la señora. Al preguntarle al marido por ella, la respuesta que recibió fue: “Ella se fue, dijo que quería irse de aquí y se fue”.

El arrendatario señaló que no le creyó al hombre, “pero le hice creer que sí le había creído para poder investigar por aparte qué había pasado en realidad”.

Los días pasaban y doña Vilma no regresaba a la vivienda. Relató que intentó ponerse en contacto con los hijos de la anciana, pero, como ellos “nunca” la visitaban, fue difícil localizarlos.

“Un día pude dar con una nieta de ella y ahí pude hablar con ellos y contarles que supuestamente la señora se había ido, así que me avisaran si les tenía que entregar el cuarto.

"También les conté que el esposo quería vender la casa y que me había pedido medirle la propiedad”, dijo. Unos vecinos detallaron que él la estaba ofreciendo en ¢30 millones.

Pero, en paralelo, el 10 de enero, el inquilino fue a dar aviso a las autoridades para que investigaran la desaparición.

Fue justo desde ese mismo día, que la Policía visitó la casa, que se desconoce del paradero del esposo de la mujer.

“Él nunca volvió, no se sabe nada de él y fue muy raro que se fuera así, sin dejar nada de rastro”, apuntó el arrendatario.

Agregó: "Me siento muy triste de pensar que le haya hecho algo a la señora, ella era muy especial. Siento que el final de esta historia va a ser muy triste porque, probablemente, sí la encuentren en esa fosa.

“Pero nada más me gustaría que esto sea todo una falsa alarma”.