Cubierto de barro, exhausto y oculto en medio de una bananera, así fue detenido la madrugada de este martes un hombre señalado por las autoridades como el presunto cabecilla de una banda dedicada a la extorsión de comercios en distrito de Batán, cantón de Matina, en Limón.
La escena quedó registrada en una imagen exclusiva de este diario que resume momentos de tensión policial en una zona compleja para la acción operativa en el Caribe costarricense.
El sospechoso, de apellidos Jiménez y conocido con el alias de “La”, iba a ser detenido en su vivienda durante los allanamientos ejecutados por agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de la Subdelegación Regional de Batán.

Este martes, al percatarse de la presencia policial, Jiménez huyó del inmueble y se internó en la oscuridad de una plantación bananera cercana en un intento por evadir la captura.
Pese a la complejidad del terreno, los oficiales lograron ubicarlo y detenerlo.
Guillermo Valenciano, subdirector de la Fuerza Pública, explicó que el sitio representa un desafío permanente para los cuerpos policiales.
“Es una zona compleja: hay bananeras, áreas montañosas y mucho territorio que facilita la fuga. Eso obliga a una planificación más amplia y detallada de los operativos”, señaló.
Jiménez figura entre los cinco hombres detenidos este 6 de enero como sospechosos de integrar un grupo que habría exigido pagos ilegales —conocidos como “tributos”— a comerciantes de comunidades de Matina, bajo amenazas y el uso de armas de fuego.
Según la investigación, a las víctimas se les exigían sumas millonarias a cambio de no atacar sus negocios.
Las autoridades revelaron que esta banda ya había sido desarticulada durante el 2025 por asaltos a locales comerciales.
Asaltos a comercios y continuidad extorsiva
Tras quedar detenidos en aquel momento, los integrantes habrían cambiado su método criminal: comenzaron a extorsionar a los comercios mediante intermediarios civiles que no formaban parte directa de la estructura original, a quienes enviaban a transmitir las amenazas.
De acuerdo con el OIJ, el grupo amplió sus acciones incluso a negocios que nunca habían sido asaltados, a los que también exigían pagos ilegales bajo advertencias de represalias armadas.
Esa dinámica permitió que la organización se mantuviera activa y generando ingresos ilícitos hasta su nueva desarticulación.
Durante los allanamientos en Cuba Creek, Carrandí y otras comunidades de Matina, las autoridades decomisaron armas de fuego y droga, evidencia que ahora será clave en el proceso judicial contra los detenidos.
